Nintendo no solo reconstruyó The Legend of Zelda: Ocarina of Time: hizo uno de los mejores remakes de la historia

Nintendo no solo reconstruyó The Legend of Zelda: Ocarina of Time: hizo uno de los mejores remakes de la historia

La obra maestra de Nintendo regresa y lo hace de manera espectacular

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Coordinador Editorial Senior
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He jugado videojuegos desde que tengo memoria, apasionado de la tecnología y desde hace poco del comercio electrónico y los servicios de streaming. Soy un afortunado por ser parte del equipo de Xataka México y siempre dedico mi máximo esfuerzo en todas las publicaciones del sitio.

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Hay juegos que consiguen trascender generaciones y convertirse en referentes de toda una industria. The Legend of Zelda: Ocarina of Time es uno de ellos. Lanzado originalmente en 1998 para Nintendo 64, no solo es considerado uno de los títulos más importantes de la historia, también conserva un récord difícil de igualar: tiene una puntuación de 99 sobre 100 en Metacritic, la más alta que ha conseguido un videojuego en su clasificación histórica.

Por eso, cuando Nintendo confirmó que estaba trabajando en un remake para Nintendo Switch 2, las expectativas eran enormes. No estábamos hablando de recuperar cualquier clásico, sino de volver a construir una aventura que durante casi tres décadas ha sido una referencia para el diseño de videojuegos. Y la compañía decidió hacerlo en noviembre, un mes en el que también llegará Grand Theft Auto 6, uno de los lanzamientos más esperados de la industria. El nuevo Zelda tiene su fecha de estreno programada para el 5 de noviembre, dos semanas antes del juego de Rockstar.

Después de terminar esta nueva versión, podemos decir que Nintendo tenía motivos para confiar en su trabajo. No solo estamos ante una de las mejores formas de volver a jugar Ocarina of Time, sino también ante uno de los remakes más impresionantes que ha hecho la compañía. Es una reconstrucción que respeta la aventura que conocimos en Nintendo 64, pero que aprovecha la tecnología actual para acercarse a lo que muchos imaginamos cuando jugamos por primera vez en Hyrule.

Un remake que respeta la aventura original, pero moderniza sus controles

Antes de entrar en los detalles, vale la pena explicar la diferencia entre una remasterización y un remake. Aunque ambos conceptos suelen utilizarse para describir el regreso de un videojuego, no significan lo mismo. Una remasterización normalmente parte de una obra existente y mejora su presentación para adaptarla a las pantallas actuales: puede aumentar la resolución, mejorar la tasa de cuadros por segundo, pulir texturas o incorporar algunos ajustes visuales, pero conserva esencialmente la misma estructura y presentación del original.

Un remake, en cambio, implica reconstruir el juego con una nueva producción. Eso permite modificar escenarios, personajes, animaciones, controles e incluso algunos elementos de la historia. No todos los remakes tienen que cambiar la experiencia de manera radical, pero sí cuentan con la libertad de reinterpretar el material original. Y eso es precisamente lo que hace Nintendo con Ocarina of Time.

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La historia que conocemos se mantiene. La aventura comienza en el bosque Kokiri, donde Link es el único niño que no tiene un hada como compañera. Su vida cambia cuando el Gran Árbol Deku le encomienda una misión que terminará llevándolo mucho más allá de su hogar: detener a Ganondorf, un hombre que busca apoderarse de la Trifuerza, un artefacto sagrado capaz de conceder un poder extraordinario. Durante su recorrido, Link conoce a la princesa Zelda y descubre que el destino de Hyrule depende de impedir que Ganondorf consiga ese objetivo.

La particularidad de esta aventura está en que el tiempo se convierte en una de sus principales mecánicas. Link debe recorrer Hyrule durante su infancia y después regresar como adulto, descubriendo cómo han cambiado los habitantes, los escenarios y los problemas que debe resolver. No se trata únicamente de una historia sobre salvar un reino: también es una aventura sobre el paso del tiempo, las consecuencias de nuestras acciones y el crecimiento de un personaje que debe enfrentarse a un mundo muy distinto al que conoció.

La fidelidad al original es evidente desde el primer momento. El menú inicial, la música, las tomas y los sonidos recuperan la identidad de Nintendo 64, aunque ahora todo luce con una presentación completamente renovada. Sin embargo, hay cambios jugables que se sienten inmediatamente. El primero es la incorporación de un botón para saltar. En el original, Link realizaba saltos automáticos cuando llegaba a determinados puntos del escenario. Aquí tenemos un control directo sobre esa acción, algo que al principio resulta extraño para quienes conocemos el juego, pero que después de unos minutos se siente natural.

Ocarina 02

También podemos correr y mover la cámara libremente. En el original, la perspectiva tenía movimientos más limitados y se desplazaba mediante posiciones predeterminadas. Para observar otros ángulos era necesario recurrir a una vista en primera persona. Ahora tenemos mucha más libertad para explorar los escenarios, observar los alrededores y orientar la cámara durante los combates.

Son cambios que parecen pequeños, pero transforman la comodidad con la que recorremos Hyrule. La aventura conserva su estructura, sus acertijos y sus principales mecánicas, pero elimina algunas de las limitaciones que eran propias de los controles de Nintendo 64. Nintendo no intenta convertir Ocarina of Time en un Zelda moderno de mundo abierto; simplemente consigue que su diseño original se sienta mucho más cómodo en 2026.

Hyrule como nunca lo habíamos imaginado

Uno de los aspectos que más dudas podía generar era la dirección artística. Las primeras imágenes del remake podían hacer pensar que Nintendo apostaría por una interpretación más realista, algo que no necesariamente encajaba con la identidad visual que recordamos del original. Sin embargo, después de pasar unos minutos en Hyrule, esas dudas desaparecen. Estamos ante una producción hecha con muchísimo cuidado, que respeta el carácter de sus personajes y escenarios sin limitarse a reproducirlos con más polígonos.

Ocarina 03

El diseño de Link es un buen ejemplo. Su apariencia conserva algo de la inocencia y la personalidad que tenía en Nintendo 64, pero ahora cuenta con una riqueza visual que hace que parezca una pequeña figura de porcelana. Otros personajes mantienen proporciones más extrañas, rostros alargados y narices puntiagudas que recuerdan al diseño poligonal del original. Nintendo no intenta uniformar todo bajo una misma estética realista: entiende que parte del encanto de Ocarina of Time está en sus personajes y en la manera tan particular en que se construyó aquel mundo.

Los escenarios también reciben una transformación enorme. Hay más profundidad, vegetación, elementos decorativos, fuentes de luz y detalles que hacen que cada lugar tenga una personalidad mucho más marcada. El castillo, los bosques y los templos se sienten como espacios que realmente podemos recorrer, no como escenarios que existen únicamente para conectar una sección con otra. En algunos momentos, la iluminación incluso aporta una sensación de oscuridad que ayuda a reforzar el tono de determinadas zonas.

Las escenas cinematográficas son otro de los grandes aciertos. En Nintendo 64, buena parte de la narrativa se transmitía mediante diálogos escritos y animaciones relativamente sencillas. Aquí encontramos más movimientos, nuevos ángulos de cámara y secuencias que se extienden para dar mayor fuerza a determinados momentos. No estamos hablando de cambiar la historia, sino de darle una presentación que permite disfrutarla de otra manera.

Ocarina 04

Hay escenas que se benefician especialmente de este trabajo, como los momentos relacionados con la transformación de Link o los encuentros que marcan el avance de la aventura. La diferencia no está únicamente en que ahora vemos más detalles, sino en que las expresiones y los movimientos de los personajes transmiten emociones que antes dependían mucho más de nuestra imaginación.

Es uno de esos remakes que consiguen acercarse a la imagen que conservábamos en nuestra memoria, pero que nunca habíamos visto realmente en pantalla. Es probable que muchos recuerden Hyrule de una manera incluso más espectacular de lo que permitía Nintendo 64, y esta versión consigue acercarse a esa expectativa.

Una aventura que ahora también podemos escuchar

El apartado sonoro merece un reconocimiento especial. La música de The Legend of Zelda siempre ha sido uno de los elementos más importantes de la franquicia, pero aquí encontramos nuevas versiones orquestales que aportan más matices y profundidad a las composiciones originales. Las melodías conservan su identidad, aunque ahora tienen una intensidad diferente, con arreglos que acompañan mejor los momentos de exploración, tensión y emoción.

Hay algo particularmente especial en volver a escuchar canciones que llevan décadas formando parte de la memoria de los jugadores, pero con una interpretación más rica. No se trata de sustituir las composiciones que ya conocemos, sino de darles una nueva dimensión. En algunos momentos, la música consigue que una escena familiar se sienta completamente distinta.

Ocarina 05

Pero el cambio más importante está en las voces. Por primera vez, buena parte de los personajes principales tiene diálogos con actuación de voz, y el juego llega con un doblaje latino que nos parece extraordinario. No basta con decir que está bien traducido: hay una dirección de voces que entiende la personalidad de cada personaje y consigue transmitir emociones, desde la inocencia de los habitantes de Hyrule hasta la tensión de los momentos más importantes.

Navi es uno de los mejores ejemplos. Durante años, muchos jugadores conocieron a este personaje por sus mensajes escritos y su característica insistencia para llamar nuestra atención. Ahora escucharla decir “¡Oye!” con una interpretación tan natural y cercana es un detalle que provoca una sonrisa. Lo mismo sucede con otros personajes, cuyas voces ayudan a darles una personalidad mucho más definida.

El doblaje también permite que los diálogos tengan otro ritmo. Los textos siguen presentes en diferentes momentos, pero las escenas principales ahora pueden apoyarse en las interpretaciones de los actores para transmitir emociones sin depender exclusivamente de lo que leemos. Es un cambio que hace que los personajes se sientan más cercanos y que ayuda a que quienes nunca jugaron el original conecten con ellos.

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Escuchar por primera vez a estos personajes en español latino es uno de los grandes regalos de esta versión. Es un trabajo que merece reconocimiento no solo por su calidad técnica, sino por entender que la localización también consiste en transmitir la intención y el carácter de cada personaje.

Los años se notan, pero nadie puede contra su grandeza

Por supuesto, reconstruir Ocarina of Time no significa que todos sus elementos hayan dejado de sentirse como un juego de 1998. La estructura sigue siendo la misma: avanzamos por Hyrule, conocemos personajes, conseguimos objetos y exploramos templos que tienen sus propias reglas y acertijos. Conforme obtenemos nuevas herramientas, podemos acceder a lugares que antes estaban fuera de nuestro alcance y resolver situaciones que requieren combinar lo aprendido durante la aventura.

Es una fórmula que sigue funcionando muy bien, aunque también hay momentos en los que se nota la edad del diseño. Hyrule no tiene las dimensiones de los mundos abiertos que Nintendo desarrolló para Breath of the Wild y Tears of the Kingdom. Hay zonas que se sienten pequeñas y algunos desplazamientos pueden resultar algo vacíos, especialmente cuando salimos del castillo para llegar al rancho o a otras localizaciones.

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No es que tengamos que pasar largos periodos recorriendo distancias enormes, pero hay trayectos que pueden sentirse como una pausa innecesaria entre una actividad y otra. La posibilidad de correr y la movilidad mejorada ayudan a que estos momentos sean más cómodos, aunque no cambian por completo la estructura del mundo. Epona también cumple una función importante para desplazarnos, pero hay recorridos que no tienen demasiadas cosas que descubrir.

La ocarina sigue siendo una de las herramientas más importantes. Sus canciones permiten resolver acertijos, descubrir secretos, modificar determinadas condiciones del entorno y desplazarnos mediante puntos específicos. También resulta fundamental para interactuar con algunos personajes y avanzar en la historia. El sistema de día y noche tiene ahora una presentación más elaborada, con cambios visuales que ayudan a que Hyrule se sienta más vivo y a que algunas situaciones tengan una lectura diferente dependiendo del momento.

Las mazmorras mantienen sus acertijos y su estructura original, algo que nos parece acertado porque buena parte de la identidad de Ocarina of Time está en la manera en que nos obliga a observar los escenarios y utilizar los objetos que conseguimos. Sin embargo, también hay que reconocer que la dificultad general es relativamente accesible. Los enemigos tienen patrones que podemos aprender con facilidad y los jefes suelen tener mecánicas muy claras para encontrar el momento adecuado de atacar.

En ocasiones, el mayor reto no está en sobrevivir a un combate, sino en entender qué tenemos que hacer para avanzar. Algunos acertijos requieren observar con atención el entorno, utilizar un objeto en el momento correcto o interpretar las pistas que encontramos durante la aventura. Aun así, no estamos ante un Zelda particularmente difícil, y quienes busquen un desafío mucho más exigente quizá encuentren que los enfrentamientos se resuelven con demasiada facilidad.

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También hay misiones secundarias y coleccionables que invitan a explorar más allá de la historia principal. Algunas actividades pueden parecer sencillas cuando conocemos sus soluciones, pero otras exigen curiosidad y atención para descubrir qué debemos hacer. Es interesante pensar que hace casi 30 años muchas de estas situaciones podían convertirse en auténticos misterios que los jugadores resolvían mediante prueba y error.

El juego también facilita el seguimiento de nuestra aventura. El menú presenta los objetos y herramientas de manera mucho más limpia, con accesos para seleccionar pociones, el arco, el gancho y otros elementos sin complicaciones. Incluso podemos ocultar la interfaz para disfrutar de los escenarios sin indicadores en pantalla. A esto se suman el guardado manual y el guardado automático, dos opciones que permiten retomar la aventura con mayor comodidad.

Entre las novedades adicionales encontramos una sección dedicada a los enemigos, donde podemos enfrentarlos y poner a prueba nuestras habilidades. No es un añadido que transforme la experiencia, pero sí una actividad complementaria que permite volver a combatir contra criaturas que ya conocemos. También tenemos la posibilidad de utilizar el micrófono para tararear las melodías de la ocarina, una curiosidad que puede resultar más cómoda o divertida para algunos jugadores.

La integración con ZELDA NOTES añade otras funciones mediante la aplicación de Nintendo, como consultar registros de actividad y poner a prueba nuestros conocimientos sobre la aventura. Son características complementarias que pueden enriquecer la experiencia, pero no resultan indispensables. Si no utilizamos el micrófono o no queremos recurrir a la aplicación, podemos disfrutar del juego sin perder nada esencial.

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En cuanto a la duración, terminar la historia y completar buena parte de las actividades puede llevar alrededor de 25 horas, dependiendo de cuánto nos detengamos a explorar. Conseguir todos los coleccionables puede añadir otras cinco o diez horas. Es una aventura relativamente corta si la comparamos con los enormes mundos abiertos de los últimos Zelda, pero esa duración también juega a su favor: mantiene un ritmo más concentrado y evita que la experiencia se extienda innecesariamente.

Nintendo no necesitaba demostrar que Ocarina of Time era una obra extraordinaria

Técnicamente, The Legend of Zelda: Ocarina of Time es un espectáculo. La nueva presentación alcanza resoluciones de hasta 4K y funciona a 60 cuadros por segundo en Nintendo Switch 2. Los tiempos de carga son muy reducidos y aparecen principalmente cuando cambiamos de secciones o entramos en determinados espacios. Durante nuestra partida, el rendimiento se mantuvo estable y no encontramos problemas que afectaran el desarrollo de la aventura.

Hay algunos detalles visuales que llegamos a notar, especialmente pequeños artefactos alrededor del cabello de ciertos personajes. Podrían estar relacionados con técnicas de reconstrucción de imagen o procesamiento. En cualquier caso, son detalles menores que difícilmente distraen durante la partida y que no impiden disfrutar de una presentación sobresaliente.

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Lo más importante es que Nintendo no perdió de vista lo que hacía especial al original. Los cambios en los controles, la cámara, las escenas y el apartado audiovisual no buscan convertir la aventura en algo completamente distinto. Todo está pensado para que podamos recorrer Hyrule de una manera más cómoda, disfrutar de sus personajes y descubrir una historia que sigue teniendo fuerza casi 30 años después.

Ocarina of Time es una aventura que resistió el paso del tiempo, aunque eso no significa que todos sus elementos sean perfectos. Hay trayectos que se sienten vacíos, algunos acertijos son sencillos y la dificultad podría ser mayor. Pero ninguna de esas limitaciones consigue opacar el trabajo que Nintendo hizo para reconstruir uno de los juegos más importantes de su historia.

Si lo jugaste en Nintendo 64 o en Nintendo 3DS, esta es una oportunidad extraordinaria para regresar a Hyrule y descubrir una versión que parece acercarse a todo aquello que imaginabas cuando eras niño. Y si nunca has jugado The Legend of Zelda, difícilmente podrías encontrar una mejor puerta de entrada a la franquicia.

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Estamos ante uno de los mejores remakes de los últimos años y uno de los candidatos más fuertes a juego del año de 2026. Nintendo no necesitaba demostrar que Ocarina of Time era una obra extraordinaria; eso ya lo había conseguido hace décadas. Lo que tenía que demostrar era que podía actualizarla sin quitarle su identidad. Y lo consiguió con una aventura que no solo merece volver a jugarse, sino que también nos recuerda por qué seguimos hablando de ella casi 30 años después.

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