Durante años, la industria del entretenimiento ha intentado responder la misma pregunta: si hoy cualquiera puede ver una película desde el sofá de su casa, ¿por qué las salas de cine siguen llenándose para algunos estrenos? Alejandro Ramírez, director general de Cinépolis, cree haber encontrado una respuesta sorprendentemente sencilla: "Todos tenemos una cocina y seguimos yendo a restaurantes".
La frase apareció durante una entrevista con Expansión, pero detrás de esas pocas palabras hay décadas enfrentando predicciones sobre el supuesto fin del cine. También hay una explicación respaldada por la psicología y el comportamiento del consumidor: las personas no buscan únicamente contenido; buscan experiencias que valga la pena compartir.
Una cocina y un restaurante no venden exactamente lo mismo
A simple vista, la comparación parece hablar únicamente de películas; en realidad, habla de cómo elegimos vivir ciertas experiencias. Alejandro Ramírez no estaba diciendo que ver una película en casa sea peor que hacerlo en una sala de cine. Lo que intentaba explicar es que hay actividades cuyo valor no depende únicamente del producto, sino de todo lo que ocurre alrededor.
Todos tenemos una cocina y podemos preparar la cena cualquier noche de la semana. Y, aun así, millones de personas siguen reservando una mesa para celebrar un cumpleaños, reunirse con amigos o simplemente romper la rutina. Al final, casi nadie va a un restaurante porque no tenga estufa en casa, sino que va porque busca algo diferente. Para Ramírez, el cine funciona exactamente bajo esa misma lógica.
Las plataformas permiten ver prácticamente cualquier película desde el sofá, pero eso no elimina las ganas de compartir un estreno frente a una pantalla gigante, con sonido envolvente y una sala llena de personas reaccionando al mismo tiempo. Porque, seamos honestos, hay películas que funcionan perfectamente desde casa. Y hay otras que simplemente se sienten distintas cuando las luces se apagan.
El cine ya había sobrevivido a otras "sentencias de muerte"
La industria cinematográfica ha sido declarada "muerta" más de una vez. Primero apareció el VHS, después llegó el DVD y más tarde las pantallas Full HD, los sistemas de sonido envolvente y los televisores cada vez más grandes prometían llevar la experiencia del cine al hogar.
Y cuando Netflix comenzó a crecer, la conversación regresó con mucha más fuerza. La pandemia pareció confirmar todas esas predicciones y, durante meses, las salas permanecieron cerradas mientras el streaming alcanzaba cifras históricas de consumo.
Todo apuntaba a que el cine perdería definitivamente su lugar, pero ocurrió algo que muy pocos esperaban. Cuando los complejos reabrieron, millones de personas volvieron para ver películas como Spider-Man: No Way Home, Top Gun: Maverick, Barbie, Oppenheimer e Intensamente 2.
La comodidad de ver películas desde casa nunca desapareció. Pero tampoco desaparecieron las ganas de vivir ciertos estrenos acompañado de cientos de personas.
La psicología también explica por qué seguimos yendo al cine
Lo curioso es que la idea de Alejandro Ramírez también encuentra respaldo en la psicología. Durante años, el psicólogo Thomas Gilovich, profesor de la Universidad de Cornell, ha estudiado una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué hace más felices a las personas, comprar cosas o vivir experiencias?
Sus investigaciones muestran que, con el paso del tiempo, las experiencias suelen generar una satisfacción más duradera que las posesiones materiales. La razón es que terminan formando parte de nuestra identidad, fortalecen las relaciones sociales y construyen recuerdos compartidos.
Ir al cine no consiste únicamente en ver una película. También implica salir con amigos, comentar la historia al terminar la función, sorprenderse junto al resto del público o convertir un estreno en un recuerdo.
Visto así, la comparación entre una cocina y un restaurante deja de ser una metáfora sobre el entretenimiento y se convierte en una explicación del comportamiento humano.
Así respondió Cinépolis al cambio
Los datos ayudan a entender por qué Alejandro Ramírez llegó a esa conclusión. De acuerdo con el informe anual de CANACINE, durante 2024 se vendieron 217 millones de boletos en México, una disminución cercana al 7% respecto al año anterior. En promedio, cada mexicano asistió al cine 1.64 veces, todavía por debajo de las 2.77 visitas registradas antes de la pandemia.
A primera vista, podría parecer una mala noticia para la industria; sin embargo, la historia completa dice algo distinto. México continúa siendo uno de los mercados cinematográficos más importantes del mundo y uno de los países con mayor asistencia a salas.
Más que desaparecer, el cine parece haberse convertido en una salida mucho más selectiva: hoy el público reserva esa experiencia para los estrenos que realmente siente que vale la pena vivir en pantalla grande.
Ese cambio explica buena parte de las decisiones que Cinépolis ha tomado durante los últimos años. En lugar de competir contra Netflix ofreciendo más contenido, la empresa apostó por algo que una televisión difícilmente puede reproducir.
Por eso fortaleció formatos como IMAX, 4DX, Macro XE, ScreenX y las salas VIP, además de ampliar su oferta con conciertos, óperas, eventos deportivos, funciones especiales de anime y contenidos alternativos a través de +Que Cine. La apuesta era bastante clara: si las personas podían ver una película desde casa, entonces el cine tenía que ofrecer una razón para salir.
Y lo interesante es que esa estrategia llegó mientras la empresa seguía creciendo. Cinépolis nació en Morelia, Michoacán, en 1971, cuando Organización Ramírez abrió su primer complejo cinematográfico. Más de cinco décadas después, opera más de 6,800 salas en 18 países, lo que la convierte en una de las cadenas de exhibición cinematográfica más grandes del mundo.
Lo curioso es que buena parte de esa expansión ocurrió precisamente mientras muchos anunciaban el supuesto final del cine. En lugar de resistirse al cambio, la empresa aprendió a convivir con él.
La historia detrás de una frase
De esa forma, la comparación entre una cocina y un restaurante parece una frase sencilla. Pero detrás de esas pocas palabras hay más de veinte años viendo cambiar la tecnología, enfrentando predicciones sobre el supuesto final del cine y adaptando un negocio que ha sobrevivido a cada nueva forma de consumir entretenimiento.
Por eso la frase de Alejandro Ramírez sigue teniendo sentido. Durante años, cada nueva tecnología parecía anunciar el final de las salas; sin embargo, ninguna consiguió reemplazar por completo aquello que ocurre cuando las luces se apagan y cientos de personas reaccionan al mismo tiempo frente a una misma historia.
Porque una película puede verse prácticamente en cualquier pantalla, lo que sigue siendo mucho más difícil de reproducir desde casa es todo lo que ocurre alrededor de ella. Esa podría ser la verdadera apuesta del cine: recordar que algunas historias no se ven, también se viven.
En Xataka México | Durante años pensamos que la generación Z había abandonado el cine. Ahora resulta que es la que más boletos compra
En Xataka México | Cinépolis quiere trasladar la experiencia de comprar boletos para el cine a internet en México, pero está lejos de lograrlo
Ver 1 comentarios