Una cuerda, un trozo de madera y un reloj de arena: así nació la forma de medir la velocidad de los barcos

La historia se remonta al siglo XV

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Adolfo Reséndiz

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Adolfo Reséndiz

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Periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y técnico mecánico automotriz CEDVA. Me gusta el rap, comer asado argentino y manejar por carretera los fines de semana. Mis autos favoritos son el Alfa Romeo Carabo, Lancia Stratos Zero y Porsche 917 K70.

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Durante siglos, los marineros calcularon la velocidad de un barco con algo que hoy parecería demasiado simple para una tarea tan importante. Bastaban una cuerda, una pieza de madera y un reloj de arena. De ese método nació una de las unidades de velocidad que todavía usamos en el mar y en la aviación. El nudo, equivalente a cerca de 1.85 kilómetros por hora, tiene detrás una historia mucho más artesanal de lo que podría parecer.

La historia se remonta al siglo XV, cuando los primeros grandes veleros hicieron necesario conocer la velocidad de una embarcación lejos de cualquier referencia terrestre. En alta mar no había señales, carreteras ni puntos fijos que permitieran calcular cuánto avanzaba un barco. Los marineros necesitaban una forma práctica de obtener ese dato con los recursos disponibles a bordo. La respuesta fue la corredera, un instrumento tan sencillo como ingenioso.

Barco Velocidad Como Calcular El nudo, equivalente a cerca de 1.85 kilómetros por hora.

La corredera original tenía una pieza de madera conocida como barquilla. Esta pieza quedaba atada al extremo de una cuerda larga que permanecía enrollada en un carrete. El cabo tenía marcas hechas con nudos a intervalos regulares. La separación habitual era de una braza, equivalente a cerca de 1.67 metros. La madera se lanzaba al agua desde la popa y ofrecía resistencia, mientras el barco avanzaba y dejaba salir la cuerda.

El tiempo también tenía que medirse con precisión. Para ello, otro marinero utilizaba un reloj de arena con un intervalo cercano a 30 segundos. Durante ese lapso se dejaba salir la cuerda y se contaban los nudos que pasaban por la mano. Si durante esos 30 segundos aparecían diez nudos, la lectura indicaba una velocidad de diez nudos. El procedimiento podía repetirse varias veces durante el día para obtener un promedio más confiable.

Así surgió una unidad cuyo nombre tiene una relación directa con aquel sistema. El nudo no nació de una fórmula creada en un laboratorio. Su origen está en los nudos físicos que marcaban la cuerda de la corredera. La idea era convertir una distancia y un periodo de tiempo en una medida que los marineros pudieran leer de forma rápida. Con el paso de los siglos, aquella solución práctica terminó por convertirse en una referencia internacional para la velocidad marítima.

La diferencia con los automóviles resulta curiosa. En carretera hablamos de kilómetros por hora porque esa medida forma parte de la vida cotidiana de los vehículos terrestres. En el mar, la tradición náutica conservó los nudos. La equivalencia actual permite entenderlos con facilidad. Un nudo representa cerca de 1.85 kilómetros por hora. Así, una embarcación que viaja a 25 nudos alcanza aproximadamente 46 kilómetros por hora. La misma unidad también aparece con frecuencia al hablar de la velocidad del viento.

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El origen de la escala de Beaufort

Ahí entra la escala de Beaufort, utilizada para describir la intensidad del viento a partir de sus efectos sobre el mar y el entorno. La escala va desde la calma, con menos de un nudo, hasta el temporal huracanado, con más de 64 nudos. Entre ambos extremos aparecen categorías como ventolina, brisa muy débil, brisa débil, brisa moderada, brisa fresca y brisa fuerte. También existen niveles de temporal con velocidades mayores. Desde 1944 se añadieron los grados 13 al 17 para casos muy específicos relacionados con ciclones y huracanes de gran intensidad.

La vieja corredera de madera no desapareció de inmediato. El principio permaneció vigente durante siglos y todavía llegó a la Marina de Estados Unidos en 1917 para algunos de sus buques. Después aparecieron instrumentos capaces de ofrecer mediciones más rápidas y precisas. La corredera electromagnética, por ejemplo, utiliza la presión del agua para calcular la velocidad. Un tubo situado bajo la quilla registra la presión dinámica y la presión hidrostática. Un sistema receptor transforma esos datos en una lectura expresada en nudos.

La tecnología actual llevó este concepto todavía más lejos. Las correderas Doppler aprovechan el efecto Doppler, relacionado con el comportamiento de las ondas sonoras, para determinar la velocidad de las embarcaciones. A esto se sumaron el radar y los sistemas de posicionamiento por satélite, además de tecnologías como Decca y Loram. La navegación moderna poco tiene que ver con aquel marinero que vigilaba una cuerda y un reloj de arena. Sin embargo, cada vez que un capitán habla de nudos, aquella vieja solución sigue presente. Una medida que hoy parece parte de la tecnología naval nació de algo tan cotidiano como hacer nudos en una cuerda.

Imagen | Wikipedia

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