Hace algunos meses, The New York Times dio a conocer una noticia que sacudió al mundo literario: la prestigiosa editorial Hachette Book Group retiraba de su catálogo Shy Girl, una novela de terror cuyos derechos había adquirido en 2025. La razón: un gran número de usuarios en internet que acusaban a la autora de haber usado inteligencia artificial para escribir su libro.
El tema fue un escándalo, principalmente porque la gente cuestionaba la capacidad de las grandes editoriales para diferenciar las obras escritas por humanos de las creaciones de un bot. Sin embargo, los libros escritos con IA llevan años dominando el mundo de la autopublicación, tanto es así que, según un estudio reciente, más de una tercera parte de los libros publicados por autores independientes en Amazon tienen algún porcentaje de contenido hecho con IA.
Los libros escritos con IA aumentan y cada vez venden más
Los responsables del estudio fueron investigadores de la Universidad de Stony Brook, la Escuela de Leyes de Columbia, la Universidad de Michigan y el MIT. El equipo analizó 14,419 libros de ficción publicados en Amazon a través de Kindle Direct Publishing entre enero de 2023 y marzo de 2026. El objetivo era averiguar si se había utilizado algún LLM durante el proceso de escritura, para lo cual se sirvieron de Pangram, una herramienta de detección de IA en textos.
Los investigadores clasificaron las obras en tres grupos, según el porcentaje de textos detectado generado por IA: Sin IA (0%), IA ligera (menos del 25%) e IA sustancial (más del 25%). Lo que descubrieron fue que el 20% del catálogo analizado contaba con IA sustancial, mientras que alrededor del 17% presentaba IA ligera. Por su parte, las obras sin IA constituían el 62.9% del total.
Según el estudio, esto demuestra que los libros con IA sustancial han ido ganando terreno con los años en todos los géneros, tanto así que ya representan el 12.1% de las ventas totales y el 11.3% de los ingresos. Su cuota de ventas pasó del 0% en 2023 a cerca del 20% en el segundo trimestre de 2026. Además, los libros con IA (ligera o sustancial) representaron el 40% del volumen del Top 25 en ventas para mediados de este año.
El caso de Jane Friedman y la respuesta de Amazon
El problema de la proliferación de libros escritos con IA se hizo evidente en 2023, cuando en Amazon comenzaron a circular libros supuestamente escritos por una autora de nombre Jane Friedman.
Uno de sus lectores frecuentes descubrió que eran textos generados por IA cuando detectó que su estilo no correspondía al de Friedman. Sin embargo, cuando la escritora solicitó a la empresa que retirase estos libros, Amazon le exigió el reclamo del registro de la marca.
Por fortuna, la noticia se había hecho viral y la plataforma tuvo que quitar los libros de todas maneras. No obstante, otros autores e investigadores han denunciado la aparición de libros de pocas páginas que resumen o reescriben, muchas veces con errores, sus obras (en ocasiones incluso aparecen a las pocas horas de haber sido publicadas).
Ante esto, Amazon respondió con una serie de medidas, como filtros de calidad y originalidad más estrictos, detectores de plagio y una restricción para que los autores solo puedan autopublicar un máximo de tres libros al día: esta última cifra da cuenta del tamaño del problema al que la plataforma se enfrentaba antes de eso.
Shy Girl o cuando los filtros fallan: ¿son confiables los detectores de IA?
La cancelación del libro de Mia Ballard resonó tanto debido a que puso sobre la mesa la pregunta sobre qué tan estrictos son los filtros de las grandes editoriales respecto al contenido generado por IA. Ballard ha negado que haya utilizado algún modelo de IA para generar su novela, pero admitió haber contratado a un editor independiente para revisarla y dijo que él pudo haber realizado cambios con alguna de estas herramientas.
Hachette, por su parte, decidió cancelar la publicación en Estados Unidos de la obra y retirar los ejemplares de la edición británica, lanzada meses atrás. La editorial también aseguró que sus contratos exigen a los autores garantizar la originalidad de sus obras y declarar cualquier uso de inteligencia artificial.
Sin embargo, la evidencia fue implacable: en redes, usuarios expusieron la presencia de repeticiones, metáforas extrañas, exceso de adjetivación e incluso plagio, cosas que atribuyeron a un texto generado por IA. Por su parte, Max Spero, fundador de Pangram, analizó la obra y concluyó que esta contenía hasta un 78% de texto generado por inteligencia artificial. Un análisis hecho por NYT arrojó resultados similares.
Pero aquí surge una duda respecto a los detectores de IA: ¿podemos confiar en ellos como única fuente para determinar qué fue o qué no fue escrito con IA? Como bien dice Andrea Bartz en una columna, estas herramientas distan mucho de ser perfectas, y si no que se lo digan a Mary Shelley, a quien el programa ZeroGPT acusó de haber usado inteligencia artificial para escribir Frankenstein o el moderno Prometeo en 1816. Sin duda toda una adelantada a su tiempo.
Imagen de portada | Pexels.
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