La psicología explica el efecto del backlog: por qué el aumento de precios en PS5 y Xbox te hace valorar los juegos que ya tienes

La situación cambió. la forma en que millones de jugadores perciben sus juegos pendientes.

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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Durante años, para los videojuegos el ritual era casi el mismo. Salía una consola nueva, aparecía una tarjeta gráfica más potente o Steam lanzaba una de sus famosas ofertas. El resultado también se repetía: comprar otro juego que prometíamos empezar "el próximo fin de semana". Ese día, para muchos, nunca llegó.

Sin darnos cuenta, las bibliotecas digitales comenzaron a llenarse de aventuras pendientes, RPG de cien horas, shooters que solo se probaron unos minutos y juegos que ni siquiera se instalaron. El famoso backlog dejó de ser una lista de pendientes para convertirse casi en una broma entre los jugadores.

Pero algo curioso empezó a pasar conforme el hardware se volvió mucho más caro. Cada vez más personas volvieron a abrir su biblioteca de Steam, PlayStation, Xbox o Nintendo Switch y descubrieron que ya tenían decenas de juegos esperando. Y aquí viene lo interesante: no se trata únicamente de una decisión financiera; la psicología también ayuda a explicar por qué muchos jugadores están viendo su backlog con otros ojos.

El precio cambia la forma en que vemos nuestro backlog

Durante mucho tiempo, comprar un juego nuevo producía una recompensa inmediata. Incluso antes de instalarlo, la emoción del estreno, la novedad y la sensación de ampliar la colección activaban el sistema de recompensa del cerebro. De alguna manera, sentíamos que ya habíamos obtenido algo valioso.

Eso ayudó a construir bibliotecas enormes y Steam es quizá el mejor ejemplo. La plataforma supera los 100 mil videojuegos disponibles, una cifra que hace muy fácil caer en la tentación durante las ofertas de temporada y comprar títulos "por si algún día hay tiempo".

Ese famoso "algún día" terminó convirtiéndose en meses o incluso años para muchos jugadores. Pero había un detalle: cuando una consola comienza a costar varios cientos de dólares más que hace algunos años o actualizar una computadora representa una inversión mucho mayor, la percepción cambia.

Y ahí cambia completamente la conversación. Lo que antes parecía una colección olvidada empieza a sentirse como un recurso que ya estaba ahí, esperando el momento adecuado.

Bibliotecas Digitales

El backlog nunca había tenido tanto sentido

Durante años, tener un backlog enorme era casi una medalla entre muchos jugadores. Había quienes presumían de cientos de juegos acumulados en Steam como si fueran trofeos digitales.

Hoy ocurre algo distinto. Esa misma biblioteca empieza a verse como una reserva de entretenimiento justo cuando renovar el hardware deja de ser una compra impulsiva, y lo curioso es que los juegos siempre estuvieron ahí; lo que cambió fue la forma de valorarlos.

Y en México esta historia tampoco es ajena

El fenómeno también tiene sentido en un país donde los videojuegos forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. De acuerdo con The Competitive Intelligence Unit (The CIU), México cuenta con alrededor de 76 millones de jugadores, convirtiéndose en uno de los mercados más importantes de América Latina.

Al mismo tiempo, el mercado continúa creciendo gracias a las ventas digitales, los servicios de suscripción y el comercio electrónico. Sin embargo, el aumento en el precio de las consolas y de muchos componentes para PC también ha cambiado la forma en que numerosos jugadores administran su presupuesto.

Videogames

Basta con ver lo ocurrido durante los últimos años. Cambiar de consola o actualizar una tarjeta gráfica dejó de ser una decisión impulsiva para convertirse en una compra que muchas personas planean durante meses y, cuando eso ocurre, abrir el backlog empieza a parecer una idea bastante más atractiva.

La culpa de tener juegos pendientes también cambia

La psicología económica habla de conceptos como la aversión al desperdicio y el efecto del costo hundido, ampliamente estudiado por el economista Richard Thaler. Muchos jugadores conocen perfectamente esa sensación: abrir Steam y descubrir veinte, treinta o incluso cien juegos pendientes puede generar cierta incomodidad.

Es dinero que ya se gastó y que parece no haberse aprovechado, pero cuando comprar hardware nuevo deja de ser una opción inmediata, el cerebro cambia la narrativa.

En lugar de pensar "compré demasiados juegos", empieza a decir algo mucho más optimista: "Bueno... en realidad tengo juegos para rato". Y eso cambia bastante la perspectiva, ya que lo que antes parecía un gasto desperdiciado comienza a sentirse como una inversión que todavía puede disfrutarse.

Videojuegos Pc

El lujo también cambia de forma

Para entender mejor este comportamiento, los economistas lo conocen como el efecto lápiz labial. La idea es sencilla: Cuando los productos más costosos dejan de ser accesibles, las personas no renuncian completamente al placer.

Simplemente buscan formas más económicas de obtenerlo y dentro del mundo gaming sucede algo parecido. Si cambiar de consola o actualizar la computadora deja de ser viable, muchos jugadores encuentran esa misma emoción redescubriendo un juego olvidado.

Un RPG comprado hace tres años durante una oferta de Steam puede sentirse casi como un estreno. Y lo mejor es que no hubo que gastar un solo peso más.

Tener menos opciones también puede ser una ventaja

Suena contradictorio, pero la psicología lleva años estudiándolo. El psicólogo Barry Schwartz describió este fenómeno como la paradoja de la elección y su conclusión era bastante simple.

Tener demasiadas opciones no siempre nos hace más felices; a veces ocurre exactamente lo contrario. Dentro del mundo gaming moderno, resulta muy fácil caer en ese ciclo, especialmente por ciertos factores: cada semana aparecen nuevos lanzamientos, llegan remasterizaciones, servicios de suscripción, descuentos, ediciones definitivas y siempre existe otro juego que parece imprescindible.

Jugar Videojuegos

Cuando el presupuesto obliga a cerrar temporalmente esa puerta, ocurre algo inesperado: las decisiones disminuyen. Y el cerebro deja de preguntarse cuál debería ser la siguiente compra para concentrarse, por fin, en disfrutar el juego que ya tenía instalado desde hace meses.

Las ofertas digitales también ayudaron a construir el backlog

El backlog no apareció únicamente porque los jugadores compraran demasiado, sino que las propias tiendas digitales también ayudaron a construirlo. Steam, PlayStation Store, Xbox Store y Nintendo eShop acostumbraron durante años a millones de usuarios a temporadas de descuentos donde parecía buena idea comprar varios títulos "por si algún día había tiempo".

Con el paso de los años, las bibliotecas crecieron mucho más rápido que el tiempo disponible para terminarlas. Ahora que renovar el hardware representa una inversión mucho mayor, esas compras impulsivas empiezan a verse desde otra perspectiva.

Lo que antes parecía una lista interminable de pendientes hoy puede sentirse como una colección de juegos lista para estrenarse.

Consolas

Quizá el verdadero estreno siempre estuvo ahí

Existe una ironía bastante interesante en todo este fenómeno. Mientras la industria busca convencer a los jugadores de comprar la siguiente consola, la siguiente tarjeta gráfica o el próximo gran lanzamiento, muchos están redescubriendo juegos que llevaban años esperándolos en su propia biblioteca.

No porque esos títulos hayan cambiado; lo que cambió fue el contexto. Cuando actualizar el hardware deja de ser una decisión sencilla, aquello que parecía una lista de pendientes empieza a sentirse como una colección de oportunidades.

Quizá el backlog nunca fue realmente un problema. Solo necesitaba el momento adecuado para dejar de verse como una deuda pendiente y convertirse en lo que siempre fue: horas de entretenimiento que ya estaban ahí, esperando que alguien volviera a darles clic.

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