En 1991, paleontólogos descubrieron los restos de Tyrannosaurus rex más grandes y antiguos jamás encontrados. De acuerdo con el registro fósil, Scotty (como nombraron al dinosaurio) pudo haber pesado más de 9 toneladas y vivido en lo que ahora es Canadá hace alrededor de 66 millones de años.
Más de tres décadas después, Scotty no deja de dar sorpresas. Y es que un estudio publicado recientemente en Scientific Reports indica que los vasos sanguíneos hallados dentro de una de las costillas del T. rex podrían arrojar luz sobre cómo se recuperaban los dinosaurios de las lesiones.
El estudio de los restos de Scotty
Mediante imágenes de rayos X de sincrotrón, Jerit Mitchell, autor principal del estudio, junto a sus compañeros crearon un modelo 3D de la costilla fosilizada y de los tejidos blandos conservados en su interior. Gracias a este método, los científicos lograron observar el interior del hueso sin intervenirlo.
El equipo también realizó análisis químicos para determinar los elementos presentes en el fósil. Eso reveló la abundante presencial de calcio en la estructura ósea. Además encontraron hierro y manganeso en los vasos sanguíneos conservados.
La investigación sugiere que la costilla de Scotty se había curado de una fractura, posiblemente una lesión durante una pelea con otro dinosaurio. La fractura aún estaba sanando cuando Scotty murió. Según los investigadores, esta curación incompleta es probablemente la razón por la que los científicos pudieron ver el vaso sanguíneo millones de años más tarde.
"Las estructuras vasculares preservadas, como las que hemos encontrado en la costilla de Scotty, parecen estar relacionadas con las zonas donde el hueso se estaba curando", afirmó Mauricio Barbi, coautor del estudio. Añadió que esto se debe a que, durante el proceso de curación, esas zonas recibieron un mayor flujo sanguíneo.
Un milagro paleontológico
Mitchell dijo a CBC News que hizo este descubrimiento en 2019, mientras estudiaba el posgrado en la Universidad de Regina. Mientras revisaba la tomografía de una de las costillas de Scotty, notó una estructura extraña. Esto hizo pensar a ella y a sus mentores que podría tratarse de vasos sanguíneos, lo que motivo más investigaciones.
Encontrar tejidos blandos en un fósil es casi un milagro de la paleontología. Como explica Mitchell, "lo que se conserva en el registro fósil son solo las partes duras: los huesos o los dientes [...] en raras ocasiones, podemos encontrar tejidos blandos conservados, y estos pueden revelarnos mucho más sobre cómo vivían los dinosaurios".
Lena Cole, paleontóloga de la Universidad de Oklahoma, explicó que los tejidos blandos solo se conservan "cuando el entorno actúa casi como un refrigerador natural o una envasadora al vacío", lo que es sumamente raro. Es por ello que se han encontrado muy pocos fósiles que conserven estos tejidos.
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