Comenzó como comienzan tantas historias: con un hombre y una mujer que se cruzan en un bar. La ciudad era Taipéi y el hombre era Jensen Huang, CEO de Nvidia y concebiblemente uno de los nombres más importantes del paisaje de la IA. La mujer era Alice Huang, una joven y hermosa empresaria china que, apenas unas cuantas semanas después del encuentro se lanzó en una campaña milmillonaria para chips de la compañía.
Si se creen las recientes revelaciones de The New York Times, Alice Huang fue identificada por varias agencias de EE. UU. como presunta informante de Beijing. El vínculo estrecho de la mujer con Jensen Huang generó serias alarmas en Washington respecto a la seguridad de la tecnología avanzada de inteligencia artificial.
¿Qué tan serias? Bueno, los suficiente como para que los organismos de inteligencia de EE. UU. informaran al presidente. Este, sin embargo, optó por no tomar acciones, según se dice para evitar daños económicos. Nvidia ha negado categóricamente cualquier irregularidad o contrabando, pero las pesquisas continúan.
El rol de Megaspeed
El caso de espionaje tiene en el centro a Megaspeed International, una empresa de centros de datos e inteligencia artificial con sede en Singapur, que operaba como un intermediario que compraba equipos informáticos con procesadores de Nvidia para arrendar capacidad de cómputo a grandes empresas chinas como Alibaba. Alice Huang es una alta ejecutiva de esa firma.
Las agencias de inteligencia y el Departamento de Comercio de EE. UU. sospechaban que Megaspeed estaba utilizando su red de contactos para ayudar a empresas chinas a eludir las restricciones de exportación e incluso desviar o contrabandear hardware físico de Nvidia hacia China. Registros comerciales indican que la empresa hermana de Megaspeed en Malasia adquirió al menos 4,800 millones de dólares en equipos avanzados de inteligencia artificial con tecnología de Nvidia entre junio de 2024 y febrero de 2026. En una inspección en Malasia a finales de 2024, funcionarios estadounidenses hallaron los equipos de Nvidia aún dentro de sus cajas, lo que levantó sospechas de que el hardware no se estaba instalando en el sitio, sino que se reexportaba.
La alerta en Washington aumentó al descubrirse mediante vigilancia que Alice Huang mantenía una “relación cercana” con Jensen Huang, CEO de Nvidia. The Guardian publicó varias fotos en las que los dos aparecen, en distintos grados de proximidad, en ciudades como Taipei y Hong Kong.
Esto generó preocupación de que información estratégica sobre la compañía, la tecnología de sus procesadores o las políticas estadounidenses de exportación pudiera estar llegando a Beijing.
El caso pasó del Departamento de Comercio al Departamento de Justicia de EE. UU., además de una investigación paralela por parte de las autoridades de Singapur. Por su parte, Nvidia y Jensen Huang declararon que Megaspeed era un cliente regional ordinario que solo recibía información comercial habitual, y aseguraron haber auditado el despliegue de sus GPU sin encontrar pruebas de violaciones a la ley.
Trump: Dejemos así
La decisión de la administración de Donald Trump de no tomar medidas tras ser informada sobre el reporte de inteligencia estuvo fundamentada principalmente en factores económicos, comerciales y de diplomacia bilateral. Según reportó The New York Times, existía el temor de que una intervención o una restricción más severa pudiera perjudicar las ventas de procesadores de Nvidia en China. Las autoridades consideraban que el éxito comercial de la compañía era un motor clave para el crecimiento económico y el desempeño del mercado bursátil estadounidense.
Los informes señalan que la relación directa y cercana entre Jensen Huang y el presidente Trump complicó las iniciativas de algunos funcionarios gubernamentales que promovían medidas o sanciones comerciales más restrictivas. Huang había abogado de manera constante por flexibilizar los controles de exportación para conservar la presencia en el mercado chino.
Un portavoz de Nvidia dijo a Quartz que las interacciones de Huang (él) con Huang (ella) “no fueron inusuales ni inesperadas”, y que reunirse con clientes forma parte de su trabajo. Pero la inquietud entre los organismos de inteligencia tiene su origen en la cercanía de una mujer atractiva y con nexos con Beijing con una figura que, a su vez, goza de cercanía con el presidente de EE. UU.
El episodio pone, además, en una luz diferente los ‘logros’ de Jensen Huang, que ha hecho lobby con éxito para flexibilizar las normas sobre IA y aliviar los límites en las ventas de chips a China. El Times también recordó que Nvidia donó al menos 20 millones de dólares al fondo de Trump para la construcción de su gran salón, y Huang se sentó, apenas el mes pasado, en la mesa principal en la cena de Estado que la Casa Blanca ofreció para Xi Jinping.
Foto: Xataka México con Gemini AI
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