Esperó a su dueño durante casi 10 años. Hoy Hachiko tiene un nuevo homenaje más cerca de México

Hachiko ha llegado a este país de Latinoamérica.

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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Hay historias que desaparecen con el paso de los años y la de Hachiko hizo exactamente lo contrario. El perro japonés que pasó casi diez años esperando el regreso de su dueño frente a una estación de tren terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de lealtad más conocidos del mundo y lo curioso es que, casi un siglo después de su muerte, sigue inspirando homenajes a miles de kilómetros de Japón.

La prueba más reciente llegó desde Miraflores, Perú, donde fue inaugurado un parque con una estatua dedicada a Hachiko. El homenaje no recuerda un hecho ocurrido en ese país; más bien demuestra que hay historias que dejan de pertenecer a un solo lugar para convertirse en parte de la memoria colectiva de millones de personas.

Todo comenzó con un cachorro que viajó cientos de kilómetros

Mucho antes de convertirse en una leyenda, Hachiko era simplemente un cachorro nacido en noviembre de 1923 en la prefectura japonesa de Akita. Meses después viajó en tren hasta Tokio para vivir con Hidesaburō Ueno, profesor e ingeniero agrónomo de la entonces Universidad Imperial de Tokio.

El viaje fue tan largo que llegó debilitado y durante un momento hubo dudas sobre si sobreviviría. Finalmente, se recuperó y empezó una rutina que, en ese momento, parecía una más entre un hombre y su perro. Nadie imaginaba que aquel cachorro terminaría convirtiéndose en uno de los animales más famosos del mundo.

Una rutina que nadie veía extraordinaria

Con el paso de los meses, profesor y perro hicieron de la estación de Shibuya parte de su vida diaria. Cada mañana, Hachiko acompañaba al profesor hasta el tren que lo llevaba a la universidad y, al terminar la jornada, regresaba para recibirlo.

Era una escena tan cotidiana que comerciantes, empleados ferroviarios y pasajeros dejaron de prestarle atención; ver al perro esperando era simplemente parte del paisaje de la estación. Y fue justamente esa rutina la que terminaría cambiando su historia.

El tren que nunca volvió

El 21 de mayo de 1925 ocurrió lo inesperado. Mientras impartía clases, el profesor Ueno sufrió una hemorragia cerebral y murió de forma repentina y nunca regresó a la estación, pero Hachiko sí.

Al día siguiente volvió a esperar y al siguiente y al siguiente. Sin entender lo que había ocurrido, siguió regresando todos los días a la misma hora, convencido de que el tren volvería a traer a su dueño.

Esa espera se prolongó durante casi diez años, hasta la muerte del propio Hachiko en marzo de 1935.

Hachiko Original

Ni siquiera cambiar de hogar hizo que dejara de esperar

Después de la muerte del profesor, Hachiko pasó por distintas casas de familiares y personas cercanas a la familia Ueno; pero una y otra vez escapaba. Siempre terminaba regresando al mismo lugar: la estación de Shibuya. Con el tiempo dejó de ser únicamente el perro del profesor.

Los comerciantes comenzaron a darle comida; algunos trabajadores le dejaban agua y quienes pasaban todos los días por la estación terminaron conociéndolo por su nombre. Sin darse cuenta, toda una comunidad empezó a cuidar al perro que seguía esperando.

Y fue entonces cuando la historia salió de la estación

Durante varios años, Hachiko solo era conocido por quienes frecuentaban Shibuya. Todo cambió en 1932, cuando uno de los antiguos alumnos del profesor Ueno publicó un artículo sobre su historia en un periódico de circulación nacional.

De pronto, personas de distintas partes de Japón comenzaron a viajar únicamente para conocer al perro que seguía esperando a su dueño siete años después de su muerte. En muy poco tiempo, Hachiko dejó de ser un perro conocido por un barrio y se convirtió en un símbolo nacional de fidelidad.

El homenaje llegó cuando todavía seguía esperando

La historia conmovió tanto a la sociedad japonesa que en abril de 1934 se inauguró una estatua de bronce frente a la estación de Shibuya mientras Hachiko aún seguía con vida.

El propio perro estuvo presente durante la ceremonia y pocas veces un animal presencia el homenaje que la sociedad decide dedicarle. En su caso ocurrió exactamente eso.

Aunque aquella primera estatua fue fundida durante la Segunda Guerra Mundial para aprovechar el metal con fines militares, en 1948 se instaló una nueva escultura en el mismo lugar. Es la que hoy recibe a miles de visitantes cada año.

Hachiko Peru

¿Por qué Hachiko sigue emocionando a tantas personas?

La respuesta probablemente va mucho más allá de la lealtad. La psicología explica que los vínculos afectivos no desaparecen de un momento a otro cuando perdemos a alguien importante.

Después de una ausencia, es común seguir buscando a esa persona en lugares conocidos, repetir ciertas rutinas o sentir, por un instante, que volveremos a verla. Eso no ocurre únicamente en los seres humanos. Algunas especies también mantienen conductas asociadas al apego cuando desaparece una figura significativa.

Hachiko no entendía la muerte como nosotros. Simplemente seguía respondiendo a una rutina que durante meses había significado volver a encontrarse con la persona más importante de su vida.

Quizá por eso su historia sigue conmoviendo. Porque más que hablar de un perro esperando un tren, habla del duelo, del apego y de la dificultad de aceptar una ausencia.

Quizá por eso también emociona en México

La historia de Hachiko encuentra eco en México por una razón muy sencilla: millones de personas conviven todos los días con un perro. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) del INEGI, los perros son los animales de compañía más comunes en los hogares mexicanos

Para muchas familias forman parte de la rutina diaria, acompañan durante años a sus dueños y ocupan un lugar que va mucho más allá del de una mascota. Eso ayuda a entender por qué la historia de Hachiko sigue despertando empatía incluso entre personas que nunca han estado en Japón.

Aunque Hachiko nunca volvió a encontrarse con el profesor Ueno, casi un siglo después Japón decidió imaginar ese momento. En 2015, la Universidad de Tokio inauguró una escultura donde ambos aparecen abrazándose.

No intenta cambiar la historia. Representa el reencuentro que nunca ocurrió, pero que millones de personas imaginaron durante décadas.

Japones Perro

Perú demuestra que Hachiko ya no pertenece solo a Japón

La inauguración del parque en Miraflores confirma algo que hace tiempo dejó de ser una duda: Hachiko ya no pertenece únicamente a Japón. Su historia ha inspirado libros, películas, documentales, esculturas y ahora también un nuevo espacio público en Sudamérica.

Cada homenaje recuerda el mismo episodio ocurrido frente a una estación de tren, pero también demuestra que existen historias capaces de cruzar fronteras sin perder su significado.

Esa es la parte más sorprendente de todo. Hachiko nunca supo que millones de personas conocerían su nombre y nunca imaginó que casi cien años después existiría un parque dedicado a él al otro lado del mundo, pero cada nuevo homenaje confirma lo mismo. Aquella rutina frente a la estación de Shibuya dejó hace mucho de pertenecer únicamente a Japón.

Hoy forma parte de la memoria colectiva de personas que jamás conocieron al profesor Ueno, que nunca viajaron a Tokio y que, aun así, entienden perfectamente por qué un perro decidió seguir esperando; porque, al final, Hachiko nunca fue solo la historia de un perro. Fue la historia de un vínculo que millones de personas reconocen como propio.

Imágenes | Pexels, Wikimedia, Municipalidad de Miraflores

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