Existe una explicación desde la psicología para un rasgo que suele observarse en las personas mayores, en particular entre quienes nacieron entre 1945 y 1965. Se trata de la habilidad que distingue a esta generación: dar prioridad a los vínculos esenciales y no gastar energía en confrontaciones innecesarias.
No obstante, los especialistas hacen una puntualización fundamental: esto no implica que cada individuo perteneciente a este grupo demográfico goce de forma automática de un mayor equilibrio emocional. Este fenómeno se vincula de manera directa con el envejecimiento y la forma en que los seres humanos reconfiguran su noción del tiempo disponible.
Al respecto, la psicóloga Laura Carstensen, investigadora de la Universidad de Stanford, formuló la Teoría de la Selectividad Socioemocional, la cual postula que, al percibir que el horizonte temporal es más acotado, las personas comienzan a anteponer experiencias con un alto significado emocional.
Los conocidos como baby boomers abarcan a la población nacida entre 1946 y 1964, un intervalo definido por la explosión demográfica posterior a la Segunda Guerra Mundial. Gran parte de esta cohorte creció en un contexto de reconstrucción social y profundos ajustes económicos tras el conflicto bélico de 1939 a 1945.
Si bien no es exacto afirmar que todos los integrantes de esta generación vivieron los estragos directos de la guerra o padecieron hambrunas, la magnitud de aquellos cambios redefinió el entorno global y, con ello, las respuestas emocionales.
Lo que la evidencia psicológica respalda es que las vivencias acumuladas a lo largo de las décadas modelan las herramientas individuales para sortear crisis, demostrando que la madurez transforma prioridades y métodos de autorregulación.
La Teoría de la Selectividad Socioemocional
En lugar de sostener redes extensas por mero compromiso social o conveniencia, los adultos mayores suelen, en promedio, privilegiar las relaciones profundamente significativas y apartar aquellos contactos secundarios. Diversas investigaciones enmarcadas en este modelo teórico han documentado de forma precisa cómo se depuran los círculos sociales con los años.
Es la postura pragmática que muchos resumen con claridad cotidiana: "ya no tengo edad para perder el tiempo en eso". Asimismo, los estudios sobre el paso de los años y la afectividad revelan que las emociones tienden a mantenerse estables e incluso a mejorar con la madurez. Carstensen profundiza en los mecanismos de motivación, desempeño afectivo y regulación emocional en etapas avanzadas de la vida.
Esto esclarece por qué tantos adultos mayores encuentran mayor satisfacción en actividades sencillas: una plática tranquila, un reencuentro con amigos cercanos, una comida en familia o, simplemente, una jornada sin contratiempos.
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