La inteligencia artificial llegó como una herramienta para facilitar tareas, automatizar procesos y, en teoría, mejorar la vida digital. Sin embargo, algo está cambiando en su adopción; los jóvenes, especialmente la Generación Z, ya no lo ven con el mismo entusiasmo.
Un informe de la Fundación Walton Family revela que la relación entre este grupo y la IA se está enfriando. No por la falta de uso, sino por una mezcla de desconfianza, frustración y ansiedad, que empiezan a marcar distancia frente a la tecnología.
Los sentimientos como principal causa
Los datos muestran un cambio claro. El porcentaje de jóvenes que se declaran entusiasmados con la inteligencia artificial cayó del 36% al 22% en lo que va de 2026. Al mismo tiempo, las emociones negativas van en aumento. La ansiedad encabeza la lista con un 42%, mientras que sentimientos como frustración e incluso enojo ya afectan a cerca de un tercio de los encuestados.
¿Y qué hay de los sentimientos positivos? Incluso los indicadores retroceden. La esperanza en torno a la IA bajó del 27% al 18% en apenas un año. No es un rechazo total, pero sí una señal de desgaste en la percepción.
La utilidad vs la preocupación
El punto clave no se trata de que los jóvenes de esta generación estén dejando de usar la inteligencia artificial, sino todo lo contrario. El uso de la herramienta forma parte de su rutina, desde tareas escolares hasta actividades digitales cotidianas.
El problema es otro. El uso constante ha expuesto límites de la tecnología: respuestas incorrectas, falta de contexto o resultados inconsistentes. Lo que empezó como confianza casi automática, ahora se convierte en una relación mucho más crítica entre ambos.
A esto se suma una preocupación más profunda: el impacto laboral. Para muchos, la inteligencia artificial dejó de entenderse solo como una herramienta útil y comenzó a percibirse como un sistema capaz de reemplazar a las funciones humanas.
Un ajuste de perspectivas en lugar del rechazo
A pesar del cambio de percepción, los datos no apuntan a un abandono. Lo que está ocurriendo es un ajuste. La Generación Z sigue utilizando estas herramientas, pero con más cautela: verifica información, contrasta respuestas y asume que no todo lo que genera una IA es fiable.
Se sabe que este comportamiento encaja con un patrón que ocurre en la adopción tecnológica: primero llega la fascinación, luego es el uso intensivo y, finalmente, una etapa donde aparecen los límites reales. Solo existe una diferencia, en el caso de la IA, este proceso no tomó años y solo fueron meses.
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