La psicología explica por qué las personas que toman video con su celular sienten el derecho de que todos quieren ser grabados

La otra persona no necesariamente quiere convertirse en contenido.

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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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En los últimos años, una escena se volvió completamente normal en internet: alguien saca el celular en la calle, en el gimnasio, en un restaurante o incluso dentro del transporte público y comienza a grabar. A veces es para un vlog y otras para TikTok. Sin embargo, muchas veces simplemente porque "algo estaba pasando".

El problema es que cada vez más, las personas alrededor terminan convertidas en parte involuntaria del contenido. Y aunque desde afuera eso puede parecer únicamente falta de educación o búsqueda de atención, la psicología y la sociología llevan años estudiando cómo las redes sociales y los smartphones cambiaron la forma en que muchas personas perciben el espacio público.

El celular cambia la manera en que vemos a los demás

Cuando alguien levanta el teléfono para grabar, muchas veces deja de actuar como participante social y empieza a comportarse como si fuera un observador permanente de su propia vida.

Diversos análisis sobre cultura digital han encontrado algo interesante: la cámara modifica parcialmente la percepción emocional del entorno. Las personas alrededor dejan de sentirse completamente como individuos con privacidad, límites o incomodidades propias y comienzan a percibirse como parte de la escena que está siendo documentada.

El escritor Jason Okundaye abordó este fenómeno en un análisis para The Guardian, donde explica cómo internet y la búsqueda constante de viralidad erosionaron parte del código tácito de respeto que antes existía en espacios públicos. La lógica cambia silenciosamente: ya no importa solo vivir el momento, sino capturarlo.

Los smartphones crearon una cultura de vigilancia permanente

La sociología digital incluso tiene un término para describir parte de este fenómeno: sousveillance. A diferencia de la vigilancia tradicional, donde las instituciones observan a las personas, aquí son los propios ciudadanos quienes sienten el impulso constante de grabar y registrar todo lo que ocurre a su alrededor.

Cel Grabar

Un análisis publicado en el National Institutes of Health explica cómo los smartphones transformaron la experiencia cotidiana del espacio público, haciendo que muchas personas perciban el acto de documentar como algo automático o completamente normalizado.

El problema es que esa sensación de que todo puede grabarse suele ignorar algo básico: la otra persona no necesariamente quiere convertirse en contenido.

El cerebro también empieza a vivir la realidad en tercera persona

La psicología encontró otro efecto interesante: documentar obsesivamente el entorno puede alterar la manera en que se experimentan los momentos sociales. Algunos investigadores describen esto como una especie de percepción en tercera persona, donde la prioridad deja de ser vivir el momento y pasa a ser capturarlo desde afuera, casi como si la persona estuviera viendo una película de sí misma.

Eso también reduce parte de la empatía inmediata que normalmente aparece en interacciones cara a cara. Porque cuando alguien está concentrado en grabar, el cerebro muchas veces deja de procesar con la misma intensidad las emociones o incomodidades de quienes aparecen alrededor.

Situaciones

Podría aparecer una de las consecuencias más visibles de esta era digital: las personas dejan de sentirse ciudadanos compartiendo un espacio y comienzan a verse mutuamente como extras potenciales de contenido.

Cuando el contenido importa más que la persona

Parte del problema es que grabar no solo cambia la manera en que percibimos el entorno. También modifica cómo conectamos emocionalmente con las personas alrededor.

Diversos estudios sobre comportamiento digital han observado que, cuando alguien empieza a grabar, suele activarse cierta “distancia emocional”. El cerebro deja de enfocarse completamente en la experiencia humana que tiene enfrente y empieza a priorizar la captura del momento, la reacción futura en redes o el potencial viral del contenido.

Eso ayuda a explicar por qué tantas personas son capaces de filmar situaciones incómodas, accidentes, peleas o momentos vulnerables sin intervenir directamente. En internet existen miles de ejemplos donde el reflejo inmediato ya no es ayudar, sino sacar el celular.

Grabar

Y aunque no siempre ocurre de manera consciente, las propias plataformas digitales refuerzan ese comportamiento: mientras más impactante, raro o incómodo sea el video, mayor probabilidad tiene de captar atención.

Las redes sociales hicieron que muchas personas sientan que siempre tienen audiencia

Parte de esta conducta también está relacionada con un viejo concepto psicológico llamado audiencia imaginaria. El psicólogo David Elkind propuso esta idea en los años 60 para explicar por qué muchos adolescentes sienten que constantemente están siendo observados o evaluados por los demás.

Las redes sociales transformaron radicalmente esa dinámica. Existe en la actualidad algo que distintos investigadores llaman audiencia invisible, una masa abstracta de seguidores, likes y espectadores virtuales que las personas llevan mentalmente consigo incluso fuera de internet.

El resultado es que muchos usuarios empiezan a actuar en espacios públicos como si estuvieran permanentemente frente a una audiencia digital. Y si el cerebro siente que siempre hay espectadores mirando, entonces casi cualquier cosa puede percibirse como contenido potencial.

En México, grabar desconocidos ya se volvió parte de la cultura viral de internet

En México, el fenómeno se volvió especialmente visible con la explosión de TikTok, las entrevistas callejeras y la cultura de los videos virales. Durante años, las redes sociales han convertido escenas grabadas en espacios públicos en entretenimiento masivo: discusiones en restaurantes, peleas en el transporte público o los ya clásicos casos de "Lady" y "Lord" que terminan circulando durante días en internet.

Grabar Calle

El problema es que muchas veces las personas grabadas nunca dieron permiso para aparecer frente a millones de usuarios. La lógica parece haberse normalizado: si algo ocurre en público, entonces puede convertirse automáticamente en contenido.

Además, ocurre en uno de los países con mayor consumo digital de la región. El Estudio de Hábitos de Usuarios de Internet 2026 de la AIMX señala que los mexicanos pasan más de ocho horas diarias conectados a internet, con redes sociales y plataformas de video entre las actividades más frecuentes.

El problema no solo es grabar: es olvidar que enfrente existen personas

Los smartphones democratizaron la capacidad de documentar el mundo, pero también diluyeron parte de las barreras sociales que antes nos hacían pensar dos veces antes de apuntar una cámara hacia un extraño.

Porque al final, la mayoría de las personas no camina por la calle pensando que forma parte del contenido de alguien más. Pero internet cambió algo profundo: para muchos usuarios, la vida cotidiana dejó de sentirse únicamente como realidad y empezó a percibirse también como material potencial para una audiencia invisible.

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