La Generación Z creció, consiguió trabajo y se fue de casa, pero muchos todavía necesitan a sus padres para llegar a fin de mes

No es que la Generación Z no quiera independizarse. El costo de hacerlo cambió por completo.

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Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Durante mucho tiempo hubo una especie de "guion" sobre cómo debía empezar la vida adulta: terminar los estudios, encontrar trabajo y, poco después, salir de casa para empezar una vida independiente. Para muchas generaciones, conseguir el primer empleo significaba justamente eso: dejar de depender económicamente de los padres, y hoy esa fórmula ya no siempre funciona.

Cada vez hay más jóvenes que trabajan, pagan renta o incluso viven por su cuenta, pero aun así necesitan que sus padres les ayuden a cubrir gastos tan básicos como el supermercado, los servicios, la vivienda o alguna emergencia. No porque lleven un estilo de vida lleno de lujos, sino porque independizarse cuesta mucho más que hace algunos años.

Llegó el trabajo, pero no la independencia económica

Un estudio realizado por Wells Fargo en 2026 encontró que el 64% de los padres con hijos de entre 18 y 28 años asegura que sus hijos adultos todavía dependen de ellos para cubrir algún aspecto de su vida financiera, ya sea dinero, vivienda o gastos cotidianos.

Lo interesante es que ese apoyo rara vez se destina a vacaciones o compras impulsivas. Emily Irwin, directora de planeación patrimonial de Wells Fargo, explica que normalmente sirve para pagar la renta, hacer el supermercado, cubrir los servicios o liquidar deudas.

Pero la situación también empieza a pasar factura a los propios padres. El mismo estudio muestra que el 56% reconoce que ayudar económicamente a sus hijos está afectando sus propias finanzas, una realidad que hace apenas unos años era mucho menos frecuente.

No es que gasten demasiado; es que todo cuesta más

Durante mucho tiempo se repitió la idea de que la Generación Z tenía problemas con el dinero porque gastaba de más o quería un estilo de vida que no podía pagar. Sin embargo, los datos cuentan una historia bastante distinta.

Emily Irwin señala que muchos jóvenes enfrentan una especie de "tormenta perfecta": salarios de entrada que avanzan lentamente, un mercado laboral más competitivo para quienes comienzan su carrera, rentas cada vez más altas y un costo de vida que no deja de aumentar.

Y todavía hay otro factor. Muchos intentan ahorrar desde los primeros años de su vida laboral, algo que generaciones anteriores solían dejar para más adelante. En otras palabras, no se trata de vivir por encima de sus posibilidades, sino de intentar pagar las cuentas mientras construyen un colchón financiero para el futuro.

Generacion Z

Conseguir empleo tampoco garantiza estabilidad

Las dificultades empiezan incluso antes del primer sueldo. Un informe de Kickresume reveló que, en 2025, el 58% de los recién graduados universitarios seguía buscando su primer empleo, una proporción considerablemente mayor que la registrada por generaciones anteriores. Tener un título universitario ya no garantiza incorporarse rápidamente al mercado laboral.

Y aunque consigan empleo, eso tampoco asegura estabilidad financiera. La inflación, el aumento de las tasas de interés y el encarecimiento de la vivienda hacen que una parte importante del salario se vaya casi de inmediato.

Esa presión también termina reflejándose en la salud mental. Una investigación de Amerisleep encontró que siete de cada diez integrantes de la Generación Z aseguran haber perdido el sueño por preocupaciones relacionadas con la inflación, la renta o la incertidumbre laboral.

La herencia ya no siempre llega al final de la vida

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio no tiene que ver con los jóvenes, sino con sus padres. Cada vez son más quienes prefieren ayudar económicamente a sus hijos mientras construyen su vida adulta, en lugar de esperar a dejarles una herencia décadas después.

Emily Irwin explica que muchos clientes comparten la misma idea: recibir dinero a los 60 o 70 años puede ser mucho menos útil que obtener ese apoyo cuando se intenta comprar una primera vivienda, iniciar un negocio, formar una familia o salir de deudas.

En cierto modo, algunas familias están adelantando parte de la herencia para el momento en que consideran que realmente puede marcar una diferencia.

El problema no siempre es el dinero

Curiosamente, el dinero no suele ser lo que termina generando los conflictos familiares. Muchas veces el problema aparece porque nadie deja claras las reglas desde el principio.

¿Ese apoyo es un regalo? ¿Es un préstamo? ¿Tiene una fecha límite? ¿Se espera que algún día sea devuelto? Para Emily Irwin, muchas de las tensiones podrían evitarse si esas conversaciones ocurrieran antes de que aparezcan los problemas.

México tampoco es ajeno al fenómeno

Aunque el estudio se realizó en Estados Unidos, la realidad no resulta tan lejana para México. En los últimos años, comprar una vivienda o incluso rentar un departamento se ha vuelto cada vez más complicado para buena parte de los jóvenes. Al mismo tiempo, muchos empleos de entrada ofrecen salarios que apenas alcanzan para cubrir los gastos cotidianos.

Independencia

En ese contexto, el apoyo familiar sigue siendo una pieza importante de la economía de millones de hogares. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 muestra que las transferencias, un rubro que incluye remesas y apoyos provenientes de otros hogares, fueron la fuente de ingreso con mayor crecimiento entre 2016 y 2024, al aumentar 26.5% en términos reales.

A eso se suma otra característica muy mexicana: compartir la vivienda entre varias generaciones. Lo que durante décadas respondió principalmente a razones culturales, hoy también tiene un fuerte componente económico.

Para muchos jóvenes, quedarse algunos años más en casa de sus padres o seguir recibiendo ayuda económica ya no siempre es una elección. En muchos casos, simplemente es la forma más viable de construir cierta estabilidad financiera.

La independencia dejó de ser un momento

Durante años, independizarse significaba una cosa muy concreta: conseguir trabajo y empezar a mantenerse por cuenta propia. Hoy esa idea parece quedarse corta.

Muchos integrantes de la Generación Z ya trabajan, pagan impuestos y asumen responsabilidades propias de la vida adulta, pero todavía necesitan apoyo para cubrir gastos que hace apenas unas décadas podían solventarse con un primer empleo.

Y quizá esa sea la mayor diferencia entre generaciones. La adultez sigue llegando más o menos a la misma edad, pero la independencia económica tarda cada vez más en alcanzarse.

No porque los jóvenes quieran depender de sus padres, sino porque el costo de independizarse ha crecido mucho más rápido que los ingresos con los que comienzan su vida laboral.

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