La NASA fija un contundente objetivo para los próximos 10 años: poner una base en la Luna. Jeff Bezos ayudará a lograrlo

La NASA fija un contundente objetivo para los próximos 10 años: poner una base en la Luna. Jeff Bezos ayudará a lograrlo

El compromiso de establecer una presencia permanente en la Luna sigue firme, y la política de investigación espacial parece ser no reparar en gastos.

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Wilson Vega

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Wilson Vega

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Fanático de la tecnología, el cine y la cultura pop. Periodista de profesión y geek por vocación, apasionado de la inteligencia artificial y la robótica en la ciencia ficción y en el mundo real. A veces, el éxito significa ser el primero en fracasar.

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La NASA anunció hoy una baraja de contratos para el desarrollo de vehículos lunares con capacidad para transportar tripulación y módulos de aterrizaje de carga no tripulados con destino a la Luna. La revelación, en una sesión informativa en la sede de la agencia en Washington, arroja luces sobre el programa Base Lunar, los plazos de lanzamiento previstos y los próximos hitos para preparar la llegada de los astronautas del programa Artemis a la región del Polo Sur del satélite.

Los datos demuestran que la NASA no está pensando en simplemente repetir el “pequeño paso” de Neil Armstrong y que sus intenciones son usar la Luna como antesala de una eventual misión a Marte. Para eso, no está diseñando menos que una ciudadela industrial que será el primer puesto de avanzada de Estados Unidos -y de la humanidad- en otro cuerpo celeste.

En palabras de Carlos García-Galán, ejecutivo del programa del proyecto Moon Base, está previsto que la base se extienda por "cientos de kilómetros cuadrados". Eso daría a la base lunar una huella aproximadamente del tamaño de una ciudad.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, declaró: “Cada misión, tripulada o no, será una oportunidad de aprendizaje a medida que regresemos a la superficie lunar, construyamos la infraestructura necesaria para permanecer allí y dominemos las destrezas necesarias para vivir y trabajar en uno de los entornos más exigentes y peligrosos que se pueda imaginar. Iremos en busca de la ciencia, por todo lo que tenemos que ganar desde una perspectiva económica y tecnológica, por las innovaciones que mejorarán la vida aquí en la Tierra y para prepararnos para el próximo destino al que inevitablemente nos dirigiremos a continuación”.

Los retos de vivir en la Luna

El comienzo del ambicioso proyecto se desarrollará en tres etapas, previstas para este año. La primera tiene previsto un alunizaje en el otoño de 2026. Más tarde se lanzará la segunda, que transportará más de 500 kilogramos de carga a bordo del módulo de aterrizaje Griffin de Astrobotic, incluyendo el rover FLIP de Astrolab. La tercera fase incluirá cargas útiles de la ESA (Agencia Espacial Europea) y del Instituto Coreano de Astronomía y Ciencias Espaciales.

Base Lunar

Estas son las primeras de más de una docena de misiones que serán anunciadas este año. Cada una está diseñada para producir datos operativos y reducir riesgos en anticipación a las actividades en la superficie de las misiones tripuladas del programa Artemis.

Al leer las explicaciones de la agencia, queda claro que el desafío de colonizar la Luna no tiene precedente. El relieve de la zona, por ejemplo, obliga a poner los hábitats en los picos de los cráteres para tener luz solar casi continua.

Sin embargo, “continua” no significa lo mismo en la Luna que en la Tierra. Cada día lunar y cada noche lunar duran unos 14 días terrestres. Eso significa que cualquier base lunar experimentará dos semanas de oscuridad seguidas de dos semanas de luz. Por eso está claro que una ciudadela requerirá de energía secundaria y, para eso, se planea usar fisión nuclear.

Con ese fin, la NASA desarrolla un plan para construir un reactor espacial de “potencia media” que generaría al menos 20 kilovatios de energía eléctrica y podría operar en la Luna. La agencia espacial también trabajaría con proveedores externos para desarrollar reactores más pequeños con el objetivo de ponerlos en la Luna a finales de la década.

Una constelación de contratos

La NASA adjudicó contratos por 219 millones de dólares a Astrolab y por 220 millones de dólares a Lunar Outpost. Ambas son firmas especializadas rovers y vehículos robóticos multipropósito, lo que da a entender que la movilidad inicial en la superficie es un componente fundamental en las prioridades de la política espacial de EEUU.

Astrolab Clv 1

El administrador explicó: “El Vehículo Lunar Tripulado CLV 1 de Astrolab, adaptado a partir de la arquitectura FLEX de esa compañía, es un rover diseñado para transportar astronautas, trasladar suministros y dar apoyo en operaciones remotas”. El CVL 1 tiene una masa de aproximadamente 900 kilogramos y puede alcanzar la velocidad de vértigo de 10 km/h.

Como complemento a esa capacidad, el Pegasus de Lunar Outpost es una evolución de su rover Eagle y es capaz de conducir de forma manual, autónoma o teleoperada a velocidades superiores a los 14 km/h. Pegasus, indicó la NASA, incorpora tecnologías heredadas del programa Apolo.

Durante los próximos meses, los proveedores seleccionados finalizarán el diseño de los rovers. La Nasa informó que “está planeado ampliar las oportunidades para proveedores adicionales mediante concursos de acceso por etapas, fomentando un enfoque sólido y sostenible para la movilidad lunar y fortaleciendo las prioridades nacionales en materia de capacidades espaciales”.

El papel de Jeff Bezos

Blue Origin

Pero, por supuesto, una cosa es construir los rovers y otra llevarlos a la Luna. Para esta tarea, la NASA adjudicó a Blue Origin, la empresa de transporte aeroespacial del magnate Jeff Bezos, un contrato de 188 millones de dólares, con una opción de prórroga por un valor de 280,4 millones de dólares.

Esto provocó un cambio de prioridades para la firma, que a comienzos de año anunció que pausaría temporalmente los vuelos de turismo espacial para centrar más recursos en sus ambiciones lunares. La compañía afirmó en un comunicado que la pausa se extenderá, al menos, por dos años para enfocar sus recursos en el desarrollo, todavía incipiente, de las capacidades lunares humanas de la compañía.

Por eso, hay entre los observadores un cauteloso nerviosismo. Como lo puso Futurism: “Calificar los planes de la NASA para su base lunar como ‘ambiciosos’ sería quedarse muy corto. Por un lado, el módulo de aterrizaje Blue Moon de Blue Origin aún no ha logrado colocar una carga útil en órbita terrestre tras un intento fallido el mes pasado. Llegar a la Luna, aterrizar suavemente y soltar un módulo robótico probablemente resultará mucho más difícil”.

En total, hablamos de docenas de misiones a lo largo de los próximos 10 años, enfocados principalmente en solución es de movilidad de la tripulación inicial, que debería llegar en 2028. El objetivo a largo plazo es presencia humana sostenida en el Polo Sur lunar para la década de los 2030.

 

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