Un grupo salió a jugar Pokémon Go en la Alameda y terminó rodeado por policías: "Nos trataron como delincuentes"

Pokémon GO nació para que salieras de casa.

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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Pokémon GO tiene algo que casi ningún otro videojuego puede presumir: para jugarlo hay que salir de la pantalla. Hay que caminar, buscar lugares, acercarse a determinados puntos y, muchas veces, terminar compartiendo el mismo espacio con otros jugadores. En este juego, la ciudad no es solamente el escenario: también forma parte del tablero.

Eso fue precisamente lo que volvió extraña una escena ocurrida este fin de semana en la Alameda Central de Ciudad de México. Un grupo de jugadores que estaba ahí para hacer exactamente lo que Pokémon GO lleva años pidiéndoles hacer —caminar y reunirse en lugares públicos— denunció haber sido rodeado por policías y trabajadores capitalinos, quienes les pidieron retirarse, según El Universal.

La pregunta comenzó a circular casi de inmediato: "¿Ahora es delito jugar Pokémon GO?" La respuesta, al menos con la información disponible, es bastante menos espectacular. El Plan de Manejo de la Alameda Central no menciona específicamente al videojuego como una actividad prohibida, aunque sí establece reglas sobre distintas actividades que pueden realizarse dentro del parque. Y ahí es donde la historia se pone interesante.

La Alameda volvió a llenarse de jugadores, pero esta vez algo cambió

El sábado 5 de septiembre, alrededor de las 11 de la mañana, un grupo de jugadores de Pokémon GO se encontraba en la Alameda Central cuando, de acuerdo con su propio relato, fue rodeado por aproximadamente 14 policías y siete trabajadores con chalecos del Gobierno de la Ciudad de México.

Los jugadores denunciaron que les pidieron retirarse del lugar bajo el argumento de la "recuperación de espacios" y aseguraron que recibieron un trato que consideraron parecido al que podría recibir alguien sospechoso de cometer un delito. La escena resulta llamativa porque no estaban haciendo algo extraño para la lógica de Pokémon GO: estaban reunidos, caminando y utilizando sus teléfonos en un espacio público.

La frase que terminó circulando en redes resume bastante bien la confusión del momento: "¿Es delito jugar Pokémon GO?" Pero aquí es importante mencionar que no hay en el Plan de Manejo de la Alameda Central una disposición que prohíba específicamente jugar Pokémon GO, utilizar un teléfono celular o reunirse para jugar un videojuego.

Lo que sí existe es un marco para regular determinadas actividades dentro del espacio público. Así que el conflicto parece estar menos en el videojuego y más en qué tipo de actividad se estaba realizando y cómo fue interpretada por quienes administran el espacio.

La Alameda sí tiene reglas, pero ninguna menciona Pokémon GO

La Alameda Central cuenta con un Plan de Manejo y Conservación que establece cuáles son sus usos y qué actividades pueden realizarse dentro del parque. El documento señala que su destino está relacionado con la recreación, el paseo y el disfrute de actividades cívicas, artísticas y de cultura física, aunque también establece que algunas actividades públicas requieren autorización del administrador.

Entre las restricciones aparecen acampar, organizar fiestas o realizar actos públicos sin autorización, vender productos o alimentos y circular en distintos tipos de vehículos y dispositivos, además de otras actividades que puedan afectar el mobiliario o los elementos patrimoniales del lugar.

Pero hay un detalle bastante importante: el documento no menciona Pokémon GO, videojuegos ni teléfonos celulares como actividades prohibidas. Tampoco establece una regla que diga que reunirse para jugar un videojuego sea, por sí mismo, una conducta prohibida dentro de la Alameda.

Eso no significa automáticamente que cualquier reunión de jugadores pueda realizarse sin restricciones. La discusión está en otra parte: determinar si una actividad concreta puede entrar en alguno de los supuestos que requieren autorización o están regulados por el propio plan.

Y esa diferencia es importante, porque una cosa es decir que "Pokémon GO está prohibido" y otra muy distinta es que una actividad realizada mientras se juega esté sujeta a las mismas reglas que cualquier otra reunión dentro del parque.

Mexico Pokemon Go

Pokémon GO convirtió la ciudad en parte del juego

Esto es lo más interesante de toda la historia. Un videojuego tradicional puede quedarse encerrado en una consola, una computadora o un teléfono, pero Pokémon GO hace exactamente lo contrario: utiliza el mundo real como parte de su sistema de juego.

Una plaza puede convertirse en un punto de reunión; un monumento puede aparecer como un lugar de interés; un parque puede llenarse de jugadores porque ahí existen gimnasios y Poképaradas. La pantalla sigue estando en el teléfono, pero buena parte de la experiencia ocurre en la calle.

Pokémon GO incluso mantiene un mapa oficial que muestra parques populares y encuentros de comunidades locales como lugares sugeridos para jugar durante eventos.

Eso significa que reunirse físicamente para jugar no es un efecto secundario extraño del videojuego, sino que es una consecuencia bastante lógica de cómo fue diseñado. Y ahí aparece una tensión que hace algunos años no era tan evidente: el mapa de Pokémon GO puede considerar un espacio público ideal para jugar, mientras que la administración de ese mismo lugar puede tener prioridades completamente distintas.

La Alameda lleva diez años siendo parte de ese mapa

Lo ocurrido en 2026 tampoco apareció de la nada. Hay que regresar a 2016, cuando Pokémon GO apenas comenzaba a convertirse en un fenómeno mundial y la Alameda Central ya se había transformado en uno de los puntos de reunión más conocidos para los jugadores de Ciudad de México, de acuerdo con información de La Jornada.

En agosto de aquel año, alrededor de un centenar de aficionados organizó una caminata desde el Ángel de la Independencia hasta la Alameda. La intención no era solamente capturar Pokémon: también buscaban convivir, caminar por la ciudad y demostrar que podían organizarse respetando las vialidades y las áreas verdes.

La Alameda tampoco era un caso aislado. Lugares como Chapultepec y Coyoacán se convirtieron desde entonces en puntos frecuentes de reunión para jugadores, precisamente porque el diseño del juego premiaba recorrer físicamente estos espacios.

La diferencia es que, en aquel momento, la conversación de las autoridades estaba enfocada sobre todo en la seguridad. La Policía Federal advertía sobre los riesgos de perder de vista el entorno mientras se utilizaba el teléfono y la policía capitalina también pedía a los jugadores caminar con precaución.

Diez años después, la conversación parece haber cambiado. Y aquí aparece una de las ironías de la historia: el videojuego no cambió tanto; cambió la ciudad alrededor de él.

Juego Virtual

De jugar en la calle a disputar el uso de un espacio público

En 2016, la preocupación principal era que los jugadores se distrajeran, cruzaran una calle sin mirar o condujeran mientras estaban pendientes de la pantalla. Incluso hubo discusiones sobre las implicaciones de que Pokémon GO colocara elementos virtuales en espacios físicos de la ciudad.

Ahora el problema es distinto. El juego sigue llevando a las personas a caminar y reunirse, pero los espacios públicos donde sucede eso tienen sus propias reglas y prioridades. Lo que para la comunidad puede ser un punto habitual de encuentro, para la administración puede ser simplemente una zona que debe mantenerse disponible para otros usuarios.

Eso explica por qué una misma escena puede interpretarse de dos maneras muy diferentes. Para un jugador, estar en la Alameda con el teléfono en la mano puede significar simplemente participar en una partida o reunirse con la comunidad; para quien administra el parque, lo relevante puede ser cuántas personas están concentradas, cuánto espacio ocupan o qué actividad están realizando.

El videojuego tampoco tiene control sobre las reglas de la ciudad. Que Pokémon GO convierta un lugar en un punto de interés no significa que ese lugar deje de tener sus propias normas.

¿De quién es una ciudad cuando también forma parte de un videojuego?

El caso de la Alameda no demuestra por sí solo que las autoridades hayan cometido una ilegalidad. Tampoco permite concluir que exista una prohibición contra Pokémon GO dentro del parque. Lo que sí deja claro es que hay una tensión cada vez más interesante entre un videojuego que utiliza la ciudad como parte de su funcionamiento y una ciudad que tiene reglas sobre cómo pueden utilizarse sus espacios.

Pokémon GO fue uno de los primeros videojuegos en llevar esta idea a una escala masiva. La pantalla dejó de contener completamente al juego y comenzó a utilizar calles, parques, plazas y monumentos como parte de la experiencia.

Eso funcionó bastante bien mientras todos entendían el espacio como parte de la diversión. Pero cuando miles de jugadores se reúnen en un mismo lugar, aparecen preguntas que el videojuego por sí solo no puede responder: quién puede ocupar ese espacio, bajo qué condiciones y hasta dónde llega la libertad de utilizarlo para una actividad que ocurre dentro de un teléfono.

Diez años después del lanzamiento de Pokémon GO, la pregunta ya no es solamente si podemos jugar dentro de una ciudad. Es lo que ocurre cuando el mapa del videojuego y el mapa de las autoridades dejan de coincidir.

Imágenes | @Kiwii_melon, Pexels

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