Hay un ritual que se repite cada noche en millones de hogares mexicanos. Alguien prende la televisión o abre una aplicación para ver a un grupo de famosos haciendo cosas que, fuera de ese contexto, parecerían de lo más normales: cocinar, lavar los platos, echar chisme, dormir, pelear por la comida o comentar lo que pasó unas horas antes.
No hay explosiones, persecuciones ni efectos especiales y muchas veces ni siquiera ocurre algo extraordinario y, aun así, La Casa de los Famosos México logra convertirse en tema de conversación prácticamente todos los días. La segunda temporada lo dejó claro. Su final reunió 5.5 millones de televidentes por Las Estrellas, mientras que ViX acumuló más de 411 millones de horas reproducidas durante toda la temporada.
En redes sociales, además, el programa superó las 12,200 millones de reproducciones, convirtiéndose en uno de los fenómenos de entretenimiento más grandes del país. La pregunta ya no es por qué existe un reality show y la verdadera es: ¿por qué millones de personas disfrutan viendo a otras personas vivir encerradas? La respuesta está menos en la televisión y mucho más en la forma en la que funciona nuestro cerebro.
Nuestro cerebro está hecho para observar personas
Aunque muchas personas llaman a este tipo de programas un "experimento social", en realidad no lo son. Un experimento científico necesita hipótesis, grupos de control y una metodología diseñada para obtener conocimiento. Un reality tiene otro objetivo: entretener.
Eso no significa que no pueda enseñarnos algo. Lo interesante no es ver a alguien preparar el desayuno o acomodar su cama y lo que realmente atrapa es observar cómo cambia una persona cuando pasa semanas sin privacidad, duerme poco, convive con desconocidos y sabe que millones de personas están pendientes de cada movimiento. Y resulta que nuestro cerebro pone muchísima atención a ese tipo de situaciones.
No vemos solo un reality, vemos personas bajo presión
Desde la psicología existe una explicación bastante sencilla. Los seres humanos aprendemos observando a los demás y, según Albert Bandura, este proceso se llama aprendizaje vicario: antes de vivir una experiencia nosotros mismos, el cerebro prefiere mirar qué les pasó a otras personas.
Por eso prestamos tanta atención cuando alguien pierde el control, rompe una alianza o logra resolver un conflicto sin pelear. Aunque sepamos que todo ocurre dentro de un programa de televisión, nuestro cerebro sigue analizando esas situaciones como si estuviera tomando notas para el futuro.
En pocas palabras, no solo estamos viendo un reality. Estamos viendo cómo reaccionan otras personas cuando las ponen bajo presión.
También sentimos que conocemos a personas que nunca hemos visto
Hay otro mecanismo que explica buena parte del fenómeno. Con el paso de los días empezamos a sentir que conocemos a los participantes; los vemos recién levantados, aburridos, de malas, llorando, celebrando o haciendo cosas tan comunes como preparar el desayuno.
Poco a poco, el cerebro construye una sensación de cercanía. La psicología conoce este fenómeno como relaciones parasociales, en el que sabemos perfectamente que esas personas no nos conocen, pero aun así sentimos que sí las conocemos.
Por eso hay espectadores que defienden a un participante como si fuera un amigo de toda la vida y otros que no soportan ver aparecer a cierto concursante en pantalla.
Nuestro cerebro también compara lo que haría en su lugar
Mientras observamos, ocurre otra cosa: todo el tiempo hacemos comparaciones. El psicólogo Leon Festinger explicó que las personas solemos evaluar nuestro propio comportamiento comparándolo con el de los demás.
Eso pasa exactamente en un reality; cuando alguien explota por una discusión, muchos piensan: "yo habría reaccionado diferente". Si otro mantiene la calma en medio del conflicto, aparece la idea contraria: "ojalá yo tuviera esa paciencia".
Por eso las conversaciones después de cada gala rara vez terminan hablando únicamente del programa. En realidad, terminan siendo debates sobre quién actuó bien, quién se equivocó y cómo creemos que debería comportarse una persona en una situación parecida.
Nos gusta asomarnos a la vida de otros y tiene una explicación
Otra razón por la que estos programas funcionan tan bien tiene que ver con nuestra curiosidad. A los seres humanos siempre nos ha interesado observar la vida de los demás.
En psicología de los medios existe un concepto conocido como voyeurismo mediático, que no tiene relación con el trastorno clínico, sino con el placer de mirar la vida cotidiana de otras personas desde una posición segura y sin intervenir. Eso explica por qué también resultan interesantes los momentos en los que aparentemente no pasa nada.
Ver a alguien cocinar, lavar los platos o quedarse en silencio puede parecer aburrido, pero el cerebro interpreta esos momentos como pequeñas pistas para entender cómo es realmente esa persona. Y, aunque todos saben que hay cámaras grabando las 24 horas, el formato logra transmitir la sensación de estar viendo algo espontáneo.
El verdadero espectáculo también ocurre fuera de la casa
La historia tampoco termina cuando acaba el programa. Al día siguiente, las oficinas, los grupos de WhatsApp y las redes sociales siguen hablando de la discusión de la noche anterior.
Se analizan estrategias, alianzas, traiciones y hasta miradas, y podría parecer simple chisme, pero también tiene una explicación. El antropólogo Robin Dunbar sostiene que hablar sobre otras personas ayuda a fortalecer los vínculos dentro de un grupo y a compartir ideas sobre qué comportamientos consideramos aceptables o inaceptables.
En otras palabras, discutir lo que pasó en La Casa de los Famosos cumple una función muy parecida a la que durante siglos tuvieron las conversaciones alrededor de una mesa familiar. Solo cambió el escenario.
La verdadera historia no ocurre dentro de la casa
A simple vista, millones de personas parecen estar viendo a un grupo de famosos encerrados conviviendo durante varias semanas. Pero, desde la psicología, está ocurriendo algo mucho más interesante.
Mientras los participantes cocinan, discuten, hacen alianzas o simplemente matan el tiempo, nuestro cerebro observa, compara, intenta entender sus decisiones, aprende de ellas y hasta crea vínculos emocionales con personas que nunca ha conocido.
Quizá por eso un programa como La Casa de los Famosos México logra dominar conversaciones en oficinas, escuelas y redes sociales durante semanas. Porque, aunque pensemos que estamos viendo un reality, en realidad estamos haciendo algo que los seres humanos llevamos miles de años haciendo: observar a otras personas para intentar entender cómo funciona la vida en sociedad.
En Xataka México | La psicología explica por qué hay personas que siempre llegan tarde, incluso cuando hacen todo por evitarlo
En Xataka México | Lo dice la psicología, los que crecieron en los años 1960 y 1970 desarrollaron fortalezas mentales que hoy están perdiéndose
Ver 0 comentarios