Spirit Airlines, la aerolínea estadounidense de ultra bajo costo, era conocida por sus aviones amarillos y sus tarifas ridículamente bajas; eso sí, con cobros extras por maletas, selección de asientos y refrescos. Después de 34 años de operaciones, su fin llegó de manera súbita, para sorpresa de sus miles de empleados y pasajeros.
Aunque tenía pérdidas acumuladas por más de 2,500 millones de dólares desde hace varios años, afectada por el coletazo de la pandemia del COVID (y, de hecho, ya había quebrado dos veces antes) esta vez sus planes de sobrellevar la crisis se cruzaron con los altos precios del petróleo, que han subido debido a la guerra de EEUU con Irán. La aerolínea informó a los clientes de que todos sus vuelos fueron cancelados y, aunque indicó que tramitará reembolsos, los instruyó para reprogramar vuelos con otros proveedores.
"Spirit Aviation Holdings, Inc ... lamenta anunciar que la Compañía ha iniciado hoy una reducción ordenada de sus operaciones, con efecto inmediato. Todos los vuelos de Spirit han sido cancelados y los clientes no deberían ir al aeropuerto". --Comunicado de Spirit Airlines
Se trata, en ese sentido, de un colapso sin precedentes y, en apariencia, de la noche a la mañana. Medios como Metro.co no dudaron en decir que se trata de “la primera víctima de la crisis de los combustibles para avión”.
Una tormenta perfecta
Por lo general, las aerolíneas en problemas suelen agonizar durante meses o años, y eso da tiempo a acreedores, inversionistas y empleados para prepararse. En este caso, todo pareció pasar en cosa de minutos. Poco después de las 3 am del sábado 2 de mayo se produjo un apagón inmediato de las operaciones, con los mostradores desapareciendo en los aeropuertos y el sitio web www.spirit.com enrutando a los clientes a www.spiritrestructuring.com. Unos 17,000 empleados se enteraron, por correo, de que ya no tenían trabajos.
La razón de que los acontecimientos se precipitaran es que la aerolínea no tenía dinero para pagar por adelantado el combustible del día siguiente, ni las pólizas de responsabilidad civil esenciales para volar. El Gobierno dijo que estudió la posibilidad de un rescate, pero este nunca se concretó.
En declaraciones a Reuters, el secretario de Transporte de EEUU., Sean Duffy, dijo: "Lo que no queremos es tirar dinero bueno tras dinero malo. Se ha invertido mucho dinero en Spirit y no han encontrado su camino hacia la rentabilidad. Así que la duda es: ¿Solo retrasamos lo inevitable y luego lo aceptamos? ¿O hay algún camino para Spirit? Honestamente no sé la respuesta a esa pregunta".
Como sea, el colapso es representativo de la naturaleza particular de las aerolíneas low-cost, que las hace especialmente susceptibles a coyunturas como la actual. Los datos dicen que en febrero Spirit movió 1.7 millones de pasajeros en EEUU, pero llenar aviones no significa nada si el margen de beneficio por cada asiento es negativo.
Según explicó a Al Jazeera Anita Mendiratta, asesora especial del secretario general de Turismo de la ONU, aunque la guerra y la inestabilidad geopolítica pueden no haber causado el colapso de Spirit, probablemente asestaron el golpe final. "El aumento de los costes del combustible expuso la vulnerabilidad de las aerolíneas que operan con márgenes estrechos y con poco margen para la absorción de impactos", dijo.
¿El fin de los vuelos baratos?
A diferencia de aerolíneas tradicionales, que tienen el capital y la infraestructura para diversificar sus operaciones mediante el transporte de carga, cabinas de primera clase, programas de fidelización y tarjetas de crédito de marca compartida, el modelo low-cost es bastante simple: atraer pasajeros con tiquetes que a veces ni siquiera cubren el costo y lograr que paguen por elegir el asiento, por llevar una maleta extra o por tomar algo en el avión.
En otras palabras, si el único ingreso es el asiento -y, tal vez, la maleta-, y el insumo principal duplica su precio, la balanza se inclina más allá del punto de equilibrio. Las aerolíneas de bajo costo necesitan mantener los precios bajos para atraer el volumen masivo de pasajeros que requiere su modelo, pero esos precios ya no cubren los costos. Por eso expertos creen que Spirit bien podría ser el canario en la mina que anuncie el fin de los vuelos baratos.
Por supuesto, el alza en los precios no solo afectó a Spirit. Lufthansa informó que tuvo que cancelar 20,000 vuelos debido a los sobrecostos. Air India dice que redujo en cien vuelos diarios sus rutas para compensar el efecto del combustible más caro.
Alerta aeropuerto
Con miles de pasajeros varados en aeropuertos dentro y fuera de EEUU, aerolíneas rivales como Delta, United y Jet Blue lanzaron “tarifas de rescate”. La administración Trump trató de armar un paquete de rescate condicionado, pero este no llegó a materializarse en medio de críticas provenientes del propio círculo de asesores del mandatario. Uno de los acreedores de Spirit le dijo a Reuters: “No se puede infundir vida a un cadáver”.
Una vez conocido el cierre, políticos republicanos de Washington señalaron a los legisladores demócratas y cuestionaron específicamente la negativa del DOJ a autorizar, en marzo de 2024, una fusión de Spirit con JetBlue. Del otro lado, los demócratas responsabilizan a la administración Trump por no calcular las consecuencias económicas del ataque militar a Irán y, en especial, el aumento en los precios del petróleo.
Más allá de los vuelos cancelados, el cierre de Spirit Airlines no tiene un impacto directo en los países de América Latina. No obstante, a nivel general, el colapso de la aerolínea provocará que los viajes globales sean más caros y menos accesibles a corto plazo, lo cual podría afectar directamente al turismo y a la conectividad internacional de los países que dependen de estos sectores.
Otra cosa es la perspectiva inmediata en ciudades que dependen del turismo low-cost. Según Associated Press, destinos como Las Vegas, Fort Lauderdale e incluso Cancún (donde Spirit mantenía entre 50 y 60 frecuencias a la semana desde ciudades estadounidenses como Dallas, Houston, Chicago, Detroit, Orlando, Fort Lauderdale, Boston y Baltimore) sentirán el impacto inmediato por la caída en el número de turistas con presupuestos ajustados que llegaban a sus hoteles gracias a un vuelo de 40, 60 ó 100 dólares.
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