En 1997, cubrieron un terreno estéril de Costa Rica con 12,000 toneladas de cáscaras de naranja. 16 años después, el paisaje era irreconocible

En tan solo seis meses, aquellas montañas de cáscaras se convirtieron en tierra negra y fértil

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

2033 publicaciones de Ismael Garcia Delgado

Hace tres décadas, tirar miles de toneladas de desechos de naranja en un terreno estéril parecía la fórmula perfecta para un desastre ecológico. Sin embargo, cuando los científicos regresaron años más tarde, el verdadero reto no fue analizar el experimento, sino encontrar el lugar. El paisaje se transformó de tal forma que el letrero que marcaba la zona quedó sepultado bajo un gran bosque.

La empresa de jugos Del Oro donaría una parte de sus terrenos al parque nacional y, a cambio, se le permitiría depositar las cáscaras y la pulpa sobrantes de sus naranjas sobre una antigua zona de pastizales degradados, incapaz de regenerarse por cuenta propia. De este modo, durante apenas un año, cerca de 1,000 camiones descargaron unas 12,000 toneladas de residuos sobre tres hectáreas de suelo.

Todo se remonta al año 1997, cuando los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs propusieron dicho acuerdo con el Área de Conservación Guanacaste, Costa Rica. Pero apenas se puso en marcha, una compañía competidora, TicoFruit, denunció que aquellas montañas de desechos contaminaban el parque nacional.

El caso se llevó ante la Suprema Corte de Costa Rica y la justicia falló a su favor, el experimento fue cancelado y el lugar quedó en el abandono. De hecho, durante quince años nadie volvió a estudiar seriamente ese terreno, el cual se convirtió para muchos en el ejemplo perfecto de lo que nunca debía hacerse.

Todo cambió cuando el investigador Timothy Treuer decidió regresar en el año 2013 para ver qué había pasado con aquel "desierto". Se topó con una sorpresa monumental. La zona era tan diferente que le costó trabajo localizarla, ya que la vegetación había devorado incluso el enorme letrero amarillo que señalaba el experimento junto a la carretera.

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En pocas palabras, donde antes solo había tierra seca, rocas y suelo degradado, se erigió un bosque tan espeso que para avanzar era necesario abrirse paso entre lianas y maleza. Tras los pasos de Treuer llegaron más científicos. Las mediciones posteriores confirmaron que la transformación no era una simple ilusión óptica. El secreto estaba en la cáscara

Así, el suelo ahora se volvió rico en nutrientes, la diversidad de especies se disparó y la biomasa de los árboles aumentó un 176%. En tan solo seis meses, aquellas montañas de cáscaras se convirtieron en tierra negra y fértil. Se crearon las condiciones para que el bosque tropical recuperara un territorio estancado ecológicamente.

Lo cierto es que los propios investigadores admiten que aún no comprenden con exactitud qué mecanismo detonó una recuperación tan impresionante. Su principal hipótesis es que las cáscaras nutrieron un suelo extremadamente empobrecido y, al mismo tiempo, ahogaron a los pastos invasores que impedían el crecimiento de los árboles jóvenes.

Lo más seguro es que la combinación de ambos factores funcionara como un catalizador, puesto que bajo condiciones naturales, habría tardado décadas. Hoy en día, este caso es uno de los ejemplos más fascinantes de restauración ecológica con base en residuos agrícolas.

Además de resolver en parte el dilema de qué hacer con toneladas de basura orgánica, el nuevo bosque comenzó a capturar carbono, recuperar la biodiversidad local y devolverle la vida a un ecosistema degradado sin necesidad de costosas campañas de reforestación.

Los investigadores insisten en que esto no significa tirar basura sin control en áreas protegidas, sino diseñar experimentos bien controlados y planificados que transformen un desecho industrial en una oportunidad para restaurar la naturaleza.

Imagen | Princeton

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