Gabriel Rubio, experto en alcoholismo: "La adicción no depende tanto de la cantidad que consumes, sino de para qué la consumes"

El experto nota que se desvanecen las diferencias en la edad a la que los jóvenes empiezan a beber

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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Los tiempos y las personas cambian. Hoy en día, el consumo de alcohol sale de los hogares y los jóvenes son cada vez menos propensos a beber de forma habitual. Así, as empresas del sector no les queda más opción que reinventarse con nuevos productos, formatos o incluso bebidas 'sin' que eliminan el alcohol de la ecuación.

Esto no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que también ha cambiado la sociedad. Sin embargo, hay ciertas cosas que se mantienen casi igual. Como comprueba en su día a día Gabriel Rubio, catedrático de Psiquiatría y experto en alcoholismo. Porque, según Rubio, las estadísticas van a la baja, pero existen razones detrás del consumo en la población que van más allá del gusto: la presión social.

"Es cierto que en la población juvenil no hay un incremento. Esas son las estadísticas y seguramente son reales; sin embargo, lo que nosotros vemos en la consulta clínica es que las solicitudes de ayuda por problemas asociados al alcohol tienen un componente estacional".

El experto precisa que la demanda aumenta sobre todo en enero y septiembre, después de las fiestas decembrinas y las vacaciones de verano. Algo similar, recuerda, ocurrió tras la pandemia, cuando se registró un repunte bastante marcado.

"La pandemia fue un punto de inflexión que generó un repunte que aún se mantiene. Lo que sí hemos notado año tras año es que la edad en la que las personas solicitan tratamiento por sus problemas es cada vez menor".

A su vez, Rubio indicó que las estadísticas comienzan a revertirse en el sentido de que cada vez más mujeres comienzan a solicitar ayuda en cuanto a la dependencia al alcohol. En paralelo, también apunta a que es cada vez más común que la edad promedio arranque a los 25 años. La tendencia coincide con un cambio en la forma de acercarse al alcohol. 

"La gente que tiene 40 o 50 años, cuando era joven y salía a divertirse, veía el alcohol como parte de las fiestas y reuniones familiares. En los últimos 25 años, hay jóvenes que salen exclusivamente a emborracharse. Este fenómeno de salir a intoxicarse o sedarse hace que la adicción aparezca mucho más temprano. Si antes tomaba de 10 a 15 años desarrollar una adicción, ahora toma mucho menos tiempo".

Pero, ¿esto quiere decir que exista una mayor conciencia social sobre el alcoholismo? Rubio reconoce que ha aumentado la información disponible tanto para los adolescentes como para sus padres, pero también observa casos en los que los jóvenes recurren a la bebida de manera directa y deliberada para emborracharse o desconectarse, y no como un elemento más del entretenimiento.

"Esto hace que la pérdida de control ocurra mucho antes. Y cuando se pierde el control, por lo general se derivan problemas sociales: multas, peleas, conflictos con amigos y familiares. Son estas complicaciones sociales las que presionan para pedir ayuda. Por lo tanto, no solo debemos atribuir esta solicitud temprana a que la gente esté más informada, sino a que las familias también están más sensibilizadas".
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La clave está en el "para qué y cómo bebemos". El experto recuerda que hace 50 años se bebía porque el vino o la cerveza formaban parte de la alimentación diaria. En las películas de los años 60 o 70, la gente comía con vino. El vino acompañaba las comidas. Pero esta costumbre ha cambiado con los años hasta hacerla poco común, salvo en ocasiones especiales o al salir a un restaurante.

"Se trata de cómo usamos el alcohol. Antes era casi indispensable en las comidas y ahora ya no. Hoy se asocia mucho más con el entretenimiento, con el consumo del fin de semana. Si antes se acompañaba con los alimentos, ahora se utiliza para aliviar el estrés, para desconectarse entre los jóvenes; funciona como ese anestésico que a veces representa el alcohol".

Es un fenómeno complejo y lleno de matices. Por ejemplo, The Conversation publicó un análisis en el que advierte sobre una doble tendencia: cada vez más jóvenes se declaran abstemios, pero también crece el porcentaje de adolescentes que beben diario. De hecho, este último grupo se duplicó en un lapso de cinco años, entre 2019 y 2024.

Además, no solo se equilibra el consumo por géneros; el experto también nota que se desvanecen las diferencias en la edad a la que los jóvenes empiezan a beber. Ya no hay gran distinción entre las zonas rurales, los municipios pequeños y las grandes ciudades. 

"El inicio está entre los 12 y 15 años, y se observa una equidad muy marcada entre hombres y mujeres. [...] Consumimos de la forma en que lo vemos en redes sociales y películas. Los estudios que comparan los patrones de consumo mediterráneos con los anglosajones muestran que este último es el que se está extendiendo".
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Lo que se mantiene es el papel del alcohol como herramienta de socialización, un "rito de iniciación" para adolescentes que les ayuda a sentirse integrados y adultos. Esto representa un problema porque ejerce una presión social que fomenta el consumo.

"Cuando eres adolescente lo haces porque prefieres sentirte parte de un grupo antes que quedar aislado. Sin embargo, si empezamos a utilizar el alcohol para aliviar estados emocionales negativos, abrimos la puerta a la adicción. Esa es la línea delgada que separa el consumo recreativo del consumo adictivo".

Por lo tanto, aclara que la idea persistente de que alguien es un dependiente del alcohol es por que bebe todos los días y que es casi un marginado social rechazado por su familia y seres queridos. Pero todo ello no es necesariamente verdad. Rubio reconoce que cuando la gente pregunta en qué momento deben encenderse las alarmas, suelen pensar en la cantidad de alcohol consumido. 

"La adicción al alcohol no depende tanto de la cantidad que consumes, sino de para qué la consumes. En otras palabras, el límite que separa el consumo recreativo de la adicción es cuando empezamos a utilizar el alcohol de manera constante para aliviar nuestros estados emocionales negativos".
"Si empiezo a tomar alcohol porque llego por las tardes estresado o cansado, y lo primero que hago al entrar a casa, en lugar de saludar a mi esposa o darle un beso a mi hijo, es ir directo al refrigerador por una cerveza. Si utilizo una sustancia, en este caso el alcohol, para mitigar emociones negativas, esa es la puerta de entrada a la adicción; ese es el verdadero foco rojo".

Rubio también reconoce que hay mucha "confusión" sobre si una persona se cura o no del abuso del alcohol. Aclara que esta dependencia no se cura en el sentido que tradicionalmente imaginamos como una sanación. Lo que sí existe, según indica, es la recuperación tras años de constancia. A las personas ya les importa muy poco si hay alcohol o no a su alrededor. Pero hace hincapié en lo fundamental que resulta que la gente sepa que sí es posible recuperarse y conozca cuáles son las etapas de este proceso.

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