Durante años, el gobierno federal ha apostado por el programa Jóvenes Construyendo el Futuro como la principal herramienta para reducir el número de jóvenes que no estudian ni trabajan, conocidos como “ninis”. Sin embargo, al llegar a 2026, la evidencia apunta a un problema persistente: la brecha no se ha cerrado, a pesar del aumento en el monto de la beca y de una inversión pública multimillonaria.
Según un reporte de El Economista, el programa, emblema de la política laboral juvenil desde 2019, enfrenta un reto estructural. Aunque ha logrado incorporar a millones de jóvenes como aprendices, no ha sido suficiente para erradicar la inactividad ni para garantizar una inserción sostenida en el empleo formal.
Un diagnóstico conocido desde el arranque del programa
Desde sus primeros meses de operación, en 2019, el diagnóstico ya advertía una población juvenil fuera del sistema educativo y del mercado laboral que superaba los 501,000 registros en apenas cuatro meses. Bajo el lema “becarios sí, sicarios no”, el programa se planteó alcanzar un millón de inscritos por año, con una inversión cercana a los 40,000 millones de pesos.
El problema apareció después, ya que la capacitación no siempre se tradujo en empleo. La informalidad y la escasez de plazas formales una vez concluido el apoyo limitaron el impacto real del programa y dejó intacta una parte importante de la brecha.
Casi la mitad de los jóvenes fuera del mercado laboral
De acuerdo al INEGI, para el cierre de 2025 México contaba con 30.4 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años. De ellos, 14.5 millones (el 47.7%) formaban parte de la Población No Económicamente Activa (PNEA). No todos pueden clasificarse como “ninis”, ya que una proporción relevante corresponde a mujeres dedicadas a labores de cuidado, pero el dato refleja la magnitud del desafío.
La tasa NEET, utilizada por la OCDE para medir a quienes no estudian ni trabajan, se mantiene estancada alrededor del 18.9%. A pesar de que más de 3.3 millones de jóvenes han pasado por Jóvenes Construyendo el Futuro desde su creación, el mercado laboral no ha absorbido a esta generación al ritmo necesario.
Menos beneficiarios y presupuestos ajustados
El programa tampoco ha sido ajeno a ajustes. Tras los primeros años de expansión, el padrón comenzó a mostrar signos de agotamiento. En 2024, el número de beneficiarios cayó a 213,630 jóvenes, una cifra muy lejana a las metas originales.
En 2025 se registró un repunte, con 378,628 aprendices incorporados, pero con una inversión de 16,012 millones de pesos que, descontando la inflación, quedó por debajo de los recursos destinados en los años iniciales. La política pública se mantiene, pero con menor alcance real.
Un problema que no es exclusivo de México
Según Statista, el fenómeno de los jóvenes que no estudian ni trabajan es global. Para 2025, la Organización Internacional del Trabajo estima que cerca de 262 millones de jóvenes en el mundo, uno de cada cuatro entre 15 y 24 años, se encuentran en esta situación. En América Latina, la tasa ronda el 19.6% y no ha mostrado descensos relevantes en los últimos años.
Esto coloca a México dentro de una tendencia regional, aunque con el agravante de una alta informalidad y una débil creación de empleo juvenil.
La Generación Z, entre desempleo e informalidad
Como anteriormente reportamos en Xataka México, los jóvenes de la Generación Z enfrentan un panorama laboral particularmente adverso. Tan solo entre abril y junio de 2025, más de 400,000 personas de entre 15 y 24 años perdieron su empleo, mientras otros grupos de edad lograron ganar plazas laborales.
Además, quienes sí trabajan lo hacen, en su mayoría, en la informalidad. El 67.3% de los jóvenes empleados carece de prestaciones y estabilidad, lo que limita su autonomía económica y refuerza el riesgo de caer en la inactividad.
Más beca, mismo reto estructural
Para 2026, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social se ha fijado como meta incorporar a 500,000 jóvenes al programa. El principal atractivo será el aumento de la beca a 9,582 pesos mensuales, impulsado por el alza de 13% al salario mínimo, con un presupuesto de 25,173 millones de pesos.
Aun así, la crítica persiste. Como también informamos antes, la mitad de la Generación Z no resistiría seis meses sin ingresos, lo que evidencia que el problema va más allá del subsidio. El reto no es solo repartir recursos, sino convertirlos en un puente real hacia la productividad y el empleo formal.
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