En México, 7 de cada 10 hogares tienen al menos una mascota, según el INEGI. La relación entre ciudadanos y animales de compañía ha evolucionado en los últimos años, no solo desde el enfoque de bienestar animal, sino también desde la regulación.
Un ejemplo es el Registro Único de Animales de Compañía (RUAC), que entró en vigor en 2024 con el objetivo de generar un censo, reducir el abandono y establecer obligaciones para quienes tienen mascotas.
A un año de su implementación, el programa ya muestra avances. En la Ciudad de México se han registrado 339 mil 695 animales de compañía, de acuerdo con La Jornada. Además, la Agencia de Atención Animal ha señalado que este registro es obligatorio para dar certeza jurídica y facilitar la identificación de mascotas en casos de extravío.
Sin embargo, lo que comenzó como una política de censo ahora evoluciona en algunos estados hacia esquemas que incorporan cobros.
Tecate quiere cobrar por una licencia especial para perros “potencialmente peligrosos”
El gobierno municipal de Tecate, Baja California, anunció a través del Instituto Municipal de Bienestar Animal de Tecate (IMBAT) la implementación de su propio Registro Único de Animales de Compañía. Este padrón busca identificar a perros y gatos en el municipio y, en términos generales, será gratuito y voluntario.
No obstante, la medida incluye un requisito que ha generado polémica: la creación de una licencia especial para perros considerados “potencialmente peligrosos”, con un costo equivalente a una Unidad de Medida y Actualización (UMA), es decir, 117.31 pesos.
De acuerdo con el gobierno municipal, este cobro responde a un enfoque de seguridad y convivencia social. La intención es identificar a los animales que podrían representar un mayor riesgo y mejorar la gestión de incidentes relacionados con ellos.
El problema es que no existe claridad sobre los criterios utilizados para definir qué perros entran en esta categoría. Desde el gobierno municipal se ha insistido en que no se trata de un impuesto; sin embargo, la percepción ciudadana ha sido distinta, como se ha reflejado en redes sociales.
El analista político Juan Ortiz señaló en la red social X que “un cobro es un cobro”, independientemente de la forma en que se le denomine, y cuestionó la falta de criterios claros para definir qué razas deben considerarse de riesgo.
Por su parte, Gabriela Vázquez, directora del IMBAT, defendió la medida al señalar que el registro permitirá dar seguimiento a procesos de vacunación, esterilización y localización de mascotas extraviadas, además de generar mejores políticas públicas en bienestar animal y prevención del maltrato.
A pesar de estos argumentos, la respuesta inicial de la ciudadanía ha sido de resistencia y dudas sobre su implementación.
¿Qué razas de perros podrían pagar por ser consideradas peligrosas?
Tras las críticas generadas en redes sociales, el Instituto Municipal de Bienestar Animal de Tecate (IMBAT) aclaró que el cobro obligatorio de 117.31 pesos aplicará únicamente para los dueños de perros de algunas razas catalogadas como de manejo especial o potencialmente agresivas.
De acuerdo con la información oficial, esta medida incluye a las siguientes razas y sus cruzas:
- Rottweiler
- Akita
- Pitbull Staffordshire
- Pitbull Terrier
- American Pitbull
- Doberman
- Tosa Inu
- Mastín Napolitano
- Pastor Alemán
- Dogo Argentino
- Fila Brasileño
- Bullmastiff
El registro debe realizarse directamente en las oficinas del IMBAT, en un horario de atención de 8:00 a 15:00 horas.
¿Qué influye en que un perro sea considerado peligroso? La ciencia ha demostrado que la raza no es un factor determinante
El debate sobre qué perros deben considerarse “potencialmente peligrosos” no solo es regulatorio, también tiene un respaldo científico que cuestiona este tipo de clasificaciones. Diversos estudios han demostrado que la raza, por sí sola, no define el comportamiento de un perro.
De acuerdo con investigaciones de la Universidad de Massachusetts, retomadas por National Geographic, la genética asociada a la raza influye en menos del 10% del comportamiento de un perro, mientras que factores como la socialización, el entorno y la crianza tienen un peso mucho mayor.
Este punto es relevante en el contexto mexicano, donde el abandono animal sigue siendo un problema estructural. Se estima que México es el tercer país en América Latina con la mayor tasa en maltrato animal y el primero en perros callejeros. Según cifras del INEGI, el 70% de los canes en el país viven en situación de calle. Tan solo en Ciudad de México hay alrededor de 1.2 millones de perros abandonados.
En este escenario, especialistas advierten que políticas basadas en la clasificación por raza podrían generar efectos no previstos, como el aumento en el abandono de perros estigmatizados, en lugar de atacar causas estructurales como la falta de esterilización o la tenencia irresponsable.
Cada día 390 personas son mordidas por perros en México
Más allá del debate científico, el problema de los ataques de perros en México es una realidad documentada. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades, en el país se registran en promedio 70,000 agresiones por perros cada año.
Datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud muestran que las mordeduras han aumentado de forma significativa. En 2021 se registraron 82,540 casos, mientras que en 2025 la cifra alcanzó 142,476 incidentes, lo que representa un incremento de 73% en cinco años.
Esto equivale a cerca de 390 personas mordidas diariamente en el país, es decir, un promedio de 16 casos por hora, con mayor incidencia en entidades como Estado de México, Ciudad de México, Jalisco, Puebla y Veracruz.
El impacto no solo es en salud pública, también económico. La atención médica tras un ataque puede costar entre 7,100 y 10,100 pesos en servicios de salud privados.
Especialistas como Alain Duböis, entrenador canino, señalaron en declaraciones recogidas por Publimetro que el problema no radica en los perros, sino en la falta de control por parte de sus dueños, especialmente cuando se pasean sin correa o sin supervisión.
En ese sentido, la discusión sobre qué perros son peligrosos y cuáles no, se desplaza hacia la responsabilidad humana, más que hacia características inherentes de los animales.
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