La gran paradoja de la IA: no destruirá todo el empleo, pero casi nadie está preparado para reinventarse

En un futuro, 25 millones de puestos cambiarán de funciones y otros 11 millones obligarán a aprender una profesión distinta

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Coordinador Editorial Senior
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He jugado videojuegos desde que tengo memoria, apasionado de la tecnología y desde hace poco del comercio electrónico y los servicios de streaming. Soy un afortunado por ser parte del equipo de Xataka México y siempre dedico mi máximo esfuerzo en todas las publicaciones del sitio.

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A principios de los años 80, la profesión contable entró en pánico ante la aparición de una nueva herramienta que prometía arrasar con sus puestos: la hoja de cálculo electrónica. Las áreas dedicadas a realizar sumas y balances a mano desaparecieron prácticamente de la noche a la mañana; sin embargo, los contadores no se extinguieron, sino que pasaron a asumir otras responsabilidades de análisis financiero y estrategia.

Más de cuatro décadas después, la IA reaviva esa misma inquietud, con la diferencia de que el impacto amenaza a casi todo el mercado laboral de forma simultánea. Un informe elaborado por McKinsey pone números a este fenómeno y sugiere un desenlace muy similar al de aquella transición informática: el trabajo no se acaba, pero se transforma radicalmente.

Menos horas requeridas, no necesariamente despidos en masa

Según las proyecciones de McKinsey, para 2035 la automatización impulsada por IA absorberá una demanda equivalente a 36 millones de empleos de tiempo completo únicamente en EE. UU. Esta métrica refleja horas de trabajo que dejarán de ser indispensables debido al tiempo que ahorra la tecnología, no una cifra directa de personas despedidas.

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De ese total de 36 millones de plazas equivalentes, cerca de 25 millones se absorberán dentro de las mismas ocupaciones: los colaboradores mantendrán su puesto, pero sus actividades diarias cambiarán de forma sustancial. Los 11 millones restantes —alrededor del 6.5% de la fuerza laboral de EE. UU.— sí requerirán una reconversión completa para migrar a otros oficios. De ahí que McKinsey señale que "el desafío de la próxima década es la movilidad (de empleo), no la escasez".

Las estimaciones de la consultora empatan con las del estudio de 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, que prevé la reubicación de aproximadamente 92 millones de empleos a escala global hacia roles que demandarán nuevas habilidades. Un empleo cualquiera es en realidad un conjunto de diversas tareas: cuando los algoritmos absorben los procesos repetitivos, las actividades restantes (criterio, resolución de problemas, supervisión y empatía humana) siguen en manos de las personas. Por lógica, abaratar un proceso suele disparar la demanda total de ese servicio en el mercado, una dinámica conocida como el efecto Jevons.

El desarrollo de software sirve como termómetro de esta transición. Después del desplome registrado desde 2022, las vacantes para programadores en la plataforma Indeed repuntaron casi un 15% desde febrero de 2025, mientras la contratación general cayó un 7%. Aun así, el volumen del sector permanece un 27.5% por debajo de los niveles previos a la pandemia. La trampa radica en que el 71% del repunte se concentra en vacantes sénior: se busca experiencia comprobada, al tiempo que las posiciones iniciales o júnior sufren el mayor recorte porque la IA resuelve justo las tareas elementales que antes servían de entrenamiento para los recién egresados.

Una transición muy compleja

Saber que habrá empleo no garantiza que cualquiera pueda acceder a él. McKinsey divide estas transiciones ocupacionales en tres categorías:

  • Ruta directa: exige una capacitación breve, no castiga el sueldo y se apoya en cambios en sus funciones dentro de perfiles muy parecidos.
  • Ruta indirecta: obliga al trabajador a capacitarse a fondo para incursionar en una disciplina diferente, asumiendo con frecuencia un sueldo inicial inferior.
  • Ruta sin pavimentar: la más empinada de todas, con amplias brechas técnicas, la exigencia de certificaciones complejas y recortes en sus ingresos.
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Los pronósticos calculan que apenas uno de cada siete trabajadores contará con una transición directa hacia un nuevo rol, mientras que el 41% transitará por la vía indirecta y un 45% deberá recorrer el camino sin pavimentar.

El golpe más duro recae en los sueldos bajos

El informe subraya que más del 75% de quienes necesitarán cambiar de giro laboral provienen de áreas administrativas, comercio minorista y logística o transporte —sectores con salarios tradicionalmente castigados—. Un perfil de bajos ingresos tiene 7.6 veces más probabilidades de verse forzado a este cambio que alguien con sueldos altos. Además, únicamente el 10% de los trabajadores del escalón salarial más bajo tendrá un camino directo a otra vacante, frente a casi el 40% del personal con mayores ingresos.

El escenario internacional muestra patrones similares. En México cada vez existen más empresas trabajando con IA, pero nadie sabe sacarle el máximo provecho. El análisis de Funcas advierte que el verdadero desafío no reside en si surgirán oportunidades, sino en la rapidez con la que empresas y trabajadores logren adaptarse a las nuevas exigencias técnicas.

Imagen | Pixabay

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