Cada vez es más común ver en las escuelas a alumnos mirando pantallas en lugar del pizarrón. En Morelos, eso se terminó, al menos durante el horario escolar. El gobierno estatal publicó nuevos lineamientos que prohíben el uso de celulares y otros dispositivos electrónicos en escuelas de educación básica, con un argumento que va más allá de la disciplina: la salud.
Los lineamientos, publicados en el Periódico Oficial del estado, Tierra y Libertad, establecen que los estudiantes de primaria y secundaria no podrán usar celulares, tabletas, relojes inteligentes ni dispositivos similares durante las clases. El objetivo, según el documento, es garantizar “entornos escolares seguros, saludables y propicios para el desarrollo integral”.
La medida no es absoluta. Habrá excepciones: emergencias, actividades académicas autorizadas por docentes, necesidades por discapacidad o casos específicos donde el uso sea justificado. Sin embargo, fuera de estos supuestos, incluso introducir el celular a la escuela queda bajo responsabilidad del alumno.
El problema no es solo la distracción
Aunque la narrativa pública suele centrarse en la falta de atención en clase, el gobierno de Morelos construyó su argumento con base en salud física y mental. De acuerdo con el propio Periódico Oficial, el uso excesivo de pantallas está vinculado con fatiga visual, visión borrosa, sequedad ocular y alteraciones en el sueño de niñas, niños y adolescentes.
El diagnóstico local también es preocupante: cuatro de cada diez estudiantes presentan problemas de agudeza visual, un dato que las autoridades relacionan con el uso prolongado de dispositivos electrónicos.
Pero hay más. Los lineamientos citan estudios de la Unesco que advierten que el uso desmedido de celulares puede afectar el desarrollo cognitivo, dificultar la socialización y limitar la capacidad de resolver problemas desde edades tempranas. Además, se señala que el exceso de pantallas impacta en la concentración, la atención y las interacciones sociales, además de propiciar sedentarismo y obesidad.
La evidencia científica no es tan simple
El debate, sin embargo, está lejos de estar cerrado. Investigaciones recientes muestran resultados mixtos sobre los beneficios de prohibir celulares en escuelas. Un estudio del National Bureau of Economic Research encontró que la prohibición de celulares en escuelas de Florida se asoció con mejoras en calificaciones y una reducción de ausencias, aunque estos efectos aparecieron tras un periodo de ajuste. También se registró una disminución de incidentes disciplinarios con el tiempo, lo que sugiere que los cambios no son inmediatos, pero sí medibles.
Sin embargo, no toda la evidencia apunta en la misma dirección. Un análisis publicado en The Lancet Regional Health Europe encontró que restringir el uso de teléfonos en escuelas no tuvo efectos significativos en bienestar mental, sueño o rendimiento académico en estudiantes, en parte porque el tiempo de pantalla total no disminuye, sino que se traslada fuera del aula.
Lo que sí parece claro es que el problema no se limita a lo que ocurre dentro de la escuela. El propio estudio citado advierte que reducir el uso de celulares solo durante clases no cambia el consumo total de pantallas. Aun así, gobiernos de todo el mundo avanzan en esta dirección. Según datos retomados en los lineamientos de Morelos, decenas de países ya han implementado restricciones similares en sus sistemas educativos.
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