Un nuevo sistema enzimático denominado RT asociado a matrices (ART) fue descubierto por agentes de inteligencia artificial de Anthropic. Claude analizó millones de secuencias genéticas y, en menos de un día, logró identificar, en virus que infectan bacterias, un patrón de ADN repetitivo que la firma señaló “es muy similar al de CRISPR”. Este hallazgo representa el primer gran logro del nuevo laboratorio de biología de la compañía, en el que un equipo de científicos humanos validó los resultados obtenidos por la IA.
¿Cómo descubrió Claude el patrón?
Claude descubrió el sistema ART (array-associated reverse transcriptases) de forma autónoma a través de una campaña de minado genómico en la que la intervención de los investigadores humanos se limitó únicamente al prompt inicial. The Next Web explica que se asignó a Claude la consigna de buscar nuevas transcriptasas inversas (RT) no caracterizadas dentro de una base de datos con 1.900 millones de clústeres de proteínas.
Durante 21,5 horas continuas sin intervención humana, aproximadamente 950 agentes de IA basados en el modelo Claude Mythos 5 ejecutaron la búsqueda utilizando 210 millones de tokens. Según recoge Interesting Egineering, “los agentes recogieron más de 200.000 transcriptasas inversas, identificaron unos 3.500 sistemas candidatos y finalmente redujeron el campo a 20 candidatos. Anthropic dijo que este tipo de trabajo de minería genómica podría llevar semanas o meses a un científico experto”.
Los agentes trabajaron en parejas: mientras un agente planificaba y ejecutaba la tarea, un segundo agente la revisaba. Un agente que examinaba una familia inusual de RT en el ADN se dispuso a analizar directamente las secuencias y terminó por identificar “a ojo” un patrón inusual de repeticiones en tándem que nadie había advertido antes.
¿En qué se diferencia del CRISPR tradicional?
Aunque el sistema ART (array-associated reverse transcriptases) comparte con el CRISPR tradicional la presencia de una matriz de repeticiones de ADN que se transcribe en pequeñas moléculas de ARN, existen diferencias fundamentales en su composición molecular y su origen.
El CRISPR tradicional opera junto a genes y proteínas que actúan como "tijeras moleculares" para cortar el ADN. En el sistema ART no existen genes cas (CRISPR-associated genes) en las cercanías de la matriz. En cambio, funciona más como una enzima especializada en copiar ARN para convertirlo en ADN. Aunque se ha verificado en laboratorio que la matriz de ART produce pequeños ARN, aún no se ha demostrado la función biológica exacta del sistema ni la actividad directa de la enzima.
Así que, hasta el momento, la utilidad del sistema ART se analiza en dos niveles: su función biológica real y sus potenciales aplicaciones biotecnológicas. La primera es, por ahora, desconocida.
Acelerar la investigación
Más prometedor es su potencial para herramientas de edición genética. Aunque su función nativa no se ha determinado, ART reúne una combinación de características que solo se ha encontrado en un puñado de sistemas moleculares conocidos. Todos esos otros sistemas son programables y ejecutan operaciones directas sobre el ADN como cortar, copiar o pegar material genético.
Pero incluso si no fuera así, más allá de su aplicación molecular, ART sirve como prueba de concepto de que agentes de IA autónomos pueden minar bases de datos genómicas masivas, detectar anomalías biológicas inadvertidas por humanos y generar hipótesis científicas novedosas para acelerar la investigación médica y biológica. El proceso demuestra la capacidad de la IA para acelerar drásticamente la investigación científica al detectar anomalías que suelen pasar desapercibidas para los expertos humanos.
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