Desde hace más de seis décadas, los Mundiales de fútbol tienen una banda sonora propia. Sin embargo, algo cambió en los últimos años. Las canciones oficiales ya no parecen construidas para representar exclusivamente a la nación anfitriona, sino para funcionar como productos culturales globales capaces de conectar simultáneamente con audiencias de América, Europa, África, Asia y Medio Oriente.
La transformación no ocurrió de la noche a la mañana, pero muchos investigadores y observadores coinciden en señalar un punto de inflexión: Sudáfrica 2010. Lo interesante es que no se trata únicamente de una cuestión musical. Detrás de esta evolución aparecen conceptos estudiados por la etnomusicología, la sociología del deporte y las investigaciones sobre globalización cultural.
Cuando los Mundiales sonaban al país anfitrión
La tradición de las canciones oficiales comenzó formalmente en Chile 1962 con El rock del Mundial. Durante décadas, los himnos estuvieron estrechamente ligados a las culturas anfitrionas.
México 1970 apostó por Fútbol México 70, con elementos sonoros asociados al país. España 1982 recurrió al paso doble interpretado por Plácido Domingo. México 1986 promovió"El mundo unido por un balón, una canción centrada en la integración latinoamericana. Italia 1990 presentó Un'estate italiana, una pieza profundamente vinculada al imaginario italiano.
Incluso cuando comenzaron a aparecer artistas internacionales, la lógica seguía siendo relativamente local. Francia 1998 encontró un éxito mundial con La Copa de la Vida de Ricky Martin, mientras Corea-Japón 2002 utilizó Boom de Anastacia y Alemania 2006 apostó por The Time of Our Lives de Il Divo y Toni Braxton. La FIFA buscaba una canción para acompañar al torneo. Todavía no parecía buscar una fórmula global.
Sudáfrica 2010 y el experimento que funcionó demasiado bien
Todo cambió cuando el Mundial llegó por primera vez al continente africano. La investigación publicada en Soccer & Society señala que la música desempeñó un papel fundamental en la construcción de la identidad sonora de Sudáfrica 2010. La organización del torneo promovió deliberadamente sonidos asociados con "lo africano" para proyectar una imagen cultural distintiva del evento y del país anfitrión.
En ese contexto apareció Waka Waka (This Time for Africa), interpretada por Shakira. La canción combinaba elementos africanos, latinos y pop internacional. Su coro retomaba fragmentos de Zangalewa, una canción camerunesa de los años ochenta. Su estructura estaba diseñada para la participación colectiva y para ser fácilmente reconocible en cualquier parte del mundo.
Los resultados fueron extraordinarios. Según los datos recopilados por diversas fuentes de la industria musical citadas por FIFA Watch y Beat Digital, Waka Waka superó los 15 millones de copias vendidas, acumuló miles de millones de reproducciones y se convirtió en el himno mundialista más exitoso de la era moderna. La FIFA había encontrado algo más valioso que una simple canción: una fórmula.
La ciencia detrás de los himnos globales
La explicación no está únicamente en la popularidad de Shakira. Las investigaciones académicas como las publicadas en Soccer & Society y en Sage Journals, destacan que los eventos masivos utilizan la música para construir identidad colectiva, generar pertenencia y producir experiencias compartidas entre personas que no necesariamente comparten idioma, nacionalidad o cultura.
Los elementos presentes en muchos himnos recientes responden precisamente a esa lógica:
- coros fáciles de recordar
- ritmos repetitivos
- estructuras participativas
- mensajes universales
- colaboraciones multinacionales
En otras palabras, canciones diseñadas para ser cantadas por decenas de miles de personas en un estadio y por millones más en plataformas digitales. La propia FIFA ha ido reforzando esta estrategia. Infobae documenta cómo los primeros himnos mundialistas estaban estrechamente vinculados a artistas y estilos locales, mientras que las ediciones recientes privilegian colaboraciones internacionales y ritmos globales.
Del país anfitrión al planeta entero
Después de 2010, los ejemplos se multiplicaron. Brasil 2014 presentó We Are One con Pitbull, Jennifer Lopez y Claudia Leitte. Rusia 2018 recurrió a Nicky Jam, Will Smith y Era Istrefi. Qatar 2022 apostó por Hayya Hayya, una colaboración entre artistas de América, África y Medio Oriente. En varios casos surgieron críticas similares: las canciones parecían representar mejor a la audiencia global que al país anfitrión.
Pero quizá ese era precisamente el objetivo. Las investigaciones sobre globalización cultural describen cómo los grandes eventos internacionales han dejado de construir identidades exclusivamente nacionales para producir narrativas transnacionales capaces de circular por mercados globales. Los himnos mundialistas parecen seguir exactamente esa lógica.
México 2026 confirma la tendencia
Si todavía existían dudas, el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá parece confirmar definitivamente el cambio. De acuerdo con Olympics, la FIFA abandonó la idea tradicional de una única canción oficial y apostó por un álbum completo, FIFA Sounds, integrado por artistas de múltiples países y géneros. El objetivo declarado es representar la diversidad cultural del torneo y de las 48 selecciones participantes.
La pieza principal, Dai Dai, reúne nuevamente a Shakira y al nigeriano Burna Boy. El álbum incluye además nombres como Rema, Davido, Tyla, Daddy Yankee, Los Ángeles Azules, Belinda, Nelly Furtado, Stormzy y Anitta. Resulta difícil imaginar una mejor demostración de cómo han cambiado las cosas. Hace décadas, los himnos del Mundial buscaban sonar al país anfitrión. Hoy buscan sonar al mundo entero. Y todo indica que la FIFA descubrió esa fórmula en Sudáfrica 2010. Desde entonces, no ha dejado de perfeccionarla.
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