Parece un volcán cubierto de pasto, pero es el estadio mexicano que se robó miles de miradas durante el Mundial

Un lugar que adapta el paisaje en lugar de transformarlo.

Akron
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Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Durante el Mundial, miles de personas pensaron que estaban viendo un volcán cubierto de pasto: en realidad, era un estadio. Las tomas aéreas del Estadio Akron comenzaron a recorrer redes sociales porque el edificio parecía surgir de la tierra en lugar de haber sido construido sobre ella. Algunos lo comparaban con una montaña; otros estaban convencidos de que era una colina artificial creada especialmente para el torneo.

Lo curioso es que esa apariencia del Estadio Akron nunca fue un accidente. Desde el primer boceto, los arquitectos querían exactamente eso: que el estadio se mezclara con el paisaje y dejara de sentirse como una enorme estructura de concreto.

Todo comenzó con una pregunta poco común

Cuando a mediados de los años 2000 comenzó el proyecto del nuevo hogar de las Chivas, los arquitectos franceses Jean-Marie Massaud y Daniel Pouzet recibieron un reto muy diferente al habitual. No les pidieron diseñar el estadio más grande ni el más llamativo.

La pregunta era otra: ¿Cómo construir un estadio para más de 46 mil personas sin que dominara por completo el paisaje? La respuesta terminó convirtiéndose en una de las características más reconocibles del inmueble.

El Bosque La Primavera cambió todo

El terreno elegido se encuentra junto al Bosque La Primavera, un área natural protegida de más de 30 mil hectáreas considerada uno de los pulmones verdes más importantes del occidente de México.

Levantar una enorme estructura de concreto habría cambiado por completo ese entorno. Entonces apareció una idea poco convencional: en lugar de construir un estadio que sobresaliera del terreno, los arquitectos decidieron hacer que pareciera emerger de él.

Así nació la enorme cubierta vegetal que hoy envuelve buena parte del edificio y que, vista desde el aire, da la impresión de ser una colina natural. Encima de esa superficie colocaron una cubierta blanca que recuerda a una nube, reforzando la idea de que el estadio forma parte del paisaje.

Estadio Jalisco

No buscaban construir un ícono que dominara el horizonte; buscaban exactamente lo contrario: que el edificio pareciera haber estado ahí desde siempre.

Fue el Mundial el que hizo visible esa decisión

Cuando el Estadio Akron abrió sus puertas en 2010, su diseño llamó la atención entre arquitectos y aficionados al fútbol mexicano. Pero fue el Mundial el que terminó mostrando el proyecto desde el ángulo perfecto.

Las cámaras aéreas revelaron una imagen que pocas personas conocían: desde arriba, el estadio parecía una montaña cubierta de vegetación. Las imágenes comenzaron a multiplicarse en redes sociales y distintos medios internacionales.

Miles de usuarios preguntaban dónde estaba ese estadio "escondido" bajo el pasto. Otros lo bautizaron como un volcán o una colina artificial. Lo curioso es que esa fama nunca fue planeada.

Fue la televisión la que terminó haciendo visible una decisión arquitectónica que llevaba más de una década ahí. Paradójicamente, un edificio diseñado para integrarse al paisaje terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más fotografiados del Mundial.

No era solo un estadio bonito

La cubierta vegetal es lo primero que llama la atención, pero está lejos de ser el único elemento sustentable del proyecto. Todo el complejo cuenta con más de 120 mil metros cuadrados de áreas verdes que ayudan a integrar visualmente el estadio con su entorno y a reducir parte de su impacto ambiental.

Akron Estadio

Además, incorpora sistemas para captar agua de lluvia, humedales artificiales para reutilizar agua destinada al riego y tecnologías que permiten aprovechar mejor la iluminación natural para disminuir el consumo energético.

La enorme berma que rodea el estadio tampoco está ahí únicamente por cuestiones estéticas. Está cubierta por más de 21 mil metros cuadrados de pasto natural, lo que ayuda a mejorar el comportamiento térmico del edificio y refuerza esa sensación de que el inmueble emerge del terreno.

Incluso el entorno conserva condiciones que han permitido la presencia de más de 40 especies de aves, de acuerdo con información del propio estadio. Es un detalle que muchos visitantes probablemente nunca noten, pero refleja la intención original del proyecto: construir sin borrar por completo el ecosistema que ya existía.

Lo que parecía una rareza hoy es una tendencia

Cuando el Estadio Akron abrió sus puertas en 2010, hablar de cubiertas vegetales, captación de agua o infraestructura verde todavía no era común en los grandes recintos deportivos mexicanos.

Hoy muchas de esas estrategias forman parte de la conversación sobre arquitectura sostenible. Los edificios ya no solo buscan consumir menos energía; también intentan integrarse mejor con su entorno, reducir el efecto de las islas de calor y aprovechar recursos como el agua de lluvia.

Desde esa perspectiva, la idea del Akron dejó de parecer una excentricidad. Más bien fue un proyecto que se adelantó a una forma distinta de entender cómo construir grandes espacios públicos.

La historia del Akron también dice mucho sobre México

La imagen del estadio adquiere un significado todavía mayor cuando se observa el contexto del país. México es una de las naciones con mayor biodiversidad del planeta y, al mismo tiempo, enfrenta el desafío de desarrollar infraestructura para ciudades cada vez más grandes sin perder sus espacios naturales.

Interior Estadio Akron

En ese escenario, el Estadio Akron representa una forma distinta de entender la arquitectura. En lugar de modificar por completo el paisaje para adaptarlo al edificio, el proyecto intentó que el edificio encontrara su lugar dentro del paisaje.

Quizá por eso, desde el aire, recuerda más a una montaña que a un estadio. No porque los arquitectos quisieran construir un volcán, sino porque entendieron que, a veces, el mejor diseño no es el que más llama la atención, sino el que consigue convivir con el lugar donde fue construido.

Más que un estadio

Más de una década después de su inauguración, el Estadio Akron sigue llamando la atención por la misma razón. No porque sea el más grande, ni el más alto, ni el más moderno, sino porque demuestra algo que normalmente ocurre al revés.

Mientras muchas construcciones transforman por completo el paisaje para hacerse visibles, este proyecto hizo el esfuerzo contrario: modificar toda una obra para que el paisaje siguiera siendo el protagonista.

Y esa podría ser la mayor virtud del estadio. Que millones de personas lo miraron durante el Mundial creyendo que era una montaña: cuando, en realidad, ese siempre fue exactamente el efecto que sus arquitectos querían conseguir.

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