Nissan ya pidió ayuda a México y lanzó una advertencia: sin incentivos, su operación a largo plazo está en riesgo

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Adolfo Reséndiz

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Adolfo Reséndiz

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Periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y técnico mecánico automotriz CEDVA. Me gusta el rap, comer asado argentino y manejar por carretera los fines de semana. Mis autos favoritos son el Alfa Romeo Carabo, Lancia Stratos Zero y Porsche 917 K70.

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Rodrigo Centeno, presidente y CEO de Nissan Mexicana, no se guardó nada. En entrevista con El Economista, el directivo confirmó que la compañía ya tocó las puertas de la Secretaría de Hacienda y de la Secretaría de Economía para pedir ayuda urgente. El mensaje fue directo: sin incentivos fiscales, la operación de Nissan en México es inviable a largo plazo.

Los aranceles del 25% impuestos por Donald Trump a las importaciones de vehículos fabricados en México le han costado a la armadora japonesa entre 1,000 y 1,200 millones de dólares. No es una cifra abstracta. Es dinero real que Nissan ya tuvo que desembolsar para no trasladar el golpe completo a los precios o a los empleados. Pero esa estrategia tiene fecha de caducidad.

Nissan Civac Cierre Morelos Mexico Nissan en la extinta fábrica de CIVAC en Morelos, México.

Lo que Nissan le pide al gobierno mexicano no es un cheque en blanco. Centeno habló de esquemas concretos: deducibilidad de inversiones o gastos, amortización acelerada y apoyos para compensar costos laborales. En pocas palabras, herramientas fiscales que otros países ya usan para proteger a sus industrias en tiempos de turbulencia comercial. México, por ahora, no las ha ofrecido.

La presión sobre la planta de Aguascalientes es tan intensa que la empresa contempla la eliminación de un turno completo de trabajo. Eso equivale a entre 1,800 y 2,000 empleos directos en riesgo, sin contar los puestos indirectos que dependen de la cadena de suministro. "Estamos preparados para tomar esas decisiones en los próximos meses", advirtió Centeno con una claridad que no deja mucho espacio para la interpretación.

Las exportaciones ya acusan el golpe. Según el INEGI, las ventas de Nissan al mercado estadounidense cayeron 27.1% en el primer trimestre del año. Modelos como el Sentra y el Kicks, que antes salían de Aguascalientes con destino a concesionarios de Estados Unidos, ahora se acumulan o simplemente no se producen en los mismos volúmenes. La empresa ya trabaja en la reasignación de la producción de la Frontier para compensar, pero el margen de maniobra es estrecho.

Lo que hace más interesante —y más preocupante— este escenario es el contexto global de Nissan. La armadora japonesa atraviesa una crisis financiera a nivel mundial, con recortes y reestructuraciones en varios mercados. Aun así, México es la cuarta operación más importante de la compañía en el mundo, en términos comerciales, de manufactura e ingeniería. Nissan produce aquí más para el mercado local que cualquier otra armadora: el 85% de los autos que vende en el país son de fabricación nacional. Perder eso no sería solo un problema mexicano.

Ceo Nissan Ivan Espinoza Mexico Iván Espinosa, CEO de Nissan.
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El plan eléctrico de Nissan en México está en pausa

Entre las bajas más silenciosas de esta crisis arancelaria está el futuro eléctrico de Nissan en México. Los planes para fabricar vehículos electrificados en el país quedaron en pausa. Centeno lo confirmó sin rodeos: la incertidumbre actual hace imposible comprometer inversiones de ese tamaño. México se queda así fuera de una conversación industrial que definirá las próximas décadas de la industria automotriz global.

La ironía del momento es que Nissan no pide un trato de favor. Pide condiciones similares a las que enfrenta Japón, que exporta autos a Estados Unidos con un arancel del 15% y sin las obligaciones de contenido regional que impone el T-MEC. México, que en teoría tiene un tratado comercial preferencial con Washington, termina en peores condiciones que un país sin acuerdo. Esa paradoja es la que el gobierno de Sheinbaum debe resolver con urgencia.

El reloj corre. Nissan fijó una meta de 600,000 unidades para el año fiscal 2026, una cifra ambiciosa que contrasta con el estado actual de la operación. La empresa quiere quedarse en México, invertir y crecer. Pero sin una respuesta del gobierno en los próximos meses, las decisiones difíciles llegarán solas, y los primeros en sentirlo serán los miles de trabajadores de Aguascalientes que hoy no saben si mañana habrá turno.


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