Hace años no traíamos un cargador del celular con nosotros, sino una batería de repuesto. En 2027 volverá a suceder

Una medida de la UE busca desmontar prácticas que hacen más fácil desechar un equipo dañado que arreglarlo.

Derecho A Reparar
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Wilson Vega

Editor Sr
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En febrero de 2027, la Unión Europea comenzará a aplicar la medida más contundente tomada en cualquier jurisdicción para hacer que las baterías de los dispositivos electrónicos cumplan con sus rigurosos estándares de durabilidad, reparabilidad y sostenibilidad. Específicamente, deberán ser extraíbles y, en caso de que el usuario decida remplazarlas, deberá poderlo hacer él mismo.

La medida, que en palabras de sus promotores apunta a devolver a los usuarios el control sobre la tecnología que adquieren, y que busca desmontar prácticas que hoy hacen que efectivamente sea más fácil cambiar un equipo averiado por otro nuevo que arreglarlo, está enmarcada en una reglamentación ambiental más amplia sobre el Derecho a Reparar. En virtud de esa reglamentación del Parlamento Europeo, hemos visto anuncios que alguna vez resultaban impensables, como Nintendo preparando una Switch con batería extraíble y Apple lanzando la MacBook más reparable de su historia.

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El mandato de las baterías extraíbles llega provisto de implicaciones profundas. La sola determinación de que los dispositivos deberán tener baterías que el usuario pueda reemplazar fácilmente conlleva cambios a formas de producir sumamente arraigadas en la industria, como el uso de pegamentos y herramientas especializadas.

En el primer apartado, es necesario comprender que una batería pegada ahorra cruciales milímetros de grosor. Si se quita el pegamento se tienen que diseñar compartimentos, introducir jaulas metálicas o añadir tornillos de retención. Y hablando de tornillos…

La norma establece que cualquier persona debería poder abrir su dispositivo y extraer la batería con un destornillador común y corriente. Nada de disolventes químicos o pistolas térmicas para ablandar los pegamentos industriales que hoy en día fusionan la batería a la placa base.

Los detractores de la medida dicen que esta representa un paso atrás gigantesco en materia de diseño industrial porque en la práctica le pone un freno a la innovación física. Pero desde la perspectiva del regulador, el diseño monolítico actual fomenta un ciclo de reemplazo que a la larga resulta insostenible. Si cambiar la batería cuesta casi tanto como comprar un teléfono de gama media, pues el consumidor simplemente se compra un teléfono nuevo y desecha el anterior.

Y hay otro detalle técnico importantísimo: El fin del “emparejamiento de piezas por software”, en el que si un dispositivo detectaba que se le había instalado una batería que no provenía del canal oficial del fabricante, ponía al propio sistema operativo a actuar como un policía. Además, la ley exige que los fabricantes mantengan piezas de repuesto a precios razonables durante al menos cinco años.

Y no es todo: Se espera que los fabricantes recojan el 73% de las baterías portátiles -que normalmente irían a un basurero- antes de finales de esta década, y que recuperen el 80% del litio de baterías residuales para 2031. Las baterías deberán contener, a partir de 2027, una cantidad mínima determinada de materiales reciclados, como el 16% de cobalto.

¿Qué va a cambiar?

Pese a todas sus virtudes, el triunfo del Derecho a Reparar plantea retos de diseño considerables. Tendencias que hoy son la norma en la industria de los teléfonos inteligentes, como la miniaturización y la resistencia al agua, podrían desacelerarse o, incluso, revertirse. Esto es un desafío enorme para los fabricantes de celulares, pero es todavía más serio en campos de particular exigencia, como los auriculares de alta fidelidad o los anillos inteligentes.

Así que empresas como Apple, Samsung, Xiaomi y otras tendrán que replantearse cómo se ensamblan los teléfonos y está por verse cuáles de esos cambios se extenderán a otros mercados. Es de esperar que algunas marcas posicionen la reparabilidad y la longevidad como características en lugar de requisitos de cumplimiento, mientras que otras van a buscar agujeros en la norma.

Porque, aunque esta es política aplique en la UE, es poco probable que se quede solo allí. Mantener líneas de hardware separadas para Europa y el resto del mundo implica costos, y si nos guiamos por ejemplos recientes, como la obligatoriedad de adoptar el puerto USB-C, empresas como Apple terminan hallando más barato adoptarlo en todas partes.

O puede que Apple opte por otra vía. Desde 2023, la firma de Cupertino duplicó silenciosamente la vida útil del ciclo de batería del iPhone, pasando de 500 a 1.000. Tomó algo de tiempo entender que el reglamento de la UE que entra en vigor en 2027 incluye una exención: las baterías que alcanzan el 80% de su capacidad con 1.000 ciclos de carga se “saltan” por completo el requisito de reemplazo por el usuario. Así las cosas, todos los iPhone por encima del 14 recibirían el beneficio. Es concebible que los Samsung de alta gama puedan hacer algo parecido.

Pero para los Android baratos, las matemáticas son brutales. Un celular de menos de 200 dólares con una batería de 500 ciclos no puede alcanzar los 1.000 ciclos sin añadir grosor, eliminar la protección IP68 y, en general, elevar la lista de materiales, que según expertos representa aproximadamente entre 20 y 40 dólares. Computerworld lo llamó El fin del Android barato.

Sabremos qué pasará en febrero de 2027. Por ahora, más allá de la incuestionable victoria ecológica, el cambio sugiere el retorno a esas épocas casi olvidadas en que, en lugar de un cargador para su celular, uno llevaba en el bolsillo una batería de repuesto.

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