Cuando Diablo III llegó a Nintendo Switch, fue una de esas adaptaciones que demostraron que una portátil podía convertirse en un lugar perfecto para jugar un RPG de acción. Blizzard ya había encontrado la manera de trasladar su fórmula a una consola de Nintendo y, al mismo tiempo, el público ya sabía perfectamente qué podía esperar de Diablo. Ahora, varios años después, Diablo IV llega a Switch 2 con una situación muy diferente: ya no se trata de demostrar que la saga puede funcionar en una portátil, sino de comprobar qué tan cerca puede estar esta versión de lo que encontramos en otras consolas.
Y la respuesta es bastante positiva. Diablo IV: Age of Hatred Collection no llega como una versión reducida ni como el juego de 2023 metido dentro de una consola portátil. Esta edición incluye el juego base y sus dos expansiones, Vessel of Hatred y Lord of Hatred, además de todo el contenido y las actualizaciones que se han incorporado durante estos años.
Para alguien que nunca ha jugado Diablo IV, esto significa que puede entrar directamente a una experiencia enorme y bastante completa. Para quienes ya llevamos años conociendo la saga, la propuesta es distinta: tener prácticamente todo Diablo IV en una consola que podemos llevar a cualquier parte.
Tres años de Diablo IV caben ahora en una portátil
La gran ventaja de esta edición es que no tenemos que pensar en Diablo IV como aquel juego que salió originalmente en 2023. Desde entonces han llegado nuevas temporadas, sistemas, ajustes y, sobre todo, dos expansiones que han ampliado considerablemente el universo.
Vessel of Hatred nos llevó hasta Nahantu y añadió al Spiritborn, además de nuevas actividades y sistemas para la progresión. Posteriormente llegó Lord of Hatred, que amplió la historia con la región de Skovos y el enfrentamiento contra Mefisto, además de incorporar nuevas clases y más cambios al funcionamiento general del juego.
Eso hace que esta versión tenga mucho sentido incluso para alguien que se acercó a Nintendo sin haber pasado antes por PlayStation, Xbox o PC. No estás recibiendo una versión atrasada de Diablo IV, sino el Diablo IV que existe actualmente.
Y eso es particularmente importante porque la estructura de la saga está diseñada para acompañarnos durante muchísimo tiempo. La campaña es solamente una parte de la experiencia; después vienen las temporadas, las diferentes clases, la búsqueda de equipo, la creación de configuraciones y todas esas razones que hacen que podamos regresar una y otra vez a Santuario.
Diablo IV más vivo que nunca
Una de las primeras cosas que sorprenden es lo bien que se adapta la interfaz a la pantalla portátil. Este es un aspecto que muchos juegos pasan por alto, pero aquí podemos modificar el tamaño de diferentes elementos para facilitar la lectura. En una pantalla pequeña, tener textos y opciones perfectamente legibles cambia muchísimo la experiencia, especialmente en un juego donde vamos a pasar una buena cantidad de tiempo revisando inventarios, habilidades y estadísticas.
El juego además llega con doblaje latino, algo que se agradece especialmente en una aventura con una cantidad considerable de diálogos. El único detalle es que este paquete de idioma no viene instalado de inicio: al seleccionarlo, la consola nos lleva a la eShop para descargarlo por separado. Puede parecer una molestia pequeña, pero también es una decisión comprensible si consideramos el tamaño que puede alcanzar un juego como este y la cantidad de idiomas disponibles.
Visualmente, Diablo IV luce muy bien. Evidentemente existen recortes respecto a las versiones más potentes, pero tampoco estamos ante un juego que pierda su identidad por ellos. La dirección artística sigue funcionando y los escenarios, efectos, iluminación y enemigos conservan buena parte del espectáculo que caracteriza a esta entrega.
El sacrificio más evidente está en la tasa de cuadros. El modo Calidad funciona a 30 fps, con 1080p en portátil y hasta 1440p conectado al televisor. Si queremos mayor fluidez, el modo Rendimiento apunta a 40 fps a 1080p tanto en portátil como en TV; en este último caso necesitamos una pantalla compatible con 120 Hz.
No tenemos los 60 fps que encontramos en otras plataformas, pero en la práctica la experiencia sigue siendo muy disfrutable. Y aquí Switch 2 consigue algo que me parece más importante: la distancia visual respecto a las otras versiones ya no es tan evidente como la que existía con Diablo III en la primera Switch.
Los Joy-Con 2 perdieron una oportunidad
El control tradicional funciona perfectamente para Diablo IV. La interfaz está adaptada al mando, las habilidades son fáciles de seleccionar y recorrer Santuario con los Joy-Con 2 no se siente como estar utilizando una versión improvisada del juego.
Pero aquí sí hay una característica de Switch 2 que considero que Blizzard pudo haber aprovechado mejor: el modo ratón de los Joy-Con 2.
La consola permite utilizar mouse y teclado mediante USB, pero Diablo IV no es compatible con la función de mouse de los Joy-Con 2. Y aunque no considero que esto sea un problema grave, porque el juego está perfectamente diseñado para jugarse con mando, sí me parece una oportunidad perdida.
Hemos visto otros juegos incorporar el modo ratón incluso cuando no parece indispensable, simplemente porque es una de las características más particulares de Switch 2. En Diablo IV podría haber tenido cierto sentido por la cantidad de inventarios, menús, objetos y opciones que manejamos constantemente. Quizá habría requerido modificar parte de la interfaz, pero precisamente por eso habría sido interesante ver qué podía hacer Blizzard con esta posibilidad.
Al final, es más una curiosidad que una carencia. Si quieres jugar Diablo IV como un juego de consola, los Joy-Con cumplen perfectamente.
Un Diablo para jugar solo, con amigos y durante muchísimo tiempo
Otro de los puntos importantes es que Diablo IV mantiene todo lo que lo convirtió en un juego especialmente cómodo para jugar acompañado. En Switch 2 podemos jugar de manera local con dos personas y también hacerlo en línea con hasta cuatro jugadores. La versión además cuenta con juego cruzado y progresión cruzada, por lo que podemos continuar nuestro personaje entre plataformas compatibles al vincular nuestra cuenta de Battle.net.
Eso sí, hay una condición que conviene tener muy presente: Diablo IV requiere conexión a internet y una cuenta de Battle.net incluso para jugar en solitario. No es un juego que podamos descargar y llevarnos a un viaje para jugar completamente desconectados.
Es una limitación que se nota especialmente en una consola portátil, porque parte del atractivo de Switch 2 está precisamente en poder jugar en cualquier lugar. Mientras tengamos conexión, sin embargo, la experiencia se mantiene prácticamente intacta y podemos pasar de jugar en la televisión a continuar nuestra partida en portátil sin mayores complicaciones.
Y creo que ahí está precisamente el gran atractivo de esta versión. Diablo IV es un juego que pide tiempo. No necesariamente porque su campaña sea interminable, sino porque está construido alrededor de la idea de seguir jugando después de terminarla: mejorar personajes, experimentar con clases, buscar equipo, probar configuraciones y regresar con cada nueva temporada.
Diablo IV encontró en Switch 2 un público que todavía no lo había jugado
Hay algo que me gusta especialmente de esta versión y es que no necesita convencer a quien ya tiene Diablo IV en PlayStation, Xbox o PC. Para ese jugador, tenerlo en Switch 2 puede ser una cuestión de comodidad, portabilidad y de poder continuar su progreso en otra plataforma.
Pero Nintendo tiene un público enorme que quizá nunca ha tenido una consola donde jugar Diablo IV. Para ellos, esta versión tiene un valor completamente diferente. Pueden entrar directamente a una edición que reúne el juego base y sus dos expansiones, con años de contenido acumulado y una experiencia que se siente mucho más cercana a las versiones de otras consolas.
Diablo III fue una grata sorpresa en la primera Switch porque demostró que la fórmula funcionaba extraordinariamente bien en una portátil de Nintendo. Diablo IV ya no necesita demostrarlo. Blizzard sabe cómo adaptar su juego a este ecosistema y el público también sabe perfectamente qué espera de él.
La diferencia es que ahora tenemos una máquina capaz de acercarse mucho más al resultado de las otras plataformas. Diablo IV no se siente como una versión portátil de segunda categoría; se siente como Diablo IV, solamente que ahora podemos llevárnoslo con nosotros.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender esta adaptación. No intenta reinventar el juego ni añadir mecánicas exclusivas que cambien su esencia. Simplemente toma una experiencia que lleva tres años creciendo, mete todo ese contenido dentro de Switch 2 y consigue que funcione sorprendentemente bien en formato portátil.
Los 60 fps se quedan fuera, el modo ratón de los Joy-Con 2 también y la conexión permanente a internet sigue siendo una condición importante. Pero ninguno de esos elementos cambia lo fundamental: si siempre has querido jugar Diablo IV y tu principal plataforma es Nintendo, esta es una oportunidad extraordinaria para descubrir todo lo que Santuario tiene que ofrecer.
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