“Me equivoqué en varias cosas, pero sobre todo en la velocidad”: Sam Altman admite que las empresas no adoptaron la IA como esperaba

Las empresas no avanzan tan rápido

Sam Altman
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Coordinador Editorial Senior
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He jugado videojuegos desde que tengo memoria, apasionado de la tecnología y desde hace poco del comercio electrónico y los servicios de streaming. Soy un afortunado por ser parte del equipo de Xataka México y siempre dedico mi máximo esfuerzo en todas las publicaciones del sitio.

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Sam Altman calculaba que, tras la llegada de GPT-4, la transformación del mundo corporativo ocurriría a un ritmo mucho más acelerado. Sin embargo, en una reciente charla ⁠con David Senra, el director general de OpenAI ⁠confesó su error de cálculo: “Me equivoqué en unas cuantas cosas, pero sobre todo en la velocidad: la economía tiene demasiada inercia”.

Altman preveía que el software corporativo sufriría una disrupción inmediata y que una nueva ola de startups desplazaría a los gigantes consolidados, alterando procesos de negocio a toda velocidad. La realidad ha sido muy distinta.

La barrera no está en la tecnología

Aunque los modelos han dado saltos gigantescos desde que ⁠GPT-4 debutó en 2023, las organizaciones no se transforman a la misma velocidad con la que se actualizan las APIs. Reemplazar flujos de trabajo tradicionales exige integrar sistemas complejos, pasar auditorías de seguridad, migrar bases de datos, capacitar al personal y convencer a los clientes.

Son demasiados pasos intermedios: mientras que abrir ChatGPT toma segundos, reestructurar la operación de una compañía puede tomar años. Por más avances que presenten los modelos, el ritmo corporativo sigue siendo humano.

El impacto en el consumidor final fue inmediato: ChatGPT se convirtió en la plataforma que ⁠más rápido llegó a los 100 millones de usuarios en la historia (antes de que ⁠Threads le quitara la marca con ayuda de Instagram). 

Altman pensaba que la IA aceleraría este cambio, pero ahora admite que el costo de abandonar viejas infraestructuras pesa casi tanto como las ventajas de adoptar las nuevas.

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Un respiro inesperado

Pese a todo, el líder de OpenAI ve el lado positivo: esa misma lentitud podría amortiguar el impacto del cambio y permitir una transición más ordenada. Cuando la inercia económica frena una revolución tecnológica abrupta, también evita disrupciones descontroladas.

Aunque las startups del sector busquen vender soluciones de inmediato, asimilar saltos tecnológicos profundos requiere tiempo, y Altman reconoce que esto no necesariamente es algo negativo.

La historia de la tecnología suele repetir el mismo patrón: sobreestimamos lo que una innovación puede lograr a corto plazo y subestimamos su impacto a largo plazo. Con la inteligencia artificial nos encontramos justo en ese valle intermedio donde, pasado el entusiasmo inicial, los cambios profundos aún no son tan evidentes a simple vista.

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