El pato Merlín ya no es solo un meme: su familia busca registrarlo ante el IMPI y hay una razón detrás

Un fenómeno viral en redes sociales terminó en una solicitud de registro de marca.

Pato Merlin 1
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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Un pato caminando por Ciudad de México con la playera de la Selección Mexicana bastó para que internet hiciera lo suyo. En cuestión de horas, Merlín pasó de ser un animal común a convertirse en un fenómeno viral del Mundial 2026, replicado en memes, videos y publicaciones.

Pero lo que parecía una tendencia pasajera ya tomó otro rumbo. La familia del ave anunció que registrará su imagen ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), un paso que cambia el tipo de conversación: del meme a la posible marca.

Del fenómeno viral al registro de identidad

A pesar de que esto ha despertado curiosidad, el objetivo no es obtener derechos sobre el animal en sí, sino proteger su nombre, su identidad visual o los elementos distintivos asociados con Merlín en caso de que se quieran usar en productos, campañas o colaboraciones futuras.

En términos prácticos, un registro ante el IMPI puede abarcar nombres, ilustraciones o signos distintivos usados para identificar productos o servicios. Es decir, lo que se intenta proteger no es al pato, sino su identidad como activo comercial.

Esto permitiría, por ejemplo, desarrollar productos oficiales o impedir que terceros utilicen la marca en determinadas categorías sin autorización, siempre que el registro sea concedido.

Cuando los memes dejan de ser solo memes

El caso de Merlín refleja un cambio más amplio en la cultura digital: la viralidad ya no es efímera por defecto. Algunos personajes logran construir suficiente reconocimiento como para convertirse en marcas.

Imagen Merlin

La popularidad del pato creció de forma rápida gracias a las redes sociales, donde usuarios compartieron fotografías, ilustraciones y hasta montajes inspirados en su imagen. Incluso algunas marcas y cuentas verificadas aprovecharon la tendencia para sumarse a la conversación.

Se abre la apuerta a una sola marca

Uno de los detalles interesantes es que, de acuerdo con declaraciones retomadas por distintos medios, la familia de Merlín vería con buenos ojos una colaboración con Pato Pascual, empresa cuyo histórico logotipo incorpora la figura de un pato.

Hasta el momento no existe ningún acuerdo anunciado entre ambas partes, pero la coincidencia visual ha despertado la imaginación de los usuarios en redes sociales, que ya especulan sobre campañas publicitarias o productos inspirados en el famoso pato.

La idea resulta llamativa porque el Pato Pascual es uno de los personajes publicitarios más conocidos en México y ha acompañado durante décadas a la marca de bebidas. Una eventual colaboración uniría a un ícono del marketing nacional con uno de los fenómenos virales más comentados de los últimos días.

Merlin

Merlín no sería el primero: ahí está el caso de “Liru Sisa”

La idea de convertir un fenómeno popular en una marca tampoco es nueva en México. Un ejemplo reciente es Little Caesars, que decidió registrar “Liru Sisa” y "Liru Cisa", la forma en que miles de mexicanos pronunciaban de manera coloquial el nombre de la cadena. Lo que comenzó como una broma y un meme en internet terminó siendo aprovechado por la propia empresa como parte de su estrategia de identidad de marca.

Ese antecedente demuestra que las compañías ya no solo crean tendencias: también observan cómo habla y se expresa su comunidad para incorporar esos elementos a su comunicación oficial.

En ese sentido, el caso de Merlín podría representar un camino similar, aunque impulsado desde su propia familia y no por una gran empresa.

El valor económico de hacerse viral

La historia del pato también ilustra un fenómeno más amplio: el capital cultural de los memes. Cuando una imagen o personaje acumula suficiente reconocimiento público, deja de ser únicamente un contenido divertido para convertirse en un activo con potencial económico.

Registro

Ese valor puede traducirse en mercancía oficial, licencias, colaboraciones con marcas o campañas publicitarias, pero también hace necesario proteger la identidad del personaje frente a usos no autorizados.

Por eso, registrar una marca puede ser una forma de preservar el control sobre un fenómeno que nació de manera espontánea, pero que terminó generando interés comercial.

Una conversación sobre propiedad intelectual

Merlín alcanzó la fama por una razón sencilla: era un pato caminando con la camiseta de México en pleno ambiente mundialista. Sin embargo, su caso terminó abriendo una discusión mucho más amplia sobre el funcionamiento de internet y el valor de los fenómenos virales.

Quizá el mejor ejemplo sea que hoy ya no solo se habla de sus fotografías o de los memes que protagonizó. También se habla de registros ante el IMPI, de posibles colaboraciones con marcas históricas como Pascual y de estrategias similares a las que llevaron a empresas como Little Caesars a apropiarse de expresiones nacidas en la cultura popular.

En otras palabras, Merlín demuestra que en 2026 un meme puede durar mucho más que un ciclo de noticias: puede convertirse en una marca.

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