En un laboratorio silencioso, dos macacos rhesus escuchan Everybody (Backstreet’s Back) de los Backstreet Boys. Al sonar la base rítmica, levantan la mano y la bajan con precisión, siguiendo el pulso de la canción. No es un truco ni una casualidad, es el resultado de un experimento científico que está provocando una discusión sobre qué tan exclusiva es, en realidad, la musicalidad humana.
Según una investigación publicada en la revista Science, dos macacos rhesus fueron capaces de sincronizar sus movimientos con el ritmo de canciones reales tras un prolongado entrenamiento. La hazaña es relevante porque, durante años, se pensó que esta capacidad estaba limitada a los humanos y a algunas aves cantoras. El estudio sugiere que la percepción rítmica podría estar más extendida en el reino animal de lo que se asumía.
De seguir un metrónomo a marcar el pulso de los Backstreet Boys
De acuerdo con el estudio, los investigadores partieron de una ventaja clave: los macacos ya habían sido entrenados previamente para seguir un metrónomo. A partir de ahí, el reto fue aumentar la complejidad. Mediante un sistema de refuerzo con recompensas líquidas (agua o zumo), los animales aprendieron a golpear con una mano al ritmo de secuencias sonoras cada vez más elaboradas.
Con el tiempo, esas secuencias dejaron de ser simples pulsos y se transformaron en fragmentos de canciones reales, como la de los Backstreet Boys o A New England, de Billy Bragg. Para poner los resultados en perspectiva, los científicos repitieron las mismas pruebas con 18 personas. Humanos y monos lograron seguir el ritmo, pero con una diferencia crucial, pues mientras los humanos lo hacían de manera casi instintiva, los macacos necesitaron semanas o incluso meses de práctica intensiva.
¿El ritmo es una herencia primate o solo aprendizaje forzado?
Según el estudio, este resultado desafía la hipótesis dominante, que afirmaba que solo las especies con aprendizaje vocal como humanos o loros, podían sincronizar movimientos con un pulso externo. Los autores proponen una explicación alternativa: la llamada hipótesis de los cuatro componentes. Esta plantea que cualquier animal capaz de detectar patrones sonoros, anticipar el siguiente pulso, actuar en consecuencia y reforzar ese comportamiento podría desarrollar percepción rítmica.
De acuerdo a National Geographic, el hallazgo no implica que los macacos tengan una relación “natural” con la música, pero sí abre la puerta a pensar que los fundamentos neurológicos del ritmo podrían ser más antiguos en nuestra historia evolutiva. En otras palabras, la base estaría ahí, aunque en los humanos se manifieste de forma mucho más espontánea.
Un segundo estudio que refuerza (y matiza) la idea
En otro estudio publicado en la revista Current Biology, los investigadores también exploraron cómo los primates no humanos procesan patrones temporales y rítmicos. De acuerdo a esta investigación, los macacos pueden aprender a anticipar regularidades temporales y ajustar sus movimientos en función de ellas, incluso cuando los estímulos son complejos y no puramente mecánicos.
Este trabajo complementa lo observado en el primer estudio, los monos no improvisan ni “sienten” la música como los humanos, pero su cerebro sí puede adaptarse para reconocer regularidades temporales y responder a ellas de manera consistente cuando existe entrenamiento y refuerzo.
No obstante, no todos están convencidos. En un comentario publicado en Science, el neurocientífico Asif Ghazanfar y el musicólogo Gavin Steingo cuestionan el alcance evolutivo de estos resultados. Comparan el experimento con enseñar a un mono a andar en bicicleta; una habilidad posible mediante entrenamiento, pero que no dice mucho sobre capacidades innatas.
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