
El "¿Y si sí?" unió a millones de mexicanos, pero la física cuántica tiene otra explicación para este fenómeno colectivo.
Tras la victoria de la Selección Mexicana sobre Ecuador, la ilusión entre los mexicanos alcanzó un nivel pocas veces visto. No solo quienes siguen el futbol cada fin de semana se emocionaron con el pase a los octavos de final del Mundial 2026; también miles de personas que normalmente no se interesan por este deporte salieron a las calles para celebrar un triunfo que, para muchos, representa algo más que un resultado deportivo.
Las imágenes del Ángel de la Independencia abarrotado por cientos de miles de aficionados fueron solo una muestra de ese entusiasmo. Conforme avanzó el torneo, la frase "¿Y si sí?" acompañada de la canción "Hasta que te conocí" de Juan Gabriel, dejó de ser un simple meme para convertirse en el lema que impulsa a toda una nación. De acuerdo con cifras del Gobierno de la Ciudad de México retomadas por El Universal, más de 1.4 millones de personas participaron en los festejos tras la clasificación frente a Ecuador, la concentración más grande registrada en la capital por una celebración deportiva.
¿México está manifestando? La ilusión colectiva que se apoderó del Mundial
Pero el fenómeno no solo se vive dentro de la cancha. México también se ha convertido en el destino favorito para millones de turistas y aficionados que buscan experimentar el Mundial desde una de sus sedes. Más allá de asistir a uno de los partidos organizados por la FIFA o a los Fan Fest, lo que más ha llamado la atención de visitantes extranjeros ha sido el ambiente que generan los propios mexicanos en las calles: la hospitalidad, la comida, las reuniones familiares y la manera en que cualquier visitante termina sintiéndose parte de la celebración sin importar su nacionalidad.
Incluso aficionados de selecciones ya eliminadas, como Corea del Sur o Japón, han compartido mensajes de apoyo hacia México después de vivir el ambiente mundialista en el país. Todo ello ha alimentado una sensación que se repite constantemente en redes sociales: que los mexicanos han vuelto a creer.
Después de años marcados por derrotas deportivas, problemas de seguridad, polarización política y pocas alegrías colectivas, pareciera que durante unas semanas el país decidió concentrar toda su atención en una sola idea: que sí es posible hacer historia. Por eso las redes sociales se llenaron de comentarios como "¿Es mi imaginación o México anda vibrando altísimo?", "El aura que trae México está increíble" o simplemente "Estamos manifestando".
Y es precisamente ahí donde aparece una pregunta que mezcla futbol, psicología y ciencia: ¿de verdad millones de personas creyendo al mismo tiempo pueden influir en la realidad?
Por qué el "¿Y si sí?" se convirtió en la esperanza de todo un país
Aunque muchos piensan que nació durante la Copa del Mundo, el famoso "¿Y si sí?" apareció meses antes, cuando Efraín Juárez, entonces entrenador de Pumas, respondió con esa frase al ser cuestionado sobre las posibilidades de que su equipo conquistara el campeonato.
Pumas no terminó levantando el título, pero la frase sobrevivió al resultado. Durante el Mundial, la Selección Mexicana la retomó en su campaña de comunicación y rápidamente se transformó en el mensaje que mejor resumía el ánimo del país.
Incluso dentro del vestidor la idea comenzó a tomar fuerza. Tras ganarle a República Checa, Gilberto Mora, el jugador más joven de la Selección Mexicana y una de las grandes revelaciones del torneo, fue cuestionado sobre las posibilidades del Tricolor en el Mundial. Su respuesta resumió el mismo espíritu: "¿Por qué no?". La frase rápidamente fue retomada por la afición como una muestra de que el propio equipo también comenzaba a creer que era posible hacer historia jugando en casa.
La diferencia con otros Mundiales es evidente. En esta ocasión la conversación dejó de girar únicamente alrededor del famoso "quinto partido". Ahora la ilusión parece mucho más grande: imaginar que México puede competir de tú a tú contra cualquier selección.
Ese sentimiento colectivo incluso ha llevado a muchas personas a hablar de "manifestación", un concepto que durante los últimos años ganó popularidad en redes sociales gracias al auge de la espiritualidad New Age, libros de autoayuda e influencers que aseguran que los pensamientos pueden modificar la realidad.
Pero, ¿realmente existe alguna base científica para sostener esa idea?
El experimento cuántico que convirtió a la manifestación en un fenómeno viral
Cada vez que se habla de manifestación suele aparecer el mismo argumento: el llamado efecto observador de la física cuántica, popularizado por autores como Joe Dispenza, quien afirma que la conciencia puede alterar la realidad al igual que ocurre con las partículas subatómicas.
La explicación suele apoyarse en el famoso experimento de la doble rendija, uno de los experimentos más importantes de la mecánica cuántica.
Cuando los científicos hacen pasar electrones o fotones por dos pequeñas rendijas sin medir su trayectoria, estas partículas producen un patrón de interferencia característico de una onda. Sin embargo, cuando se coloca un detector para identificar y medir por cuál rendija pasa cada partícula, ese patrón desaparece y el comportamiento cambia.
Durante décadas este fenómeno alimentó interpretaciones que sugerían que la conciencia humana era capaz de modificar la realidad únicamente con observarla. Es precisamente ahí donde algunos encuentran un paralelismo con lo que vive México durante este Mundial. Nunca antes el país había tenido tantos ojos puestos sobre él al mismo tiempo: millones de aficionados en los estadios, turistas, medios internacionales y usuarios en redes sociales siguen cada paso de la Selección Mexicana.
Desde esa perspectiva simbólica, hay quienes interpretan que ese "observador colectivo" y la energía que acompaña al equipo podrían estar influyendo en un desempeño que, hasta ahora, mantiene al Tricolor invicto y soñando con un Mundial histórico.
Sin embargo, la comunidad científica aclara que esa conclusión es incorrecta. En mecánica cuántica, un observador no es una persona mirando con la mente ni alguien concentrando pensamientos positivos. El observador es cualquier sistema físico o instrumento que interactúa con la partícula para medirla. Es esa interacción física al medir algo, lo que altera el estado del sistema.
En otras palabras, el experimento demuestra que el comportamiento de las partículas a escala subatómica cambia cuando se mide, pero no prueba que millones de personas pensando en una victoria puedan cambiar directamente el resultado de un partido de futbol.
Por eso, físicos y divulgadores científicos consideran que utilizar el efecto observador para justificar la manifestación representa una extrapolación pseudocientífica que no cuenta con evidencia experimental. La analogía con el Mundial puede entenderse como una forma de interpretar el momento que vive el país y el impacto emocional del apoyo colectivo, pero no como una explicación científica de los resultados deportivos.
La ciencia no respalda la manifestación, pero sí explica el poder de creer
Que la física cuántica no respalde la manifestación no significa que el entusiasmo colectivo sea irrelevante.
La psicología deportiva ha documentado durante años que factores como jugar de local, recibir el apoyo constante de la afición o percibir confianza del entorno pueden influir en la motivación, la toma de decisiones y el rendimiento de los deportistas.
En el caso de México, además, existe un componente cultural muy particular.
Se trata de un país profundamente marcado por la espiritualidad y el simbolismo. Desde la devoción a la Virgen de Guadalupe hasta expresiones cotidianas como "Dios proveerá", la idea de confiar en algo más grande forma parte del imaginario colectivo de millones de familias mexicanas.
Por eso no resulta extraño que conceptos como "manifestar" encuentren un terreno fértil durante un evento que ha logrado unir a personas con ideas políticas, edades e intereses completamente distintos.
Quizá no exista evidencia de que la energía colectiva modifique las leyes de la física, pero sí puede cambiar la manera en que una sociedad enfrenta un desafío.
"Imaginemos cosas chingonas": cuando creer también forma parte de la identidad mexicana
No es la primera vez que el futbol despierta este tipo de conversaciones. Durante el Mundial de Rusia 2018, Javier "Chicharito" Hernández pronunció una frase en una entrevista que terminó convirtiéndose en un símbolo nacional: "Imaginemos cosas chingonas".
Más que una declaración futbolística, aquella frase resumía una forma distinta de enfrentar el futuro: dejar de asumir la derrota antes de competir.
Esa idea conecta con una reflexión mucho más profunda sobre la identidad mexicana. En El laberinto de la soledad, Octavio Paz describía cómo buena parte de la historia del país ha estado marcada por una relación constante con la derrota, la desconfianza y la necesidad de demostrar que el destino puede cambiar.
Quizá por eso el "¿Y si sí?" ha conectado con tantas personas. No habla únicamente de ganar un Mundial. Habla de romper, aunque sea por unas semanas, con la idea de que el éxito siempre pertenece a otros.
El próximo 5 de julio, México enfrentará a Inglaterra en el partido más importante del torneo hasta ahora. Será una prueba para el equipo de Javier Aguirre, pero también para esa ilusión colectiva que ha puesto los ojos del mundo sobre el país.
No será el efecto observador de la física cuántica el que decida el resultado, sino el futbol, el talento y el trabajo dentro de la cancha. Sin embargo, si algo ha demostrado este Mundial es que la esperanza también puede convertirse en una fuerza capaz de unir a millones de personas detrás de un mismo sueño.
Al final, quizá el verdadero poder del "¿Y si sí?" nunca estuvo en alterar la realidad, sino en recordar que, a veces, un país entero necesita volver a creer para imaginar que la historia también puede jugar a su favor.
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