Yoshi and the Mysterious Book cambia enemigos por curiosidad y encuentra una de las ideas más interesantes de Nintendo

Yoshi and the Mysterious Book cambia enemigos por curiosidad y encuentra una de las ideas más interesantes de Nintendo

No estamos ante un plataforma tradicional, pero sí ante una gran apuesta para Switch 2.

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Yoshi 01
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Coordinador Editorial Senior
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He jugado videojuegos desde que tengo memoria, apasionado de la tecnología y desde hace poco del comercio electrónico y los servicios de streaming. Soy un afortunado por ser parte del equipo de Xataka México y siempre dedico mi máximo esfuerzo en todas las publicaciones del sitio.

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Hay personajes dentro de Nintendo que parecen existir para una misión muy específica: experimentar. Mario normalmente carga con el peso de marcar el camino principal, Zelda reinventa estructuras enormes cada cierto tiempo y otras franquicias sirven para construir géneros completos. Yoshi, en cambio, siempre ha ocupado un lugar muy curioso dentro de la compañía. A pesar de aparecer constantemente en juegos, spin-offs y prácticamente cualquier celebración de Nintendo, la realidad es que sus aventuras propias llegan con menos frecuencia y cuando aparecen suelen aprovechar esa libertad para intentar algo distinto.

Pasó hace décadas con Yoshi’s Island, un juego que tomó la estructura tradicional de Mario y decidió romper varias de sus reglas. También ocurrió en otros proyectos posteriores donde Nintendo parecía utilizar a Yoshi como una especie de laboratorio creativo para probar mecánicas o ritmos distintos. Ahora, con Yoshi and the Mysterious Book, vuelve a sentir esa misma intención. Desde sus primeros minutos deja claro que no estamos frente a plataformas tradicionales que muchos podrían imaginar. Aquí no se trata de correr hacia una meta, derrotar enemigos y superar obstáculos cada vez más complejos. Su propuesta es completamente distinta y encuentra su personalidad a través de algo mucho más extraño: la curiosidad.

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La premisa también deja claro desde el inicio el tipo de aventura que Nintendo quiere construir. Todo comienza en la isla de los Yoshis, donde todos los personajes de colores conviven tranquilamente hasta que un enorme libro cae literalmente del cielo. Ese libro es el Profesor Leo, un libro parlante que llega con un problema muy particular: sus páginas están llenas de criaturas, misterios y personajes que necesitan descubrirse, pero él no puede hacerlo por sí mismo. Su única alternativa es pedir ayuda a Yoshi, quien deberá entrar a las páginas del libro para entender qué ocurre dentro de ese mundo.

Desde el planteamiento todo parece una especie de cuento infantil interactivo y justamente ahí está gran parte de su encanto. Nintendo construye una historia extremadamente sencilla, pero muy efectiva, donde la narrativa y el gameplay dependen directamente uno del otro. Lo interesante es que el objetivo nunca se convierte en llegar rápidamente al final de un escenario. Más bien, el juego transforma cada página en una invitación constante para observar, experimentar y hacerse preguntas, porque aquí avanzar importa menos que descubrir.

Un plataformas donde el verdadero reto es aprender a observar

La primera gran sorpresa llega rápidamente y rompe una expectativa muy importante. Yoshi and the Mysterious Book prácticamente elimina la idea tradicional de enemigos dentro de un juego de plataformas. Sí existen ciertos obstáculos, situaciones específicas y personajes con comportamientos particulares, pero este no es un juego construido alrededor del combate o de superar amenazas constantes. Su estructura funciona de manera muy distinta y desde los primeros minutos queda claro que Nintendo quiere que el jugador cambie por completo su manera de acercarse a la aventura.

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El juego se divide por capítulos y cada uno contiene distintas secciones relativamente pequeñas que funcionan como espacios de exploración. No estamos frente a niveles gigantescos ni recorridos largos al estilo Mario Wonder o Donkey Kong. Son áreas mucho más contenidas, diseñadas específicamente para observar detalles y experimentar con cada objeto o criatura que aparece en pantalla. Ese enfoque hace que el ritmo cambie por completo, porque el objetivo deja de ser avanzar rápidamente y pasa a convertirse en descubrir cómo funciona cada rincón del escenario.

Yoshi mantiene prácticamente todas las habilidades clásicas que lo han acompañado durante años. Puede saltar, mantenerse flotando algunos segundos, utilizar el sentón, tragar objetos, convertir algunos elementos en huevos y lanzarlos. Lo interesante es que aquí esas herramientas tienen una función completamente distinta. Ya no existen únicamente para abrir caminos o eliminar enemigos; sirven principalmente para investigar y entender cómo reacciona el mundo que nos rodea.

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Supongamos que encontramos una especie de girasol caminando tranquilamente por el escenario. El juego jamás explica directamente qué hacer con él. Entonces comienzan las preguntas: ¿puedo tragármelo?, ¿puedo cargarlo?, ¿qué sucede si lo convierto en huevo?, ¿qué pasa si lo llevo al agua?, ¿reacciona distinto si utilizo el sentón?, ¿ocurre algo si lo acerco a otro objeto? Lo más interesante es que muchas veces las respuestas terminan siendo mucho más elaboradas o absurdas de lo esperado.

Después de algunos minutos sucede algo muy curioso y es que empiezas a probar cosas simplemente porque sí. Dejas de pensar bajo una lógica tradicional de videojuego y comienzas a experimentar con ideas cada vez más extrañas, porque el propio juego te enseñó que incluso las ocurrencias más absurdas pueden terminar generando una reacción inesperada. Ahí es donde Yoshi and the Mysterious Book encuentra una identidad muy especial, porque deja de sentirse como un plataformas clásico y comienza a convertirse en una especie de laboratorio interactivo donde el premio principal no es terminar rápido una página, sino descubrir algo nuevo.

El libro convierte cada descubrimiento en parte de la aventura

La gran idea detrás del Profesor Leo funciona sorprendentemente bien porque convierte cada descubrimiento en una pieza narrativa y jugable al mismo tiempo. Conforme interactuamos con criaturas, plantas o cualquier elemento importante, el libro comienza a registrar información y construir una especie de enciclopedia viva que se alimenta directamente de nuestras acciones. Poco a poco vamos descubriendo comportamientos, reacciones y características nuevas que alimentan tanto la historia como el progreso.

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Algunas criaturas reaccionan distinto dependiendo si entran en contacto con agua, otras cambian con el viento y otras más responden a golpes o situaciones muy específicas. Lo interesante es que el juego constantemente invita a seguir investigando y rara vez entrega respuestas inmediatas. Las estrellas funcionan como recompensa principal y permiten abrir nuevos capítulos, mientras que ciertas monedas especiales sirven para desbloquear pistas que ayudan cuando sentimos que ya agotamos nuestras ideas.

Sin embargo, Nintendo vuelve a demostrar aquí lo bien que entiende este tipo de estructuras. Las pistas nunca solucionan directamente el misterio ni eliminan la satisfacción de descubrir las cosas por cuenta propia. Funcionan más como pequeños empujones que ayudan a cambiar la perspectiva y seguir explorando posibilidades. El objetivo sigue siendo el mismo: mantener viva la curiosidad y permitir que el jugador llegue a sus propias conclusiones.

La variedad también sorprende constantemente. Existen flores musicales donde cada interacción genera notas distintas, grupos de abejas que reaccionan dependiendo de nuestro comportamiento y criaturas capaces de ayudarnos a movernos por tierra, por aire o incluso interactuar con otros objetos del escenario. Conforme avanzamos aparecen nuevas formas de explorar y nuevos comportamientos que terminan cambiando completamente la forma de acercarnos a cada capítulo.

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Además, una vez que descubrimos ciertas criaturas, el juego nos permite ponerles nombre o elegir entre distintas sugerencias. Ahí también aparece otro detalle que Nintendo trabaja muy bien: la adaptación latinoamericana. Los juegos de palabras y pequeños chistes encajan perfectamente con el tono relajado de la aventura y ayudan a construir personalidad para cada personaje. Son detalles pequeños, pero terminan aportando muchísimo encanto a una experiencia que constantemente quiere sentirse cercana y divertida.

Nintendo vuelve a demostrar que el arte sigue siendo su mejor herramienta

Hay algo que Nintendo lleva años demostrando y Yoshi and the Mysterious Book vuelve a reforzarlo perfectamente: la potencia gráfica jamás ha sido su principal arma y tampoco parece necesitarla. Visualmente estamos frente a uno de esos juegos que desde el primer momento encuentran una identidad tan clara que resulta difícil no quedarse observando pequeños detalles del escenario o de las criaturas que aparecen constantemente.

La dirección artística transmite completamente la sensación de encontrarnos dentro de un cuento interactivo. Todo parece diseñado con muchísimo cuidado y personalidad. Los escenarios tienen movimiento, las criaturas cuentan con animaciones muy expresivas y cada página logra sentirse diferente a la anterior. Más allá de especificaciones técnicas o comparaciones visuales, Nintendo vuelve a demostrar que entiende perfectamente cómo utilizar el arte para construir mundos memorables.

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La música también acompaña perfectamente la propuesta. Toda la banda sonora tiene esa sensación de cuento relajado y funciona como una extensión natural del ritmo pausado que propone la aventura. Nunca busca generar tensión innecesaria ni convertir la experiencia en algo apresurado. Al contrario, constantemente transmite tranquilidad y acompaña perfectamente esa filosofía donde observar y experimentar son mucho más importantes que correr.

Ese ritmo relajado también se convierte en uno de los mayores aciertos del juego. Yoshi and the Mysterious Book jamás intenta castigar demasiado ni generar ansiedad constante por avanzar. La experiencia permite entrar, descubrir algunas páginas, experimentar un poco y simplemente continuar cuando el jugador quiera hacerlo. Existe una sensación permanente de prueba y error, pero nunca desde la frustración, sino desde la curiosidad genuina por descubrir qué otra cosa podría pasar.

La curiosidad como principal premio

Yoshi and the Mysterious Book probablemente no será el plataformas que muchos esperan encontrar. Quienes lleguen buscando una experiencia tradicional al estilo Mario, Donkey Kong o incluso otras aventuras anteriores del propio personaje podrían sorprenderse al descubrir algo mucho más pausado y experimental. Sin embargo, esa decisión termina convirtiéndose precisamente en una de sus mayores fortalezas, porque Nintendo vuelve a utilizar a Yoshi para hacer algo que pocas compañías siguen intentando actualmente: probar ideas nuevas.

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Lo interesante es que el juego nunca busca medir reflejos extremos, precisión o dificultad tradicional. En realidad quiere poner a prueba algo mucho más extraño dentro del medio y es la curiosidad del jugador. Conforme pasan las horas comienza a aparecer una sensación muy particular donde simplemente surge la necesidad de preguntarse qué ocurriría si probamos una idea aparentemente absurda, y para sorpresa de muchos, el juego casi siempre responde con algo inesperado.

Tal vez Nintendo solo haga algo así una vez y quizá este experimento jamás vuelva a repetirse exactamente igual. Sin embargo, si algo sigue demostrando después de tantos años es que pocas compañías entienden tan bien cómo transformar ideas extrañas en experiencias que solamente ellas saben hacer. Y Yoshi and the Mysterious Book termina siendo justamente eso: uno de esos juegos raros que nadie esperaba explicar fácilmente, pero que una vez en las manos simplemente funcionan.


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