Dejar el alcohol para socializar mejor parecía una buena idea. El problema es que algunos lo están sustituyendo por medicamentos

No quieren beber, pero tampoco quieren sentirse incómodos en una fiesta.

Alcohol
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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Quizá te ha pasado: llegas a una fiesta, conoces a poca gente y, mientras todos parecen hablar como si fueran amigos de toda la vida, tú estás pensando demasiado en qué decir, cómo comportarte o si alguien está notando que estás nervioso. Para algunas personas, unas copas son la forma rápida de quitarse esa sensación, pero el alcohol puede hacer que se sientan más relajadas, menos pendientes de lo que ocurre a su alrededor y con mayor facilidad para hablar con los demás; pero ¿qué pasa si quieres dejar de beber y, aun así, quieres conseguir una sensación parecida?

Eso es lo que está ocurriendo con algunos jóvenes en Reino Unido, según la BBC. Algunos están recurriendo a medicamentos como pregabalina y propranolol para intentar reducir la ansiedad y sentirse más cómodos al salir, tener citas o convivir con otras personas. La idea puede parecer sencilla: dejar el alcohol sin renunciar a la sensación de seguridad que produce, y el problema es que estos medicamentos tienen usos médicos concretos y utilizarlos sin supervisión, cambiar las dosis o buscarlos por sus efectos puede traer otros riesgos.

Y aunque no hay datos para decir que esta tendencia ya llegó a México, los datos más recientes de nuestro país sí muestran algo que hace que valga la pena mirar de cerca la historia: el uso de medicamentos fuera de prescripción aumentó entre 2016 y 2025.

La idea parece sencilla: dejar el alcohol sin renunciar a sus efectos

Pero antes de seguir, hay que entender qué significa exactamente eso de "tomar pastillas para socializar". En este caso no existe una pastilla creada para sustituir al alcohol y lo que ocurre es que algunas personas están utilizando por su cuenta medicamentos que tienen otros usos médicos porque buscan reducir la ansiedad o algunas de las reacciones físicas que aparecen cuando están nerviosas.

Uno de ellos es la pregabalina, un medicamento que se utiliza para tratar determinadas formas de dolor, epilepsia y ansiedad. Actúa sobre la actividad del sistema nervioso y puede producir efectos como somnolencia o mareo. También puede generar dependencia en algunas personas. 

El otro es el propranolol, un betabloqueador que se utiliza para distintos problemas cardiovasculares y que también puede ayudar a reducir algunos síntomas físicos de la ansiedad, como el aumento de la frecuencia cardiaca, los temblores y la sudoración. 

La diferencia es importante: no funcionan de la misma manera ni producen exactamente la misma sensación. Por eso tampoco sería correcto hablar de ellos como si fueran simplemente “pastillas contra la ansiedad”. En el caso que investigó la BBC, algunos jóvenes los están utilizando fuera de la supervisión médica porque buscan precisamente esa sensación de mayor tranquilidad al enfrentarse a situaciones sociales.

La propuesta puede sonar atractiva. Si unas copas te ayudan a dejar de pensar tanto en lo que dices, ¿por qué no buscar algo que produzca una sensación parecida sin tener que beber?, pero ahí es donde comienza el problema.

Uno de los jóvenes entrevistados por la BBC, identificado como Matt, tiene 22 años y explicó que comenzó a buscar alternativas al alcohol porque beber le ayudaba a socializar, pero también le provocaba malestar. Terminó utilizando medicamentos que consigue ilegalmente para intentar relajarse y reducir la ansiedad que siente al convivir con otras personas.

Según su testimonio, la combinación le produce euforia y hace que le resulte más sencillo hablar con los demás, pero aquí aparece una diferencia importante: sentirse mejor después de tomar algo no significa que esa sustancia sea una alternativa segura.

Que sea un medicamento no significa que puedas utilizarlo como quieras

La pregabalina y el propranolol no son medicamentos diseñados para fiestas; tienen indicaciones médicas diferentes y su utilización depende de las condiciones de cada paciente. El problema aparece cuando alguien los consigue sin supervisión, modifica la dosis o los utiliza buscando un efecto diferente al terapéutico.

La BBC recoge las advertencias de especialistas sobre los riesgos de utilizar estos medicamentos de esa manera, incluida la posibilidad de desarrollar dependencia en determinados casos, y aquí aparece una trampa bastante fácil de entender.

Si una persona piensa que el alcohol es malo para ella y después encuentra un medicamento que le permite sentirse más cómoda sin la misma resaca, puede pensar que finalmente encontró una solución, pero quizá solamente cambió una sustancia por otra.

Antidepresivos

El problema puede empezar cuando sentimos que necesitamos tomar algo para socializar

La preocupación no está únicamente en los efectos del medicamento. La psicóloga Emily Jones, del King's College de Londres, plantea otra cuestión: ¿qué ocurre cuando una persona comienza a creer que solamente puede enfrentarse a una situación social después de consumir algo?

Al principio puede ser una fiesta; después, una cita; luego una presentación en el trabajo, una reunión familiar o incluso hablar con desconocidos y, poco a poco, la persona puede empezar a asociar dos cosas: situación social es igual a necesito tomar algo para poder manejarla.

Eso puede terminar funcionando como una especie de muleta psicológica. No necesariamente porque la persona quiera drogarse, sino porque comienza a sentir que sin esa ayuda no puede comportarse de la misma manera y ahí el problema ya no es solamente la sustancia, también es la relación que construimos con ella.

México tiene algunas señales que hacen que esta historia no nos resulte tan lejana

Aquí es donde los datos mexicanos cambian la conversación. La ENCODAT 2025, la medición nacional más reciente sobre consumo de sustancias y salud mental, encontró que el uso de cualquier droga médica fuera de prescripción alguna vez en la vida pasó de 1.3% en 2016 a 2.5% en 2025 entre la población de 12 a 65 años.

Entre los adultos, el aumento pasó de 1.4% a 2.8% durante el mismo periodo; también hubo cambios entre hombres y mujeres: entre las mujeres adultas pasó de 1.0% a 2.4%, mientras que entre los hombres aumentó de 1.9% a 3.2%.

Hay otro dato que vale la pena poner sobre la mesa. El uso de tranquilizantes alguna vez en la vida pasó de 0.9% a 1.1%, mientras que el consumo durante el último año se mantuvo en 0.3%, pero hay que hacer una aclaración importante: estos datos no demuestran que los mexicanos estén utilizando pregabalina o propranolol para salir de fiesta. 

La ENCODAT no mide específicamente ese comportamiento; lo que sí muestra es que el uso de medicamentos fuera de las indicaciones médicas existe y, en términos generales, aumentó durante ese periodo.

Y también hay datos sobre malestar psicológico

La ENCODAT 2025 incorporó por primera vez una sección específica de salud mental, así que sus resultados no pueden compararse directamente con los de 2016.

Aun así, ofrecen un dato interesante: 8.1% de la población de 12 a 65 años presentó malestar psicológico. Entre adolescentes de 12 a 17 años la cifra fue de 10%, mientras que entre adultos llegó a 7.8%.

Las mujeres presentaron mayores prevalencias que los hombres: 13.2% frente a 6.9% entre adolescentes y 10.2% frente a 5.1% entre adultos. Una vez más, esto no significa que quienes presentan malestar psicológico estén recurriendo a medicamentos para poder socializar, pero sí pone otra pieza sobre la mesa.

Tenemos personas que experimentan malestar psicológico y, al mismo tiempo, un aumento general en el uso de medicamentos fuera de prescripción. Eso hace relevante preguntarnos qué ocurre cuando alguien intenta resolver por su cuenta síntomas que quizá necesitan otro tipo de atención.

Pastillas 1

México tampoco está viviendo exactamente la misma historia que Reino Unido

Aquí conviene detenernos un momento. Sería muy fácil tomar la historia de la BBC y decir que los jóvenes están dejando el alcohol para empezar a consumir medicamentos. Los datos mexicanos no permiten afirmar eso.

De hecho, la ENCODAT muestra que algunos indicadores de consumo de alcohol disminuyeron. El 73.7% de la población de 12 a 65 años declaró haber consumido alcohol alguna vez en su vida y, entre adultos de 18 a 65 años, la cifra fue de 80.4%.

Sin embargo, el consumo durante el último año pasó de 49.1% en 2016 a 46.1% en 2025; también bajó el consumo excesivo durante el último año: de 33.6% a 29.2%. Especialmente entre adolescentes, la reducción fue todavía más marcada: pasó de 15.2% a 6.3%.

Así que la historia mexicana no es “dejamos el alcohol y ahora tomamos pastillas”. El cruce interesante es otro: mientras algunos indicadores de consumo de alcohol disminuyeron, el uso de medicamentos fuera de prescripción aumentó y eso no demuestra que ambas cosas estén relacionadas, pero sí plantea una pregunta que vale la pena seguir observando.

Las redes sociales pueden convertir una experiencia personal en una recomendación

Hay otro elemento que hace que esta historia resulte especialmente actual: internet. Según la BBC, algunos jóvenes descubrieron estos medicamentos precisamente a través de redes sociales. En publicaciones y videos pueden encontrarse testimonios sobre sus efectos, combinaciones y supuestas ventajas frente al alcohol.

El problema es que una publicación puede hacer que algo parezca mucho más sencillo de lo que realmente es. Alguien puede contar: "Tomé esto antes de una fiesta y me sentí increíble", pero quizá no cuenta qué otros medicamentos toma, cuánto consumió, qué efectos tuvo después o si tenía alguna condición que hiciera peligrosa esa sustancia.

Y si el producto se consigue por internet, aparece otro problema: ni siquiera siempre existe la certeza de que lo que compraste contenga exactamente lo que dice la etiqueta.

México ya tiene un ejemplo de cómo un medicamento puede convertirse en una moda de internet

No es la primera vez que las redes sociales cambian por completo el contexto en el que se utiliza un medicamento. En 2023, COFEPRIS alertó sobre el reto viral "el que se duerma al último, gana", en el que menores consumían clonazepam para intentar mantenerse despiertos.

La autoridad advirtió sobre los efectos que podía provocar el uso inadecuado del medicamento, entre ellos somnolencia, problemas de coordinación y disminución de la capacidad de reacción. La situación no es igual a la descrita por la BBC

En un caso hablamos de personas que buscan reducir la ansiedad social y en el otro de un reto viral, pero ambos ejemplos muestran algo importante: un medicamento puede cambiar completamente de contexto cuando entra en las redes sociales. Lo que fue creado para tratar una condición médica puede terminar convertido en un consejo entre amigos, un reto o una supuesta herramienta para conseguir determinada sensación.

No se trata de decir que el alcohol es bueno y las pastillas son malas

Tampoco tendría sentido plantear esto como una pelea entre dos opciones: reducir o dejar el alcohol puede ser una decisión saludable. De hecho, los datos de la ENCODAT muestran reducciones en varios indicadores de consumo excesivo en México.

Pero eso tampoco convierte automáticamente a los medicamentos en una alternativa segura. La pregunta no debería ser: "¿Qué me hace menos daño: el alcohol o una pastilla?" y esa comparación deja fuera lo más importante.

Si una persona siente que necesita consumir algo para poder hablar con desconocidos, tener una cita, acudir a una fiesta o enfrentarse a una situación laboral, quizá el problema no sea encontrar la sustancia perfecta. Quizá haya que preguntarse por qué esa situación produce tanta ansiedad en primer lugar.

Jovenes Sin Alcohol

México todavía no está contando la misma historia

No hay evidencia suficiente para afirmar que los jóvenes mexicanos estén sustituyendo el alcohol por pregabalina, propranolol u otros medicamentos para poder socializar. La ENCODAT 2025 no mide específicamente ese comportamiento.

Pero sí tenemos algunas piezas que hacen que la conversación sea relevante aquí: 8.1% de la población de 12 a 65 años presentó malestar psicológico, el uso de medicamentos fuera de prescripción llegó a 2.5% en 2025 y el alcohol continúa teniendo una presencia importante en México.

Eso no demuestra una nueva moda. Demuestra algo más sencillo: hay personas enfrentándose al malestar psicológico, hay personas consumiendo alcohol y hay personas utilizando medicamentos fuera de las indicaciones médicas.

Lo que todavía no sabemos es cuántas de esas historias están relacionadas entre sí y eso sería lo que vale la pena observar antes de que las redes sociales se encarguen de ponerle nombre a una nueva tendencia. Porque dejar el alcohol puede ser una buena decisión. Buscar ayuda para la ansiedad también.

Lo que puede convertirse en un problema es pensar que la única manera de sentirnos cómodos con otras personas es tomar algo antes de salir de casa y, al final, quizá la pregunta más importante no sea "¿con qué puedo sustituir el alcohol?", sino una bastante más incómoda: ¿Por qué siento que necesito consumir algo para poder ser yo mismo cuando estoy con los demás?

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