Probé la nueva OLED A80L de Sony junto con barra de sonido y subwoofer: ahora quiero gastar 100,000 pesos para tenerlo casi todo

Probé la nueva OLED A80L de Sony junto con barra de sonido y subwoofer: ahora quiero gastar 100,000 pesos para tenerlo casi todo

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Steve Saldaña

Editor Senior

Periodista de tecnología y ciencia. Escribo y analizo la industria de plataformas tech en México y soy fan de la ética tecnológica. También soy miembro de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia. Hago locución comercial, produzco podcast y soy presentador del podcast semanal ROM. LinkedIn

¿Cómo mejorar lo a casi todas luces inmejorable? Teniendo no uno, sino todos los productos de una marca, por supuesto. Un ecosistema completo integra experiencias para hacer más sencilla la transferencia de archivos, la compatibilidad de funciones y, en el caso de Sony, las experiencias visuales y auditivas.

No solo se trata de su nueva OLED A80L. Sony se ha encargado de ataviarnos de sus experiencias completas y, como todo ecosistema que se digne de costar más de 100,000 pesos, el resultado me ha dejado anonadado. Más del 90% de palabras en esta reseña serán positivas, lo adelanto; no obstante, todo gran ecosistema de experiencias tiene sus puntos perfectibles. Tras un par de semanas con la A80L, la barra de sonido HT A-5000, las bocinas traseras SA-RS5 y el subwoofer SW3, tengo varios comentarios por compartir en las siguientes líneas.

La A80L no es la OLED insignia del año. Es más bien la evolución de la OLED para usuarios más estándar, que no están dispuestos a gastar una fortuna en su televisor y sí así ansían experiencias superiores a las que pueden ofrecer las LCD. Con costo oficial de 50,000 pesos, la A80L no está a la altura de los brillos de las full array led o de las despampanantes Quantum Dot OLED, pero claro que están muy por encima de la visualización que uno puede conseguir en el promedio de OLEDs del mercado.

Las predecesoras de la A80L han sido muy bien recibidas año con año. Multi-galardonadas por elevar al siguiente nivel los beneficios del OLED, cada vez son más difíciles de superar por una Sony que, como todo gran fabricante, está envuelta en el remolino de lanzamientos anuales que, para muchos, ha dejado de tener sentido. Pero eso es otra discusión. A favor de la A80L hay que decir que vive a la altura de la A80K, que es un televisor delgado en su mayoría (salvo cuando llegamos a los puertos), que emana modernidad en sus finos marcos negros y que se apoya del procesado cognitivo para un escalado prominente y casi irreal de contenidos que no son 4K.

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Eché de menos retroiluminación en el control.

El procesado cognitivo definitivamente lo sigue teniendo. Presentados apenas hace dos generaciones, los procesadores de imagen de nueva generación de Sony no solamente son capaces de un extraordinario escalado (que honestamente no creo que haga falta en usuarios que pagan lo que vale la A80L), sino que también se desempeñan con tal desenvolvimiento que en tiempo real no producen blooming, sí aportan al rango dinámico de la imagen y no generan artificios que haya notado ni este ni el año pasado.

He encontrado reseñas que aseguran tener destellos inusuales de luces que aparecen súbitamente y que Sony podría hacer un mejor trabajo en la atenuación de zonas, pero honestamente mi experiencia dista de ser esa.

De hecho el manejo de brillo y manipulación de zonas y es una de las grandes bondades de la A80L. Mi escenario es ideal: tengo la fortuna de contar con una sala que pareciera haberse construido para probar el brillo de OLED. Además de que la luz es extenuante, el ángulo de los rayos por la tarde, con el Sol al oeste, bañan casi de frente la posición en la que ubico la pantalla de la sala. Es con ese contexto que puedo decir que el brillo de la OLED es fascinante. Seguramente tendría mejor resultado de las Quantum Dot OLED de Sony de este año, pero, sin haberlas probado, no me parece que echaría de menos una de ellas, especialmente con el inevitable aumento de precio que significaría.

Por fin, más de un HDMI 2.1

Dije en un inicio que el 90% de las palabras en este texto serían positivas, lo que deja margen a un 10% que servirían de balance y con las que no he cumplido hasta este momento. Por alguna razón que no comprendo, Sony ha decidido no mejorar la colocación de las patas del televisor, lo que hace particularmente complicado colocar una barra de sonido de buen tamaño por debajo. Eso es especialmente triste para quienes, afortunados, decidan hacerse de una A80L de 55 pulgadas y, por debajo, intenten colocar una barra de sonido HT A 5000. Simplemente no será posible. Como parte de la prueba tuve por algunos días la A80L de 65 pulgadas y ahí sí que no he encontrado ningún problema debido al ancho del televisor.

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Por fin más de un HDMI 2.1. Ahora falta que así sean todos los puertos.

En el exterior hay otra sorpresa: por fin Sony incorpora dos HDMI 2.1. Sí, una entrada sigue siendo la que debe usarse para barra de sonido, pero al menos hay una más para aprovecharse para consola de videojuegos. Es una buena noticia, desde luego, pero a estas alturas no puedo dejar de preguntarme qué es lo que le ha impedido a Sony simplemente utilizar HDMI 2.1 en todos su puertos. La respuesta a esa pregunta me sobrepasa.

Procesado brutal, listo. Imagen impoluta, cierto en su mayoría, especialmente si el rival enfrenta no es una Quantum Dot OLED. Brillo que destaca y, literalmente, reluce. Todos ellos son aciertos que, para hacer justicia a Sony, ha conseguido sobrepasar desde hace varias generaciones ya. Pareciera que la A80L no tiene mucho nuevo qué decir y eso es casi verdad en su totalidad. Vaya, hasta Google TV hizo una estelar aparición en la A80K y repite este año en otro punto favorable porque le considero como el sistema operativo para televisores más deseable por su sencillez de funcionamiento, compatibilidad y relativamente poca publicidad.

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Un detalle extra que la A80L sigue teniendo en común con su predecesora: algunos de los tipos de imagen aportan más saturación de lo que me gustaría, así que, en mi experiencia, la mejor imagen por brillo, contraste, nitidez y sin generar artificios se consigue con Dolby Vision Brillante. No solamente es la forma más rápida de eliminar los artificios como la desmedida interpolación entre cuadros, sino que la imagen es brillante lo suficiente para destacar en entornos luminosos y no tanto como para deslumbrar en entornos oscuros. La mejor forma de ver televisión en mi sala, he aprendido, no solo tiene que ver con tener una OLED, sino definitivamente con tener a la mano Dolby Vision Brillante.

En realidad, en el titular de la A80L el destacado principal lo merece el sistema Acoustic Audio+. Del mecanismo hemos escuchado antes: sonido que proviene de panel porque es la pantalla la que vibra y tras la que se produce el sonido. La diferencia en este 2023 está en ese "+". Por si fuera poco, el sonido no proviene de toda la pantalla por igual, sino que se focaliza en las regiones de la imagen de donde proviene el sonido, lo que genera por sí mismo una experiencia más realista. En la práctica funciona sin defecto alguno y es un añadido del que estoy ansioso se convierta en el próximo estándar para todas las pantallas OLED en el mercado.

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Exquisitamente delgada, aunque solo de la parte superior.

Acoustic Audio+ es perfecta en papel, no en la experiencia audiovisual porque, como era de esperarse, el realismo añadido llega con coste para la representación de las frecuencias bajas. Los graves la pasan mal cuando nos fiamos del Acoustic Audio+, así que no creo que sea la solución para todo tipo de contenido, solo para aquel del día a día, el que no necesita sacar provecho de una experiencia auténticamente cinematográfica. Ansío que llegue el momento en que Sony pueda incorporar mejor capacidad de graves al Acoustic Audio+.

Un sistema de sonido de alto impacto

La experiencia de la A80L es asombrosa, pero las palmas se la lleva el sistema de sonido del que Sony no ha tenido empacho en presumir para esta prueba. Esta no es una reseña a detalle de los artículos de sonido, pero claro que mi experiencia no estaría completa si no hiciese algunos comentarios sobre los productos que he tenido a mi alcance por cerca de tres semanas, al corte de hacer este texto. Los productos son la barra de sonido HT A-5000, el subwoofer SW3 y las bocinas posteriores SA-RS5.

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La HT A-5000 es muy, muy grande.

La barra de sonido es un añadido, me parece, esencial, a diferencia del resto de elementos del sistema de sonido. Tiene drivers orientados hacia el frente y también hacia arriba, estos últimos pensados para ofrecer una experiencia más inmersiva dirigiendo sonidos para producir un efecto de rebote.

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Bocinas orientadas hacia arriba.

En una de sus victorias más dignas de mencionarse, la HT A-5000 tiene entrada y salida de audio HDMI 2.1. También es compatible con Dolby Atmos y hasta don DTS:X. Sin aditamento alguno cuenta ya con 5.1.2 canales y para aprovecharles es que incorpora tecnología 360 Sound Mapping.

La función esencialmente utiliza audio proveniente de todos los drivers para utilizar los rebotes a su favor y conseguir a tope el toque inmersivo. Interesante y prometedor, sin duda, pero la limitante es que el sonido sigue proviniendo del mismo lugar. Ni con sus bocinas hacia arriba, sus tres bocinas frontales y el subwoofer integrado ha conseguido engañarme y recrear el audio inmersivo que promete. El rango de frecuencias es virtuoso y, como decía, me parece el aditamento definitivo en caso de no tener acceso a todo un sistema de audio, pero el audio inmersivo tiene sentido total solo al incorporar más elementos en la ecuación.

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Subwoofer SW3

Entran las bocinas posteriores, las SA-RS5. Los posibles resultados se multiplican si añadimos ingredientes a la mezcla. Con las bocinas posteriores es posible utilizar el menú de configuración de la barra y ajustar el sonido según la posición de las bocinas posteriores, su altura, e incluso en qué posición está el espectador, si es que está más cerca de una o más cerca de la barra de sonido. Un deleite para los más exigentes.

Esa misma planeación puede utilizarse para configurar la ubicación espacial en la habitación del subwoofer SW3 que tiene una potencia de 300 watts de salida. En ninguna de mis pruebas me he envalentonado a alcanzar el 100% de volumen del portentoso equipo de sonido. De haberlo hecho, estoy seguro que habría recibido llamadas de atención de mi edificio.

Más productos, más funciones

El ecosistema es el gran ganador de la mezcla. Así como el usuario gana posibilidad de maquetar cada elemento de sonido, también da más sentido a la función de habilitar audio 360. Por fin cobra sentido la promesa de estar inmerso en esfera de audio que asemeja a una sala con varios altavoces físicos, ya no solamente detrás. No hay mucho contenido en streaming que haya detectado que le saque verdaderamente provecho al 360, pero con los que se acercan, basta.

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El alma para el sonido inmersivo, las bocinas posteriores.

El punto más relevante de las bocinas es que ahora no necesitan de cables. Sony les ha incorporado baterías internas para que funcionen por hasta 10 horas consecutivas sin necesidad de estar conectadas a corriente. El resultado es una experiencia liberadora. No más peleas con acomodos con cables, no más canaletas que quieren ser invisibles y que solo existen como pretexto para esconder cables. 10 horas de autonomía es un precio más que respetable a pagar con tal de evitar un par de cables más, me parece.

Mención aparte merece la estupenda sincronización. Este es uno de los puntos más fabulosos del ecosistema. No hace falta más nada que acomodar las bocinas, subwoofer y barra de sonido y encenderlo todo. Una vez conectado el HDMI al puerto eARC del televisor, automáticamente todos los dispositivos se localizaron y se entendieron como mejores amigos de toda la vida. No tuve que emparejar manualmente nada. Sony sí tiene en sus manuales formas de emparejamiento manual para los casos en que los dispositivos no se identifiquen, pero para mí ello no ha sido necesario. Bendita tecnología.

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Mis mejoras recomendadas son acotadas. Por una parte, pese a lo ya funcionales que son las bocinas traseras, eché de menos la posibilidad de que puedan ser ajustadas para transmitirles sonido en estéreo o en mono. Suena a sacrilegio, pero creo que es una función necesaria para quien solo quiera reproducir música en casa y opte por utilizar una de las bocinas para llevar a otro rincón del hogar. ¿Pecado? Quizás, pero el resultado sería un equipo más versátil. No creo que sea demasiado pedir en unos altavoces que cuestan más de 13,000 pesos.

Haciendo elegancia de versatilidad y comandos útiles, el control de la HT A5000 es una delicia. No solamente es capaz de activar y desactivar el mapeo de sonido con un solo botón, sino que también incorpora volumen específico para bocinas traseras y para ajustar la potencia del subwoofer. Esa es justo una de las funciones que ganan más en caso de contar con todos los aditamentos del sistema de sonido.

El control incluso tiene funciones añadidas curiosas y útiles como un modo noche que aniquila todos los bajos instantáneamente. Útil si el vecino de arriba ha comenzado a golpear su suelo por las vibraciones incesantes. Sony pensó en la incomodidad de los departamentos pequeños.

10 minutos de carga de las bocinas traseras son suficientes para 90 minutos de reproducción.

Conclusiones

La experiencia audiovisual es maravillosa y, en conjunto, también costosa. La A80L de 55 pulgadas tiene un costo, al momento de hacer este texto, de 30,000 pesos. Por las tecnologías y la experiencia obtenida, me parece un avance significativo en costos de OLED. Hace algunos años ese precio habría sido casi impensable. La barra de sonido HT-A5000 tiene un precio de 15,000 pesos, el subwoofer cuesta 8,500 y las bocinas traseras 13,500.

En suma, el costo total del paquete que he probado es de 77,000 pesos. Pero todos esos son precios "promocionales", no los precios listados oficiales para México. Si tomamos solo los precios de lista, el costo total del paquete es de 116,000 pesos.

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Yo no gastaría ese dinero por tener el paquete completo con el que cuento al momento de escribir esto. Pero definitivamente tampoco tendría una A80L sin una HT-A5000. Su relación es tan simbiótica que no imagino esa calidad de panel y sobrevivir a base de Acoustic Audio. Que no se malentienda, el realismo que aporta es imposible de ignorar, pero definitivamente necesito más cuerpo en audio al momento de tener experiencia cinematográfica. No tendría una pantalla OLED si ese no fuera mi objetivo.

El resto de los aditamentos es, a mi juicio, prescindible. El subwoofer de la HT-A5000 está lejos del SW3, pero es más que suficiente para entornos pequeños. De hecho, para espacios de casi todos los tamaños el SW3 sin duda rebasa las expectativas. Su uso sería el de entusiastas audiovisuales ensañados con recrear su propia sala de cine, no así para el usuario promedio. Mismo caso el de las bocinas traseras que dan sentido a la promesa del sonido 360, pero que para obtener el máximo potencial hay que curar el contenido. En el día a día las SA-RS5 no creo que aporten a la experiencia del consumidor promedio.

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77,000 pesos por el paquete completo no me parece una locura, especialmente porque se trata de dispositivos de un solo ecosistema y, lo digo de frente también, al provenir de una marca que nunca se ha distinguido de la competencia por tener los precios menos elevados.

Los consumidores más exigentes tienen una opción real de recrear una pequeña sala de cine, bajo todas las de la ley, con todo el equipo descrito. Los aficionados podrían optar por uno o dos elementos y los que quieren migrar a una pantalla OLED no creo que pierdan demasiado con acudir a la A80K que le envidia muy pocas cosas a la A80L. En esta gama el logro de este año de Sony no es un salto tecnológico respecto a la generación pasada, es la creación de un ecosistema auténticamente unificado donde cada elemento potencia y sirve al resto.

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