
La fiesta futbolera modificó temporalmente la forma en que se comportó el crimen en México.
Durante casi un mes, México vivió algo poco común: un periodo de relativa paz. Mientras millones de personas seguían los partidos de la Copa Mundial 2026 y las calles se llenaban de aficionados, la violencia pareció dar una tregua. El país registró el promedio diario de homicidios más bajo de todo el año, justo en medio de la mayor fiesta deportiva del planeta.
Pero la calma no duró demasiado. Conforme terminaron los partidos en territorio mexicano y la Selección Mexicana quedó eliminada, los homicidios volvieron a superar los 50 casos diarios. Al mismo tiempo, otro delito encontró un terreno fértil: los robos de celulares aumentaron entre las multitudes que salieron a celebrar.
Lo que ocurrió durante el Mundial no fue una coincidencia. La sociología, la criminología y la neurociencia ayudan a entender cómo un evento masivo puede modificar temporalmente el comportamiento delictivo en México.
Durante el Mundial, México registró el promedio de homicidios más bajo del año
De acuerdo con cifras del Gabinete de Seguridad federal, retomadas por Expansión, entre el 11 de junio, cuando comenzó el Mundial en México, y el 5 de julio, fecha del último partido disputado en el país, se registraron 1,007 homicidios dolosos, un promedio cercano a 40 asesinatos diarios, el más bajo de todo 2026.
Algunos días fueron especialmente inusuales. El 16 de junio, por ejemplo, se contabilizaron apenas 27 homicidios en todo el país, una cifra que incluso fue destacada por la presidenta Claudia Sheinbaum durante su conferencia matutina. Días después, el 3 de julio, el registro volvió a ser muy bajo, con 28 víctimas.
El comportamiento también cambió dependiendo de los partidos de la Selección Mexicana. El día del debut frente a Sudáfrica se registraron 30 homicidios; contra Corea del Sur fueron 45; frente a Ecuador, 41, y el encuentro de eliminación contra Inglaterra coincidió con 51 homicidios, una cifra que ya mostraba el regreso a los niveles habituales de violencia.
Además, las tres entidades que recibieron partidos del Mundial —Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León— también registraron una disminución en los homicidios durante junio. De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en conjunto pasaron de 195 homicidios en junio de 2025 a 135 en junio de 2026, una reducción cercana al 31%.
Para Alberto Guerrero, especialista en seguridad pública citado por Expansión, existen varias razones detrás de este descenso. Una de ellas es que incluso quienes normalmente participan en actividades delictivas también siguen el torneo. A eso se sumó un despliegue extraordinario de policías, cámaras de vigilancia y operativos especiales en las ciudades sede.
Sin embargo, hay otra explicación que va más allá de la seguridad pública. Hace más de un siglo, el sociólogo francés Émile Durkheim describió un fenómeno social conocido como efervescencia colectiva. Ocurre cuando miles de personas comparten al mismo tiempo una emoción, un símbolo y un objetivo común. Durante un evento masivo como el Mundial, millones de aficionados dejan de actuar como individuos aislados y comienzan a sentirse parte de una misma comunidad.
Ese sentimiento de pertenencia no elimina la violencia, pero sí puede hacer que disminuyan algunos conflictos cotidianos. En un ambiente donde todos celebran lo mismo, las personas tienden a percibir al desconocido menos como una amenaza y más como un aliado.
La neurociencia explica porqué la euforia colectiva puede reducir los conflictos
La neurociencia también ofrece pistas sobre lo que ocurre en esos momentos. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explican que los triunfos deportivos y las experiencias de euforia provocan una liberación de dopamina, oxitocina y serotonina, sustancias relacionadas con el placer, la confianza y el bienestar.
La dopamina refuerza la sensación de recompensa; la serotonina ayuda a controlar los impulsos y mejora el estado de ánimo; mientras que la oxitocina fortalece los vínculos sociales y reduce la percepción de amenaza.
Eso no significa que el futbol haga desaparecer la violencia o que exista una relación directa entre estos cambios biológicos y la reducción de homicidios. Pero sí ayuda a entender por qué, durante unos días, millones de personas pueden mostrarse más tolerantes, pacientes y abiertas a convivir con desconocidos.
Cuando ese ambiente coincide con una mayor presencia policial y un amplio despliegue de seguridad, el resultado puede reflejarse temporalmente en las estadísticas actuales.
La derrota de México puso fin a la euforia colectiva
Como ocurre con toda emoción intensa, el efecto terminó. Hacia el cierre del Mundial comenzaron a reaparecer jornadas con más de 50 homicidios diarios. El 27 de junio se registraron 51 asesinatos; un día después fueron 53. Ya en julio volvieron a repetirse cifras similares, incluyendo el 5 de julio, cuando México quedó eliminado del torneo.
Según Alberto Guerrero, parte del repunte puede explicarse porque los operativos especiales comenzaron a retirarse y el país regresó poco a poco a su dinámica habitual.
Pero también hubo un cambio emocional. Investigadores de la UNAM explican que el “cóctel” de dopamina, serotonina y oxitocina que acompaña a la euforia deportiva desaparece cuando termina el estímulo que lo provocó.
La eliminación de la Selección Mexicana puso fin a varias semanas de expectativa y celebración. Para muchos aficionados llegó la frustración, la tristeza e incluso el enojo por la derrota. Ese cambio emocional suele ir acompañado por una disminución de las sustancias asociadas al bienestar y por un aumento del cortisol, la hormona relacionada con el estrés.
Los especialistas aclaran que este bajón neuroquímico no explica por sí mismo el aumento de la violencia. Sin embargo, sí ayuda a entender por qué desaparece el ambiente de cohesión que predominó durante el torneo y las tensiones cotidianas vuelven a ocupar el espacio que antes tenía la celebración.
Mientras bajaban los homicidios, los robos encontraron en el Mundial el escenario perfecto
Las estadísticas sobre la caída en homicidios no significa que todos los delitos disminuyeron. De acuerdo con El Universal, en Ciudad de México, el robo de celulares fue el ilícito más frecuente durante el Mundial. La fiscal capitalina, Bertha Alcalde Luján, informó que se abrieron 92 carpetas de investigación por este delito en los primeros días del torneo. Además, la Secretaría de Seguridad Ciudadana recuperó 44 teléfonos y detuvo a 11 personas entre el 11 y el 16 de junio.
El aumento de este delito también encuentra explicación en la criminología. En 1979, los criminólogos Lawrence E. Cohen y Marcus Felson desarrollaron la Teoría de las Actividades Rutinarias, que plantea que los delitos no dependen únicamente de la motivación del delincuente, sino también de las oportunidades que ofrece la vida cotidiana. Según esta propuesta, un delito ocurre con mayor facilidad cuando coinciden tres factores: una víctima potencial, un delincuente motivado y la ausencia de un "guardián capaz", es decir, alguien o algo que pueda impedir el crimen.
Las concentraciones masivas en el Ángel de la Independencia durante el torneo reunían justamente esas condiciones. Miles de personas estaban pendientes del partido, saltando y celebrando incluso bajo la influencia del alcohol, mientras que los delincuentes encontraban el anonimato perfecto para actuar.
La paradoja es que la misma euforia colectiva que pudo ayudar a reducir algunos episodios de violencia también creó el escenario ideal para los delincuentes que buscan pasar desapercibidos entre la multitud.
Por lo tanto, el Mundial no eliminó las causas de la violencia. Solo creó un paréntesis en el que cambiaron, por unas semanas, la forma en que millones de personas interactúan entre sí. La ciencia sugiere que las grandes celebraciones no solo cambian el estado de ánimo de las personas: también pueden transformar, aunque sea por un breve momento, la forma en que se comporta el crimen.
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