Un ataque aéreo en el Caribe ha desatado polémica internacional: un avión estadounidense habría estado camuflado como aeronave civil cuando bombardeó una embarcación venezolana acusada de narcotráfico. La operación, que dejó 11 muertos, plantea dudas legales y éticas sobre el uso de la llamada “perfidia”, una táctica prohibida por la normativa del Pentágono.
El caso, revelado por medios como The New York Times y The Guardian, sugiere que el avión ocultaba sus armas dentro del fuselaje y mostraba un aspecto similar al de un avión comercial. Esto ha encendido alarmas en Washington y en organismos internacionales, pues fingir un estatus protegido para atacar podría constituir un crimen de guerra.
Estados Unidos bajo la lupa: un avión camuflado como civil en ataque a Venezuela reabre el debate
El ataque ocurrió el 2 de septiembre contra una pequeña embarcación en aguas del Caribe. Según los reportes, tras el primer bombardeo, algunos sobrevivientes se aferraban a los restos del barco, pero fueron alcanzados por una segunda ofensiva. El gobierno venezolano negó que las víctimas fueran narcotraficantes, mientras que Estados Unidos no presentó pruebas de su supuesta relación con el contrabando.
La controversia surge porque el avión habría sido pintado y modificado para parecer civil, ocultando su identidad militar. Este tipo de acción encaja en la figura de la perfidia: fingir ser un objetivo protegido para obtener ventaja táctica, lo que obliga al adversario a bajar la guardia.
Pero, ¿por qué la perfidia es tan grave?
La perfidia está considerada una de las prácticas más graves en conflictos armados, ya que rompe la confianza en símbolos de protección como la apariencia civil. El Pentágono tiene normas explícitas que prohíben este tipo de tácticas, lo que hace que el caso sea especialmente delicado para la política estadounidense.
Alarmado por las repercusiones, el Senado de EE.UU. se prepara para votar una resolución que limite futuras operaciones militares en Venezuela sin autorización legislativa. El debate no solo es militar, también legal: si se confirma que el avión fue disfrazado, podría abrirse un proceso por violación de las leyes de guerra.
Hasta ahora no se ha identificado con certeza qué aeronave participó en el ataque. Se mencionan hipótesis que van desde variantes militares del Boeing 737, como el P-8A Poseidon, hasta aviones con libreas claras y mínimas marcas que podrían confundirse con modelos comerciales.
La falta de claridad sobre el modelo exacto refuerza la discusión sobre si realmente era “no identificable” como militar y si esa apariencia influyó en el comportamiento de quienes estaban en la embarcación.
El caso se inserta en un escenario político ya cargado de fuertes tensiones entre Washington y Caracas. A ello se suman hechos como la captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno estadounidense, el gesto de María Corina Machado al entregar a Donald Trump su premio Nobel simbólico —criticado en Noruega como absurdo y ridículo— y los recientes llamados del propio Trump para tomar Groenlandia con el fin de explotar sus recursos de tierras raras.
La discusión sobre perfidia no solo afecta la relación bilateral, también la credibilidad de Estados Unidos en operaciones internacionales. Si se confirma que se utilizó un avión camuflado como civil, el impacto podría ser duradero en la percepción global de sus acciones militares en otros países, un tipo de acción en la que ya ha mostrado interés previamente.
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