La visita de Trump y los CEO de empresas estadounidenses a Beijing deja algo clarísimo al mundo: China ya no los necesita (tanto)

La visita de Trump y los CEO de empresas estadounidenses a Beijing deja algo clarísimo al mundo: China ya no los necesita (tanto)

A simple vista, se trató de una demostración de fuerza colosal. Entonces, ¿por qué huele a desesperación?

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Trump En China
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Wilson Vega

Editor Sr
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Wilson Vega

Editor Sr

Fanático de la tecnología, el cine y la cultura pop. Periodista de profesión y geek por vocación, apasionado de la inteligencia artificial y la robótica en la ciencia ficción y en el mundo real. A veces, el éxito significa ser el primero en fracasar.

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El Air Force One es ampliamente considerado como uno de los aviones más poderosos y seguros del mundo. Funciona como un centro de mando móvil con capacidad de reabastecimiento en pleno vuelo, protección contra ataques nucleares y comunicaciones avanzadas para que el presidente de EEUU pueda realizar toda clase de tareas a bordo, de dirigir una reunión de su gabinete a ordenar un ataque nuclear. Cuando aterrizó esta semana en Beijing, iban a bordo no solo Donald Trump y su círculo cercano, sino los CEO de Tesla y de Nvidia, a los que se sumaron -en sus propios aviones- los directivos de Qualcomm, Boeing, Meta y otras grandes compañías.

A simple vista, se diría que se trató de una demostración de fuerza colosal. Entonces, ¿por qué los analistas geopolíticos lo leen como una señal de vulnerabilidad o, incluso, desesperación?

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Dos Chinas diferentes

Comencemos por el principio: La visita de Trump tiene como objetivo asegurar importantes acuerdos económicos —incluyendo el aumento de las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses y de las órdenes de aviones Boeing— y , asegurar el acceso al mercado mientras gestiona la rivalidad tecnológica entre ambos países y busca una estrategia de salida para la guerra en curso con Irán.

Trump en China

Lo que pasa es que, muy a su pesar, la administración estadounidense llegó a la cita de Beijing con mucha menos ventaja de la que proyectó inicialmente. Su estrategia original dependía de haber resuelto o, al menos, estabilizado múltiples frentes internacionales, como la situación en Ucrania, el conflicto entre Israel y Gaza, y el despliegue de una problemática nueva ronda de aranceles globales. En la práctica no solo apagó ninguno de esos incendios y, en cambio, agrego uno descomunal, con la impopular guerra de Irán sin ofrecer los resultados esperados, y sin un final a la vista.

Entonces, en lugar de llegar con su política exterior bajo control y con el músculo para imponer sus reglas, Trump se bajó del avión necesitando desesperadamente volver a casa con algo. Y Xi Jinping lo sabe.

White House

De allí que el mensaje que la Casa Blanca esperaba vender, la idea de “he llevado a todos estos ejecutivos poderosos para pedirle a Xi que ‘abra’ China, adquiere de pronto otra connotación: no la de ‘abre tus puertas porque somos los mejores’, sino más bien: ‘abre, por favor, porque no permitirnos perder tu mercado’”.

David M. Finkelstein, investigador del Center for Naval Analyses de Arlington, se lo explicó así a The Financial Times: “La China que Trump visita en 2026 es muy diferente de la China que visitó en noviembre de 2017. Sí, los líderes en Beijing se enfrentan a una infinidad de desafíos internos, pero en lo que respecta al lugar de China en el sistema internacional y a la posición de Beijing frente a Estados Unidos, Trump y su equipo se encontrarán con un gran muro de confianza”.

La inteligencia artificial

Sobre las negociaciones pende, como una espada de doble filo, el tema de la inteligencia artificial. Por un lado, China tiene la ventaja macroeconómica, pero el desarrollo de sus capacidades requiere un hardware extremadamente específico. La tecnología de semiconductores estadounidenses parecía, hasta hace apenas unas semanas, un cuello de botella ineludible.

Ascend

Sin embargo, a finales de abril, DeepSeek lanzó la versión preliminar de su modelo de IA DeepSeek-V4, optimizada para ejecutarse en chips Ascend de Huawei. Esta alianza estratégica, que incluye el uso de clústeres Supernote basados en el Ascend 950, busca la autosuficiencia tecnológica de China en IA y reduce costos hasta un 90% en comparación con modelos estadounidenses.

Eso pone en duda la confianza de Washington de que sin los chips diseñados en california los centros de datos chinos simplemente no pueden entrenar sus modelos de joya al ritmo necesario para competir globalmente. Y, de paso, explica la dualidad revelada este jueves: mientras la Casa Banca anunciaba que levantó parcialmente las restricciones para que Alibaba, Tencent, ByteDance y JD.com -entre otras- puedan comprar chips H200 de Nvidia, Tencent daba a conocer un plan para gastar "sustancialmente más" en chips diseñados y fabricados en China.

Y no escapa al análisis de los expertos que, aunque el gobierno estadounidense aprobó esta venta multimillonaria masiva, aunque el hardware de Nvidia está listo, y aunque las empresas chinas tienen el dinero preparado, a la fecha no se ha entregado ni un solo chip. Eso indica que el freno no viene de Washington, sino de Beijing, y que puede que EEUU haya autorizado a vender, pero falta que China autorice a comprar.

Esta bifurcación forzosa del ecosistema global es otra consecuencia involuntaria de las erráticas políticas de Trump. Antes de los aranceles y las restricciones, Nvidia tenía el 95% de cuota en el mercado chino. Ese domino absoluto quedó en el pasado y hoy Beijing ordena a sus empresas que adapten todos sus ecosistemas para funcionar con chips nacionales.

Otro tema sensible es el de las tierras raras, un renglón con el potencial de paralizar o frenar drásticamente la cadena de producción de vehículos eléctricos y el avance de la Inteligencia Artificial y la robótica. La razón es la extrema concentración de su suministro y procesamiento, liderado principalmente por China, que domina el 59% de la extracción mundial y el 91% del refinamiento.

La fragua digital del mundo

Por eso, en lugar de los temas que quería tratar, Trump podría enfrentar conversaciones difíciles sobre temas espinosos como el  comercio, la tecnología, la guerra con Irán y, especialmente, Taiwán. De hecho, mientras la Casa Blanca trataba de dominar la narrativa, la única declaración del gobierno chino fue para decir que Xi le recordó a Trump que Taiwán “es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos, y que mal manejado podría encaminarlos al conflicto”.

Taiwán es una isla autogobernada en el este de Asia con democracia liberal, capital en Taipéi y una población de 23.5 millones de personas. Aunque China la considera una provincia rebelde, Taiwán opera de facto como estado independiente con moneda, ejército y constitución propios.

A la sombra de su relación con EEUU, Taiwán juega un crucial en la producción global de semiconductores. Es el productor del 90% de los chips más avanzados, en muchos sentidos, la fragua digital del mundo. Y las fuentes especializadas indican que esta es la prioridad absoluta de Xi Jinping en la cumbre.

Lo que Beijing desea es que Estados Unidos cambie su postura oficial, o sea, quieren que pase de decir que no apoya la independencia de Taiwán a decir que se opone explícitamente a ella. Se trataría, de producirse, de un cambio de vocabulario que lo cambia todo y no ayuda a tranquilizar los ánimos que, mientras en su escritorio reposa, pendiente de aprobación, la venta el mayor paquete de armas de la historia para Taiwán, Donald Trump se haya negado a decir si había hablado con Xi Jinping sobre Taiwán cuando un periodista le preguntó al respecto durante el primer día de su viaje.

Por todo esto, los resultados de estos dos días en Pekín podrían ser sumamente trascendentales. No solo podría dictarse la velocidad a la que la IA transformará nuestras vidas, o el avance en la adopción de tecnologías que van de los carros eléctricos a los robots, sino que, de paso, podría decidirse el destino de las tensiones geopolíticas más inmediatas de nuestros días.

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