La ciencia ficción y la inteligencia artificial parecen estar entrelazadas hoy más que nunca. En medio de la fiebre por el desarrollo de esta tecnología, múltiples narrativas de películas, series y hasta videojuegos se apoyan en la idea de cómo será nuestro futuro en medio de máquinas con raciocinio propio. Hace 162 años, un granjero predijo los peligros de la IA.
Sabemos que la ficción ha tanteado el terreno de la IA desde hace décadas. En la literatura con Phillip K. Dick o en el cine con la propia Terminator. Pero antes de que pudiéramos disfrutar de estas emblemáticas historias del género, un granjero de ovejas neozelandés pronosticó lo que sería la evolución de la tecnología. Podemos decir que gracias a él tenemos el sci-fi moderno.
Recién se abolía la esclavitud en Estados Unidos, Europa aún mantenía colonias en el continente africano y el telégrafo era el internet de la época. Bajo este contexto, Samuel Butler desarrolló el primer texto sobre el miedo al apresurado desarrollo tecnológico. Fue, a grandes rasgos, la primera pizca de cómo las máquinas pueden ser una maldición para la humanidad.
Titulado Darwin entre las Máquinas este manuscrito planteó, de buenas a primeras, que así como los humanos utilizamos a perros y caballos para nuestro beneficio, las máquinas serían el siguiente paso. Es decir, servirían como fuente de apoyo para trabajos pesados, pero con el pasar del tiempo su uso les otorgaría ciertos beneficios. Lo llamó "vida mecánica".
Película: M3GAN.
Ahora bien, la conexión con Charles Darwin no fue solo por que sí. Según explicó Butler, así como el científico apuntó que algunos animales vertebrados redujeron su tamaño para adaptarse, los humanos repetiríamos este patrón con artículos que utilizaríamos en el día a día. Para ejemplo puso el reloj. Pasó de ser una enorme herramienta en el siglo XIII, mientras que hoy por hoy lo cargamos en la muñeca.
A su vez, puso de facto ideas como la autorreproducción, la conciencia o la falta de control sobre nuestras capacidades. De esta manera, los primeros bagajes de la inteligencia artificial hicieron eco décadas después con el trabajo de Isaac Asimov. Es más, podemos hacer mención de la saga Matrix y su representación del dominio de las máquinas sobre el ser humano y éste en su intento de combatirlas.
"Nosotros mismos estamos creando a nuestros propios sucesores; día a día aumentamos la belleza y la delicadeza de su organización física; día a día les otorgamos mayor poder y les proporcionamos, mediante todo tipo de ingeniosos artilugios, ese poder autorregulador y autoactivo que será para ellos lo que el intelecto ha sido para la raza humana. Con el paso de los siglos, nos encontraremos como la raza inferior".
Película: The Matrix.
Resulta curioso entonces cómo más de 70 años antes de que se creara la primera computadora, alguien ya sabía lo que vendría. A través de la teoría, acertó en ciertos aspectos que influenciaron en la ciencia ficción. Que de hecho, ésta consecuentemente impulsó el desarrollo tecnológico a su imagen y semejanza. Para ello podemos poner de ejemplo a Volver al Futuro II y las pantallas planas.
Eso sí, a pesar de que el planteamiento pudiera sentirse como catastrófico, apocalíptico o pesimista, no pierde razón de ser. Butler también desarrolló la máxima de que la dependencia a las máquinas harían que las mismas nos dominen. Ahora que si bajamos dicha sentencia a nuestra actualidad, si bien no estamos a merced de robots humanoides, sí que dependemos de nuestro teléfono celular para muchas cosas.
"Sin embargo, día a día, las máquinas nos ganan terreno; día a día nos volvemos más sumisos a ellas; cada vez más hombres se ven obligados a servirlas como esclavos, más hombres dedican diariamente las energías de toda su vida al desarrollo de la vida mecánica. El resultado es simplemente cuestión de tiempo, pero que llegará el día en que las máquinas ostenten la supremacía real sobre el mundo y sus habitantes".
Película: Terminator 2.
El texto recibió múltiples críticas. No obstante, el ruido provocado llevó al propio Butler a crear una novela en la que extendió sus predicciones. Bajo el título Erewhon, hasta 1972 vio la luz la publicación en la que el autor sentó una distopía en la que la humanidad tuvo que destruir toda la tecnología creada a lo largo de 300 años para asegurar su supervivencia.
Funcionó como ficción, pero fue una forma de expresar su genuina preocupación por un posible escenario en el que las máquinas adquirieran autoconsciencia. No es difícil suponer entonces que las historias de cine y televisión que vemos desde nuestras pantallas tengan ese punto de partida.
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