La primera granja de pulpos del mundo, proyectada para construirse en las Islas Canarias, quedó cancelada de forma indefinida. Al menos por ahora. La empresa impulsora del plan, Nueva Pescanova, decidió dar marcha atrás y comunicar a la autoridad portuaria que desiste de levantar esta planta. Una megaobra de más de 52,000 metros cuadrados que pretendía revolucionar el sector pesquero global.
El objetivo de la multinacional gallega era demostrar al mercado internacional que el pulpo puede criarse en cautiverio con fines comerciales. Sin embargo, su retirada deja en claro que la acuicultura de este animal enfrenta barreras operativas y sociales monumentales.
¿Qué ocurrió? La empresa renunció formalmente a la concesión que solicitó en 2021 para construir la instalación en el Puerto de La Luz, una obra que requería una inversión estimada en 65 millones de euros (alrededor de 1,280 millones de pesos mexicanos). Aunque la industria ha buscado por años replicar con los pulpos el éxito de otras especies marinas criadas en cautiverio, las dificultades biológicas y regulatorias han impedido que se concrete en la práctica.
Aun así, Nueva Pescanova aclaró que esta decisión responde por completo a criterios corporativos y administrativos, y que "no implica reconocimiento alguno" sobre la viabilidad científica del proyecto. El gigante pesquero retiró su solicitud ante la Autoridad Portuaria de Las Palmas. Según argumentó, por "consideraciones empresariales y regulatorias".
El origen de la iniciativa. Este ambicioso plan se remonta a 2018, cuando Nueva Pescanova firmó un acuerdo exclusivo para explotar la patente del Instituto Español de Oceanografía sobre la reproducción del pulpo. Tras lograr cerrar el ciclo de reproducción en cautiverio en 2019, la firma solicitó los permisos en 2021 con miras a iniciar operaciones en 2023.
La meta inicial de la granja era producir unas 500 toneladas anuales de pulpo, con el objetivo de escalar hasta las 3,000 toneladas en menos de cinco años. El negocio es sumamente lucrativo: los cefalópodos (pulpos, calamares y sepias) representan cerca del 7% de las exportaciones mundiales de productos del mar, un mercado global valuado en aproximadamente 13,000 millones de dólares anuales.
¿Por qué causó tanta controversia? Los grupos ecologistas y científicos criticaron fuertemente la granja desde el inicio. Agrupaciones internacionales como Compassion in World Farming señalaron que mantener a estos animales en cautiverio es insostenible y dañino para el ecosistema. Estimaron que para alimentar a los pulpos se habrían requerido alrededor de 28,000 toneladas de pescado al año.
El dilema ético. Además de la huella ambiental, los activistas pusieron sobre la mesa la capacidad cognitiva de estos animales. Al ser criaturas solitarias, territoriales y sumamente inteligentes, el confinamiento masivo en tanques genera graves problemas de estrés, canibalismo y dilemas éticos sobre los métodos de sacrificio industriales propuestos (como el uso de agua con hielo a temperaturas extremas).
Por ahora, el sueño de la primera granja de pulpos a gran escala en el mundo queda congelado en el puerto de Gran Canaria, marcando un precedente clave en el debate global sobre los límites de la acuicultura industrial.
Imagen | Unsplash
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