La televisión, la burocracia y hasta la tecnología misma nos han hecho creer que nuestras huellas dactilares son únicas. A lo largo de nuestra vida hemos escuchado que cada una de las marcas en las yemas de nuestros dedos son irrepetibles. Máxima que durante más de un siglo ha sido la base de la ciencia forense. La inteligencia artificial parece revolucionar esta idea.
De acuerdo con un estudio publicado en Science Advances, se logró demostrar que las huellas dactilares de una misma persona tienen marcadas similitudes. Es decir, los dedos de tu mano comparten estructuras semejantes. Pero ¿cómo se desarrolló este planteamiento? Y más importante aún ¿cuál es su relevancia? Nada menos que nuestra seguridad y el futuro de las investigaciones.
Antes de arrancar debemos recordar que la criminología se ha centrado bajo la premisa de que las marcas en nuestros dedos son completamente aleatorias de uno a otro. Esas pequeñas líneas que se dividen o detienen prácticamente no pueden duplicarse. Sin embargo, la IA desarrolló su propia estrategia para que puedan vincularse. Mejor dicho: encontrar una estructura general.
Como indican los investigadores de la Universidad de Columbia, se entrenó a una IA para que examinara 60,000 huellas dactilares. Esto con el fin de que pudiera identificar cuáles eran de la misma persona. Por medio un análisis del ángulo de las curvas y las crestas, se alcanzó una precisión entre el 75 al 90% de que las huellas de diferentes dedos provienen de un mismo individuo.
Lo que llama la atención de los responsables del estudio es cómo esta herramienta puede transformar de manera radical la realización de investigaciones en la ciencia forense. Como explican en la BBC, hoy en día si se llega a encontrar una huella en una escena del crimen (A) es prácticamente imposible vincularla con otra de un crimen diferente (B).
El escenario que ahora se plantea es que si existe un crimen A y un crimen B, la IA sería capaz de identificar si las huellas dactilares pertenecen a la misma persona. Incluso si en la A existe la huella de un pulgar y en la B de un dedo índice. Sin embargo, su aplicación en la praxis aún no es del todo certera por una cuestión: no saben concretamente qué hace la IA.
Además, aún está muy lejos de aplicarse en casos reales de un juicio. Si bien se planteó la idea de que sirva como apoyo para reabrir casos sin resolver o incluso absolver a personas inocentes, la herramienta no está del todo lista para usarse en los tribunales. El problema es que no cuenta con los estándares para apelar en una condena y su precisión todavía no es suficiente para decidir oficialmente un caso.
Sin embargo el experto en robótica de la Universidad de Columbia que supervisó el estudio, Hod Lipson, tiene esperanzas en que esta herramienta pueda aplicarse en un futuro cercano. Donde se incluyan a su vez a estudiantes aún sin experiencia para que éstos sean capaces de desafiar las creencias generalizadas de la ciencia forense por medio del uso de la IA.
"Esta investigación es un ejemplo de cómo incluso una IA bastante simple, con un conjunto de datos que la comunidad investigadora ha tenido a su disposición durante años, puede proporcionar información que los expertos han eludido durante décadas. [...] Estamos a punto de experimentar una explosión de descubrimientos científicos impulsados por la IA por parte de personas no expertas, y la comunidad experta debe prepararse".
Eso sí, en cuanto a nuestra seguridad individual el escenario es un poco más complejo. No caeremos en teorías de conspiración o alarmismo, pero este avance puede suponer un problema de no manejarse con cuidado. Hoy por hoy nuestra huella dactilar es nuestro sello de identificación. No vamos lejos, así desbloqueamos nuestro celular.
Entonces, en el caso de que un hacker logre encontrar una de tus huellas dactilares, podría potencialmente utilizar los patrones de semejanza entre tus dedos para eludir la seguridad de tus herramientas vinculadas con biometría. Pero como dijimos, el punto no es alarmar sino entender los posibles escenarios con este tipo de avances. Y claro, replantearnos lo que hemos creído que nos hace "únicos".
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