Cuando terminamos de cocinar, casi siempre hacemos lo mismo. Dejamos que el aceite se enfríe y luego buscamos cómo deshacernos de él. Algunas personas lo tiran a la basura, otras al drenaje y unas cuantas lo llevan a centros de recolección, pero lo que pocas imaginan es que ese aceite todavía puede servir para algo más.
Y no hablamos de reutilizarlo para cocinar otra vez, sino de convertirlo en un producto completamente distinto. La idea cobra todavía más sentido si se considera que, de acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, un solo litro de aceite vegetal usado puede contaminar hasta 40 mil litros de agua cuando se desecha de forma incorrecta. Además, al pegarse a las tuberías, favorece obstrucciones, encharcamientos e incluso incrementa el costo del tratamiento de las aguas residuales.
Fue justamente ese problema el que un grupo de investigadores de la Facultad de Química de la FES Zaragoza decidió ver desde otro ángulo. En lugar de preguntarse cómo tirar el aceite, se preguntaron cómo darle una segunda vida.
El aceite nunca dejó de servir; solo cambió de función
Cada semana, el equipo recolecta alrededor de 20 litros de aceite vegetal usado de las cafeterías de la universidad, pero antes de reutilizarlo, primero lo limpian. El aceite pasa por un proceso de filtrado para retirar restos de comida y otras impurezas. Después llega la parte más interesante.
Mediante un proceso conocido como saponificación, el aceite reacciona con hidróxido de potasio y termina convertido en un jabón líquido biodegradable que los propios investigadores bautizaron como Es-Pumita.
Con esos 20 litros logran fabricar entre seis y diez litros de jabón, que después se utiliza para el lavado de manos dentro de la comunidad universitaria. Lo que normalmente habría terminado contaminando miles de litros de agua vuelve convertido en algo tan cotidiano como el jabón de un lavabo.
El verdadero problema empieza cuando apagamos la estufa
Muchas personas creen que el aceite deja de ser importante en cuanto termina de cocinarse, pero en realidad, ahí apenas empieza el problema. Cuando se tira al drenaje, las grasas se adhieren poco a poco a las paredes de las tuberías hasta formar bloqueos que complican el funcionamiento de la infraestructura hidráulica.
Si además llega a ríos, lagos o presas, crea una capa sobre la superficie del agua que dificulta el intercambio de oxígeno y afecta a distintos organismos acuáticos. Por eso el reto nunca ha sido únicamente deshacerse del aceite y el verdadero reto es evitar que termine donde no debe.
En México ya se recicla, pero todavía falta mucho por hacer
Aunque pocas personas lo saben, reutilizar el aceite de cocina no es algo nuevo. Un inventario de la Semarnat muestra que durante 2016 se recolectaron más de 1.3 millones de litros de aceite vegetal usado en México.
Ese material se aprovechó para fabricar biodiésel, jabón e incluso alimento para animales. El problema es que buena parte del aceite que se genera todos los días en casas, fondas y pequeños negocios todavía termina en el drenaje y ahí es donde un residuo cotidiano se convierte en un problema ambiental.
La economía circular empieza con una pregunta muy sencilla
El proyecto de la FES Zaragoza también demuestra cómo funciona la llamada economía circular y la idea es bastante simple: antes de preguntar cómo tirar un residuo, primero vale la pena preguntarse si todavía puede servir para algo.
Eso fue exactamente lo que hicieron los investigadores. El aceite dejó de ser basura para convertirse en materia prima; además de reducir residuos, el proyecto busca que estudiantes y trabajadores vean con otros ojos algo que normalmente termina en una botella o en el fregadero sin pensarlo demasiado.
Cambiar el destino de un residuo cotidiano
A simple vista, este proyecto parece tratar sobre un nuevo jabón elaborado dentro de una universidad, pero en realidad habla de algo mucho más cotidiano. Nos recuerda que muchos de los residuos que generamos todos los días todavía pueden tener valor si encontramos la manera correcta de aprovecharlos.
La próxima vez que quede aceite en el sartén, quizá ya no valga la pena pensar únicamente en cómo deshacerse de él. Después de todo, ese mismo líquido que normalmente termina contaminando miles de litros de agua también puede regresar convertido en algo tan simple y tan útil como el jabón con el que nos lavamos las manos.
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