La industria cinematográfica mexicana está a punto de entrar en una nueva etapa. La Cámara de Diputados aprobó una nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual que sustituye a la legislación vigente desde 1992, con el objetivo de adaptar el marco legal a la era digital y fortalecer la presencia del cine nacional tanto en salas como en plataformas.
El dictamen, publicado en la Gaceta Parlamentaria, establece que la nueva normativa busca fomentar, regular y promover toda la cadena de valor del cine y el audiovisual, desde la producción hasta la exhibición y preservación de las obras. Después de más de tres décadas sin cambios estructurales, el Congreso reconoció que el modelo actual quedó rebasado por la transformación tecnológica. Hoy, el cine no solo vive en salas, sino también en plataformas digitales, series y nuevos formatos.
En ese contexto, la nueva legislación plantea una regulación integral del sector audiovisual, con un enfoque que lo reconoce no solo como industria, sino como un derecho cultural. Según el dictamen, las obras cinematográficas y audiovisuales son vehículos de expresión artística, social y educativa, además de productos culturales y económicos. La iniciativa, impulsada por el Ejecutivo federal, también busca garantizar el acceso de todas las personas a estos contenidos y preservar el patrimonio audiovisual nacional.
Más cine mexicano en salas (y por más tiempo)
Uno de los cambios más relevantes es la cuota obligatoria de exhibición. La nueva ley establece que al menos el 10% del tiempo en pantalla en salas deberá destinarse a producciones nacionales. Además, cada película mexicana deberá permanecer en cartelera un mínimo de 14 días, el doble del tiempo actual.
Esto implica que, por cada 100 funciones en un cine, al menos 10 deberán ser de cine mexicano. También se contemplan condiciones de equidad en horarios frente a producciones extranjeras, un reclamo histórico de la industria. La medida responde a un problema estructural, pues, aunque México es uno de los países con más pantallas de cine en el mundo, apenas alrededor del cuatro por ciento de los boletos vendidos corresponden a producciones nacionales.
Plataformas digitales también entran en la regulación
La ley no se limita a las salas. Uno de sus ejes clave es incluir a las plataformas digitales dentro del ecosistema regulado. Estas deberán contar con secciones visibles y permanentes dedicadas a contenido mexicano, con el fin de garantizar su presencia en el entorno digital.
Además, se prevé la revisión periódica de la cartelera en cines para ajustar la exhibición de producciones nacionales, una medida que busca evitar que queden relegadas a horarios poco atractivos. Este enfoque ya había sido adelantado desde febrero, cuando autoridades culturales señalaron la necesidad de asegurar espacios dignos para el cine mexicano tanto en salas como en streaming.
La legislación también incorpora incentivos fiscales de hasta el 30% del costo de producción, con el objetivo de atraer inversión, generar empleos y fortalecer las cadenas productivas del sector.
A esto se suman medidas de inclusión, como accesibilidad para personas con discapacidad mediante subtitulaje y audiodescripción, así como apoyos específicos para creadores indígenas y afromexicanos. En materia de preservación, se establece que una copia de cada película mexicana deberá ser resguardada, con el fin de proteger la memoria audiovisual del país.
Aprobación unánime, pero con dudas
El dictamen fue aprobado por unanimidad: 466 votos a favor en lo general y 462 en lo particular. Ahora pasará al Senado para su discusión final. Sin embargo, aunque hubo respaldo de todos los partidos, legisladores de oposición advirtieron sobre un punto clave; el presupuesto. Señalaron que, sin recursos suficientes, la ley podría quedarse en un conjunto de buenas intenciones.
También se plantearon dudas sobre la efectividad de obligar la exhibición de cine nacional sin fortalecer al mismo tiempo la producción, distribución y competitividad del sector. El reto ahora será su implementación. Si logra traducirse en más producción, mejor distribución y mayor acceso, podría cambiar el lugar del cine mexicano tanto en su propio país como en el mundo.
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