El blíster de tus medicamentos no es simple plástico: por esto algunas pastillas no deberían vivir en tu pastillero

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Sacar todas tus pastillas y meterlas en un pastillero no siempre es una buena idea.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Muchas veces hacemos una rutina que parece completamente inocente: llega el domingo, sacamos las pastillas de sus envases y llenamos el pastillero para toda la semana. Es práctico, ahorra tiempo y evita andar buscando cada caja todos los días. Pero hay un detalle que solemos pasar por alto: el blíster que acabamos de tirar a la basura también estaba haciendo un trabajo importante.

Ese plástico, aluminio y otros materiales no están ahí solamente para que la pastilla no se pierda dentro de la caja. El envase está diseñado para crear una barrera entre el medicamento y el ambiente, y sus características dependen de factores como la humedad, la luz y el oxígeno. Por eso, sacar una pastilla de su presentación original no siempre es una operación tan neutral como parece, según una farmacéutica.

El envase también protege al medicamento

Una pastilla puede parecer perfectamente estable dentro de su caja, pero eso no significa que vaya a comportarse igual una vez expuesta al ambiente. La humedad puede afectar algunas formulaciones sólidas, la luz puede degradar determinados principios activos y la temperatura también puede influir en la estabilidad del medicamento.

El riesgo cambia según las características de cada formulación y las condiciones a las que queda expuesta. Por eso existen diferentes materiales para fabricar los blísteres: algunos utilizan películas plásticas transparentes, mientras que otros incorporan estructuras con mejores propiedades de barrera frente a la humedad, la luz y otros elementos del ambiente.

En determinados productos también se utilizan sistemas basados en aluminio, precisamente porque ofrecen una protección mucho mayor frente a algunos de estos factores. 

El material y la estructura del envase no se eligen solamente por apariencia o comodidad, sino en función de lo que el medicamento necesita durante su almacenamiento. El objetivo no es que el medicamento tenga un envase bonito, sino mantenerlo en las condiciones para las que fue diseñado.

El color del blíster puede dar pistas, pero no es un código secreto

Aquí aparece una de las cosas que más llaman la atención cuando observamos distintos medicamentos: no todos los blísteres tienen el mismo aspecto. Algunos son completamente transparentes, otros tienen tonos amarillos o ámbar y algunos están cubiertos casi por completo con materiales metálicos.

Un material ámbar, por ejemplo, puede reducir la transmisión de determinadas longitudes de onda y resultar útil cuando un medicamento necesita mayor protección frente a la luz. Pero el color también puede utilizarse para diferenciar productos, concentraciones o presentaciones, así que no existe una regla universal en la que "amarillo" signifique automáticamente "sensible a la luz".

Tampoco basta con mirar el color para saber cuánto protege un determinado envase. Dos materiales que visualmente parecen iguales pueden tener propiedades ópticas distintas y, por tanto, ofrecer niveles diferentes de protección frente a la luz.

Por eso, el color puede ser una pista sobre cómo está construido el envase, pero no una instrucción de almacenamiento. Para saber si un medicamento debe protegerse de la luz, la humedad o alguna otra condición, la información importante está en el propio envase, el prospecto y las indicaciones del fabricante. 

¿Y qué pasa con los blísteres de aluminio?

Los que parecen completamente metálicos pueden dar la impresión de que estamos frente a un medicamento especialmente delicado. En realidad, puede ser justo al revés: el aluminio se utiliza precisamente porque funciona como una barrera muy eficaz frente a factores del ambiente.

En algunos sistemas, como los conocidos Alu-Alu, tanto la estructura que forma el compartimento como la que lo sella utilizan materiales basados en aluminio. Esto permite ofrecer una protección mucho mayor frente a la luz y la humedad que algunas estructuras plásticas convencionales.

Por eso sería un error pensar que "blíster de aluminio" significa automáticamente "medicamento más sensible". El punto es otro: el fabricante puede haber elegido esa presentación porque necesita una barrera especialmente eficaz para mantener estable el producto.

Y aquí es donde el pastillero empieza a importar. Si ese envase estaba proporcionando una protección concreta y lo reemplazamos por un recipiente mucho más simple, la pastilla ya no necesariamente está en las mismas condiciones en las que fue diseñada para conservarse.

El problema no es el pastillero, sino lo que le quitas al medicamento

Un pastillero puede ser muy útil para organizar las dosis de la semana y evitar olvidos. El problema aparece cuando asumimos que todos los medicamentos pueden salir de su envase original sin que pase nada.

Cuando una tableta permanece sellada dentro de su blíster, está protegida por el sistema de envase que el fabricante seleccionó para ese producto. Al sacarla, esa barrera desaparece y el medicamento queda expuesto a las condiciones del nuevo recipiente y del ambiente que lo rodea.

Para algunos productos, esa exposición durante unos días puede no representar un problema importante. Para otros, la humedad, la luz o el aire pueden ser relevantes, y el fabricante puede indicar expresamente que deben conservarse en su presentación original.

De hecho, las revisiones sobre medicamentos reenvasados han encontrado que existe información limitada para conocer la estabilidad de muchos productos cuando se trasladan a dispositivos organizadores de dosis. Por eso un pastillero no debería considerarse automáticamente equivalente al blíster de fábrica. 

Y también importa qué hay dentro

Aquí aparece otro detalle que suele mezclarse con el tema del envase: las características de la propia formulación. Algunas presentaciones están diseñadas para que el principio activo se libere de manera gradual o bajo determinadas condiciones, y modificar físicamente el medicamento puede cambiar ese funcionamiento.

Algunas utilizan siglas como XR, XL, MR, SR o LP para identificar formulaciones de liberación modificada o prolongada, aunque el significado exacto puede variar según el medicamento y el fabricante. Más que aprenderse las letras de memoria, conviene entenderlas como una señal de que puede existir algo especial en la forma en que se libera el principio activo.

Por eso triturar, masticar o partir determinados medicamentos puede hacer que una cantidad del principio activo se libere demasiado rápido. Dependiendo del fármaco, eso puede aumentar la concentración en sangre y elevar el riesgo de efectos adversos.

Pero incluso aquí hay un matiz importante: "liberación prolongada" no significa automáticamente que una cápsula nunca pueda abrirse. Algunas contienen gránulos con su propio recubrimiento y, para determinados medicamentos, puede estar permitido abrir la cápsula y administrar esos gránulos de una manera específica, siempre que no se trituren ni se mastiquen.

Por eso las siglas del envase sirven como señal para revisar las instrucciones, no como una autorización para decidir por nuestra cuenta qué hacer con el medicamento. 

Entonces, ¿puedo usar un pastillero?

La respuesta menos cómoda es también la correcta: depende del medicamento. Para algunos fármacos, retirar las dosis de su envase original durante unos días puede ser compatible con su estabilidad; para otros, la exposición al ambiente puede ser relevante y el fabricante puede pedir que permanezcan en su presentación original.

Por eso no conviene establecer una regla a partir del aspecto del blíster. Que sea transparente, amarillo o de aluminio no te dice por sí solo cómo debe conservarse el medicamento.

La indicación que manda es mucho más aburrida, pero también mucho más fiable: si el envase o el prospecto dice "conservar en el envase original", "proteger de la luz", "proteger de la humedad" o incluye una condición especial de almacenamiento, esa instrucción tiene prioridad.

Y si necesitas organizar tus dosis para varios días, la pregunta no debería ser solamente si la pastilla cabe en el pastillero. Primero hay que comprobar si ese medicamento puede permanecer fuera de su envase original durante el tiempo que pretendes guardarlo. 

El blíster que tiramos también era parte del medicamento

La próxima vez que saques una pastilla de su envase, quizá valga la pena verlo de otra manera. Ese plástico, aluminio y otros materiales que normalmente terminan en la basura estaban haciendo algo bastante importante: mantener el medicamento separado del ambiente hasta el momento en que debías tomarlo.

Eso no significa que todos los medicamentos tengan que permanecer en su blíster hasta el último segundo, ni que usar un pastillero sea necesariamente una mala idea. Significa algo más sencillo: el envase no está ahí únicamente para guardar la pastilla, sino para ayudar a conservarla en las condiciones previstas para esa formulación.

Así que, antes de llenar el pastillero para toda la semana, quizá la pregunta no debería ser solamente "¿cabe esta pastilla aquí?", sino una bastante más importante: "¿Este medicamento está diseñado para vivir fuera de su envase original?"

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