El mundo lo abandonó, México lo adoptó: por qué el fin de la era del Vocho solo podía ocurrir en Puebla

La gente lo quería

Vocho Mexico
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Adolfo Reséndiz

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Adolfo Reséndiz

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Periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y técnico mecánico automotriz CEDVA. Me gusta el rap, comer asado argentino y manejar por carretera los fines de semana. Mis autos favoritos son el Alfa Romeo Carabo, Lancia Stratos Zero y Porsche 917 K70.

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Una fábrica en Puebla fue, durante décadas, el único lugar en el planeta donde se fabricaba el Volkswagen Sedán. No en Alemania, no en Japón, no en Estados Unidos. En México. Cuando el resto del mundo cerró sus líneas de producción y declaró muerto al Vocho, Puebla siguió adelante. Y lo hizo sola.

La historia empieza en los años 70, cuando Volkswagen decidió en Europa que el Beetle había cumplido su ciclo. El mundo avanzaba hacia autos más modernos, con mejores normas de seguridad y menor consumo de combustible. La apuesta de la marca alemana fue el Golf, un auto completamente distinto. Las plantas europeas cerraron sus líneas del Sedán sin mirar atrás. Estados Unidos hizo lo mismo poco después.

Vocho Mexico Historia Planta de Volkswagen en Puebla, México.

La planta de Puebla, inaugurada en 1967, tomó otro camino. El Vocho era barato de fabricar, resistente, fácil de reparar y perfectamente adaptado a la realidad mexicana: calles en mal estado, presupuestos familiares apretados y una cultura que valora lo que dura sobre lo que brilla. Mientras el mundo lo descartaba, México lo necesitaba. La fábrica poblana leyó eso con claridad y siguió produciendo.

Lo que pasó después no tenía precedente. Puebla se convirtió en el único punto del planeta donde se fabricaba el Beetle original. No una versión de homenaje ni un rediseño nostálgico, sino el mismo auto de siempre. Desde esa planta salían unidades para México, para países de Latinoamérica y para mercados emergentes en otras partes del mundo que necesitaban un auto confiable y accesible. México exportaba el auto que todos los demás habían abandonado.

Con el tiempo, el Vocho dejó de ser percibido como un auto alemán. Se volvió taxi, primer auto de familia, compañero de trabajo. Los vochos verdes del entonces Distrito Federal eran tan parte del paisaje como el Metro o el Zócalo. Nadie diseñó esa transformación cultural. Ocurrió sola, porque el auto encajaba en la vida cotidiana de millones de personas de una forma que pocos modelos han logrado antes o después.

Para principios de los 2000, el final era inevitable. Las regulaciones de seguridad exigían bolsas de aire y cinturones de tres puntos en todos los autos nuevos. El Sedán, con un diseño que venía de décadas atrás, no podía cumplir esos requisitos sin dejar de ser lo que era. Volkswagen tomó la decisión de cerrar la producción del modelo en Puebla. La fecha quedó marcada para el 30 de julio de 2003.

Vocho Mexico Puebla Volkswagen Sedán.

Un digno adiós para el Vocho en México 

El cierre no fue discreto. La marca creó la Última Edición, un lote de 3,000 unidades en color azul aquitania con detalles conmemorativos y placa numerada. Cada auto salía con flores de plástico en el pequeño jarrón del tablero, un detalle que el New Beetle había popularizado desde 1998. Era la manera de Volkswagen de reconocer que aquello no era el fin de una línea de producción cualquiera, sino el cierre de algo mucho más grande.

El último Vocho en salir de la planta fue la unidad número 21,529,464 de la historia total del modelo en el mundo. Puebla no fabricó versiones simplificadas ni recortes de presupuesto. Fabricó el auto original, con la misma seriedad, hasta el último día. Ese número es la prueba.

Hoy la planta de Puebla produce Jetta, Taos y Tiguan para mercados de todo el mundo y es una de las operaciones automotrices más importantes del continente. Pero hay algo que ninguno de esos modelos va a repetir. Durante años, México fue el único país del mundo donde un auto que todos habían descartado seguía vivo, seguía mejorando y seguía importando. No por obligación. Porque la gente lo quería.

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