Moris Dieck, coach financiero: "Si eres 1 por ciento mejor todos los días, a la larga vas a tener un crecimiento exponencial"; así convirtió una fórmula matemática en una lección para la vida

Moris Dieck no creó su frase pensando en la motivación, sino en el interés compuesto.

Moris Dieck
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Samantha Guerrero

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Por mucho tiempo, las matemáticas utilizaron una idea muy sencilla para explicar cómo crece el dinero. No hacía falta duplicar una inversión de un día para otro; bastaba con obtener pequeños rendimientos constantes para que, con el paso del tiempo, el interés compuesto hiciera el resto.

Lo curioso es que esa lógica casi nunca impresiona al principio. Durante semanas, o incluso meses, parece que no ocurre gran cosa, pero el verdadero cambio aparece después, cuando todos esos pequeños avances empiezan a acumularse. Años más tarde, esa misma idea terminaría convirtiéndose en una de las frases más conocidas de Moris Dieck: "Si eres 1 % mejor todos los días, a la larga vas a tener un crecimiento exponencial".

Aunque hoy suele compartirse como un consejo de desarrollo personal, en realidad nació de un principio matemático que durante siglos explicó cómo crece el dinero y que Moris terminó llevando mucho más allá de las finanzas.

Todo empezó con una idea financiera

Mucho antes de convertirse en uno de los divulgadores financieros más conocidos de México, Moris Dieck era un estudiante de ingeniería con un interés poco común por las finanzas.

Mientras muchos buscaban libros sobre liderazgo o motivación, él prefería leer sobre inversiones, economía y mercados financieros. Y conforme avanzaba en esas lecturas, empezó a notar algo que se repetía una y otra vez.

Las grandes fortunas casi nunca aparecían por un solo movimiento brillante. Lo normal era que fueran el resultado de muchas decisiones pequeñas tomadas durante años, y esa idea terminaría acompañándolo durante toda su carrera.

El problema era que todos buscaban el atajo

Cuando comenzó a impartir cursos y conferencias, Moris pensó que el mayor reto sería explicar conceptos financieros complejos de una forma sencilla.

Pero muy pronto se dio cuenta de que las preguntas siempre eran las mismas: ¿Cuál es la mejor inversión? ¿Cómo puedo hacerme rico rápido? ¿Dónde está el negocio que nadie conoce?

Con el tiempo entendió que el verdadero problema no era la falta de información financiera, era la expectativa de que debía existir un atajo. Y fue precisamente esa idea la que empezó a cuestionar.

Siempre volvía al mismo concepto

Mientras preparaba sus clases y conferencias, había un tema al que regresaba constantemente: el interés compuesto. En matemáticas financieras, este principio explica que los intereses generados por una inversión también empiezan a producir nuevos intereses. En otras palabras, el crecimiento deja de ser lineal y comienza a acelerarse con el tiempo.

Lo interesante casi nunca ocurre el primer día, ni el segundo, ni el décimo. Sucede cuando cientos de pequeñas ganancias terminan acumulándose y fue entonces cuando Moris se hizo una pregunta distinta: ¿Y si esa misma lógica también pudiera aplicarse a las personas?

Finanzas

La idea del "1 % mejor cada día" no es solo una metáfora. Matemáticamente también tiene sentido. Si una mejora del 1 % se mantiene todos los días durante un año, el resultado equivale aproximadamente a multiplicar ese progreso por 37.8. 

En cambio, empeorar apenas 1 % diario lleva el resultado prácticamente a cero. Esa es precisamente la lógica detrás del interés compuesto: pequeños cambios que parecen insignificantes al principio terminan produciendo diferencias enormes cuando el tiempo hace su trabajo.

Ahí cambió todo

La respuesta terminó convirtiéndose en una filosofía. En lugar de hablar únicamente de dinero, empezó a hablar de hábitos, disciplina, aprendizaje y pequeñas decisiones repetidas todos los días.

Así nació una de las frases que hoy mejor resume su trabajo como divulgador. Ya no hablaba solamente de ahorrar más, también hablaba de leer unas páginas adicionales, aprender una habilidad nueva, mejorar un proceso de trabajo o hacer hoy algo apenas mejor que ayer.

La ciencia terminó reforzando esa idea

Lo interesante es que, con el paso de los años, distintas áreas de la psicología comenzaron a describir un fenómeno muy parecido. Las investigaciones sobre formación de hábitos muestran que los grandes cambios rara vez aparecen como consecuencia de esfuerzos extraordinarios.

Lo más frecuente es que sean el resultado de pequeñas acciones repetidas durante largos periodos. Por eso libros como Hábitos Atómicos, de James Clear, popularizaron una idea muy similar: mejorar apenas un pequeño porcentaje cada día puede producir transformaciones enormes cuando esas mejoras se mantienen en el tiempo.

Lo que Moris explicaba desde las finanzas encontraba respaldo en la psicología del comportamiento.

Conferencista

Su propia carrera terminó demostrando la frase

Quizá lo más interesante es que el propio recorrido profesional de Moris Dieck funciona como un ejemplo de esa filosofía. Mucho antes de llenar auditorios, publicar libros o convertirse en uno de los creadores de contenido financiero más influyentes de México, organizaba pequeños espacios de educación financiera dentro de la empresa donde trabajaba.

No eran grandes conferencias, ni eventos masivos: eran conversaciones periódicas con personas interesadas en aprender a manejar mejor su dinero. Después llegaron los videos, más tarde el pódcast, luego los libros y finalmente las conferencias.

Visto en retrospectiva, su carrera parece construida exactamente igual que la idea que hoy comparte: pequeñas mejoras sostenidas que terminaron produciendo un crecimiento mucho mayor de lo que parecía posible al principio.

México también explica por qué esa idea conectó con tanta gente

La historia de Moris también coincide con un cambio importante en México. Durante muchos años, hablar de educación financiera parecía un tema reservado para especialistas. Hoy ocurre exactamente lo contrario.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), elaborada por el INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), incluso mide si las personas comprenden conceptos como el interés simple y el interés compuesto, además de evaluar hábitos como elaborar presupuestos, registrar gastos o ahorrar de manera constante.

No es casualidad. El mismo concepto matemático que inspira la frase de Moris hoy forma parte de los indicadores con los que México intenta medir su educación financiera.

Los resultados también muestran un contraste interesante. La ENIF 2024 señala que 79.8 % de los adultos ya cuenta con al menos un producto financiero formal, el nivel más alto desde que comenzó la medición.

Dieck

Pero tener una cuenta bancaria o una aplicación para invertir no significa necesariamente saber utilizarlas: entrar al sistema financiero es apenas el primer paso y desarrollar buenos hábitos sigue siendo el verdadero reto.

Una frase que terminó hablando mucho más que de dinero

Esa podría ser la razón por la que la frase sigue compartiéndose incluso entre personas que nunca han invertido un solo peso. Porque, en el fondo, ya no habla de intereses compuestos, sino del poder que tienen las pequeñas decisiones cuando se repiten todos los días.

La propia ENIF 2024 muestra que, aunque el acceso a productos financieros ha crecido, el nivel de alfabetización financiera del país prácticamente no ha cambiado desde 2018.

En otras palabras, hoy millones de personas tienen más herramientas para ahorrar, invertir o solicitar un crédito, pero eso no significa que hayan desarrollado mejores hábitos para tomar decisiones.

Ahí es donde la idea de Moris cobra sentido. Ese 1 % puede ser muchas cosas: el libro que decides terminar, el entrenamiento que no cancelas, el ahorro que mantienes durante meses o esa habilidad que practicas unos minutos todos los días.

Al final, la frase nunca fue una invitación a hacerse rico de la noche a la mañana, sino que fue exactamente lo contrario. La conclusión a la que Moris Dieck llegó después de estudiar durante años el interés compuesto: que los cambios más grandes casi siempre empiezan con algo tan pequeño que, al principio, parece no hacer ninguna diferencia.

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