Cuando La Odisea llegue a los cines mexicanos, la mayoría del público probablemente irá por una razón muy clara: ver la nueva película de Christopher Nolan después del fenómeno que fue Oppenheimer. Otros querrán descubrir cómo Matt Damon interpretará a Odiseo, uno de los personajes más importantes de la literatura occidental.
Pero la verdadera protagonista nunca aparecerá en pantalla. Antes de filmar una sola escena, Christopher Nolan descubrió que la tecnología simplemente no existía. Las mejores cámaras IMAX del mundo todavía eran incapaces de grabar la película que tenía en mente. Su objetivo era ambicioso: rodar toda La Odisea con película IMAX, no solo las escenas espectaculares.
Para la mayoría de los directores, eso habría significado cambiar el plan. Nolan hizo exactamente lo contrario: convenció a IMAX de fabricar una cámara completamente nueva.
Hollywood llevaba años viviendo con el mismo problema
Desde The Dark Knight, estrenada en 2008, Christopher Nolan se convirtió en el principal impulsor del formato IMAX dentro del cine comercial. La razón es sencilla: el negativo de 70 mm captura una cantidad de detalle, rango dinámico y profundidad que pocos formatos pueden igualar.
El problema era que esa calidad tenía un costo. Las cámaras eran enormes, pesaban decenas de kilos, hacían tanto ruido que grabar diálogos con sonido directo era casi imposible y moverlas durante un rodaje requería una logística enorme.
En la práctica, eso significaba que el IMAX quedaba reservado para explosiones, persecuciones o grandes paisajes; las conversaciones y los primeros planos terminaban filmándose con cámaras tradicionales. Durante casi veinte años, Hollywood aceptó que así funcionaban las cosas. Nolan dejó de aceptarlo.
La película necesitaba una cámara que todavía no existía
Cuando comenzó la preproducción de La Odisea, Nolan tenía una idea muy clara. No quería usar cámaras IMAX únicamente en las escenas de acción, quería filmar absolutamente toda la película con ese formato.
Eso incluía diálogos, primeros planos, escenas íntimas y momentos donde el sonido debía registrarse con total precisión y ahí apareció el verdadero problema: la cámara capaz de hacer todo eso todavía no existía.
Entonces ocurrió algo inusual
En Hollywood es habitual que los directores adapten sus ideas a la tecnología disponible y esta vez ocurrió exactamente al revés. IMAX aceptó trabajar junto con Christopher Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema para desarrollar una nueva generación de cámaras.
El proyecto tomó cerca de dos años. No consistió simplemente en actualizar un modelo anterior, sino que fue necesario rediseñar prácticamente todo el sistema: la electrónica, el software interno, el visor óptico, los materiales del cuerpo de la cámara e incluso crear una nueva carcasa acústica capaz de reducir el ruido del mecanismo sin afectar la calidad de imagen.
Según Hoyte van Hoytema, esa nueva carcasa terminó convirtiéndose en el elemento más importante de toda la producción, porque por primera vez hizo posible registrar diálogos completos utilizando película IMAX.
Así nació la cámara "Keighley"
La nueva cámara recibió el nombre de Keighley, en homenaje a David Keighley, una de las figuras más importantes en la historia técnica de IMAX. Aunque conserva el enorme formato de película de 70 milímetros, incorpora componentes completamente nuevos.
Su estructura utiliza materiales derivados de la industria aeroespacial y de la Fórmula 1, incluyendo fibra de carbono de alta resistencia para reducir peso sin perder estabilidad. También incorpora un sistema electrónico mucho más moderno y un diseño pensado para trabajar durante largas jornadas de filmación.
No fue diseñada únicamente para una película; fue creada para resolver un problema que el cine llevaba arrastrando durante décadas.
La primera película rodada completamente en IMAX
Gracias a esta nueva tecnología, La Odisea se convirtió en la primera película de la historia filmada completamente con cámaras de película IMAX. Hasta ahora, incluso las producciones de Nolan alternaban entre IMAX y otros formatos porque ciertas escenas eran técnicamente imposibles de registrar con esas cámaras.
Esta vez ocurrió por primera vez algo distinto y todo el largometraje fue capturado con la misma tecnología. Para lograrlo se utilizaron aproximadamente 640 kilómetros de película fotoquímica, una distancia superior a la que separa Ciudad de México de Monterrey. Nunca antes una producción había llevado el formato IMAX tan lejos.
Nolan llevaba años preparándose para este momento
Lo interesante es que este avance no apareció de la nada. En el material de producción de La Odisea, el propio Christopher Nolan reconoce que cada una de sus películas anteriores fue preparándolo para afrontar este proyecto.
Después de experimentar con estructuras narrativas complejas en Inception, con enormes secuencias prácticas en Dunkirk y con innovaciones como la película IMAX en blanco y negro utilizada en Oppenheimer, sintió que finalmente podía adaptar una obra como la de Homero sin que la tecnología marcara los límites.
Para él, la solución no consistía en depender más de los efectos digitales, sino en recuperar el espectáculo físico del cine clásico y combinarlo con las herramientas contemporáneas.
México también forma parte de esta historia
Aunque el desarrollo ocurrió entre IMAX y los estudios de Hollywood, sus efectos llegarán muy pronto a México. Nuestro país se ha convertido en uno de los mercados más importantes para las películas de Christopher Nolan y para las salas IMAX en América Latina.
Basta recordar lo que ocurrió con Oppenheimer. Durante semanas, las funciones IMAX se agotaron y muchos aficionados viajaron a otras ciudades para verla en el formato en el que fue concebida.
Con La Odisea, los espectadores mexicanos no solo verán una nueva película de Nolan. También serán de los primeros en experimentar una tecnología que nació específicamente para hacer posible esa película.
Una cámara que seguirá haciendo historia
Hay otro detalle que hace especialmente relevante esta historia: la nueva cámara no desaparecerá cuando termine la exhibición de La Odisea. Ahora forma parte del catálogo tecnológico de IMAX.
Eso significa que otros directores podrán utilizarla en futuras producciones y aprovechar las mejoras desarrolladas originalmente para Christopher Nolan. Es un fenómeno poco habitual en la industria; normalmente, las películas aprovechan la tecnología existente, pero aquí ocurrió exactamente lo contrario: la película creó una nueva tecnología.
La verdadera protagonista nunca aparecerá en pantalla
Cuando las luces se apaguen y comience La Odisea, será fácil pensar que la gran estrella es Matt Damon interpretando a Odiseo. Pero detrás de cada imagen habrá otra historia.
La de un director que se negó a aceptar los límites de las cámaras disponibles. La de una empresa que pasó dos años reinventando una herramienta que parecía imposible de mejorar. Y la de una innovación que probablemente seguirá utilizándose mucho después de que termine el viaje de Odiseo.
Porque no solo será la adaptación de uno de los poemas más importantes de la historia, sino la película que consiguió algo poco común en Hollywood: obligar a la tecnología a ponerse al día con la imaginación de un director.
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