El Mundial 2026 consiguió que los mexicanos compraran más cerveza, refrescos y botanas. El problema es que la fiesta se quedó en la sala, pues el repunte de estos productos no se extendió al resto del consumo ni produjo la reactivación que comercios y fabricantes esperaban.
Datos de NielsenIQ muestran que la “Canasta Futbolera” registró un crecimiento en autoservicios durante las primeras cuatro semanas del torneo. En la segunda semana avanzó 18% en valor, por encima del 4.8% observado en el canasto general. Sin embargo, BBVA Research reportó que su indicador de consumo cayó 0.2% mensual y 4.9% anual en junio, su quinta disminución consecutiva de 2026.
La fiesta mundialista se concentró en tres productos
Dentro de esa canasta, los refrescos representaron entre 14.4% y 15.3% del valor; las cervezas, entre 9.1% y 10% y las botanas registraron crecimientos de entre 9.2% y 11.1%. Fueron cifras llamativas, pero insuficientes para cambiar el panorama de un consumidor presionado por la inflación, los impuestos y la cautela.
“El super empujón y la reactivación de la economía no sucedió”, afirmó a El Economista Jorge Quiroga, CEO de TodoRetail. Según el especialista, las tiendas de conveniencia captaron buena parte de las compras rápidas, mientras el comercio informal también se benefició, aunque su movimiento no puede medirse con precisión.
Las expectativas eran mucho mayores. En abril reportamos en Xataka México que análisis de mundiales anteriores elaborados por NIQ apuntaban a un incremento de hasta 22% en el ticket de las tienditas. Una previsión de Deloitte también apuntaba a que alimentos y bebidas podían elevar hasta 30% sus ventas durante junio y julio, con unos 800,000 turistas esperados.
Los turistas que no llegaron y los televisores que no despegaron
La realidad quedó lejos de esos cálculos. México recibió solamente 175,000 visitantes adicionales, según cifras del Consejo Nacional Empresarial Turístico citadas por NIQ. El consumo provino de mexicanos que vieron los partidos en casa y compraron productos para compartir, no de la derrama turística prevista. Incluso las ventas de televisores quedaron por debajo de las metas, pese a resultados de algunas cadenas.
El gasto en establecimientos físicos ofrece otra señal: disminuyó 0.9% mensual y 3.8% anual en junio, de acuerdo con BBVA Research. Saidé Salazar, economista principal de la institución, describió el efecto mundialista como transitorio y heterogéneo, incapaz de generar un repunte generalizado del gasto familiar.
El consumo crece, pero avanza detenido
El Indicador Oportuno del Consumo Privado del INEGI ofrecía una lectura menos negativa, aunque tampoco muestra un despegue: estimaba que el consumo privado aumentaría 2.6% anual en junio, pero solo 0.1% frente a mayo. Esta medición anticipaba al indicador mensual mediante modelos econométricos, por lo que no es directamente comparable con los pagos observados por BBVA.
La fragilidad venía de antes. Un análisis de NielsenIQ de febrero encontró que el aumento del IEPS había impulsado precios y reorganizado compras. Refrescos, agua y té listo para beber resistían en autoservicios, mientras jugos, isotónicos, energizantes y bebidas en polvo perdían volumen. Leche y café también retrocedían tras encarecerse 9.4% y 21.6%, respectivamente.
El Mundial cambió temporalmente qué compraban los hogares, pero no cuánto podían gastar. Terminada la competencia, el retail vuelve a enfrentarse al mismo rival: un consumidor que compara canales, recorta categorías y reserva su dinero para aquello que considera indispensable.
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