Quería demostrar que un barco podía vivir del Sol. Construyó un yate de 11 metros y navegó casi 5 mil kilometros para probarlo

Diseño propio, una construcción sencilla y una apuesta por reducir el consumo de energía

Yate Electrico Finlandia
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Adolfo Reséndiz

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Adolfo Reséndiz

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Periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y técnico mecánico automotriz CEDVA. Me gusta el rap, comer asado argentino y manejar por carretera los fines de semana. Mis autos favoritos son el Alfa Romeo Carabo, Lancia Stratos Zero y Porsche 917 K70.

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Lukas Sjöman tenía una idea que podía parecer poco práctica hasta que decidió ponerla a prueba en el agua. El constructor naval finlandés fabricó desde cero un yate de 11 metros con una meta muy concreta. Quería comprobar cuánto podía avanzar una embarcación si el Sol era la principal fuente de energía. El resultado fue un viaje de más de 3,000 millas náuticas, casi 5,000 kilómetros, con paneles solares, baterías y propulsión eléctrica en lugar del combustible que durante décadas ha sido la opción habitual para navegar.

La parte más llamativa del proyecto no está sólo en la distancia. También está en el presupuesto. Sjöman construyó el yate con un costo aproximado de 20,000 dólares. Esa cifra queda muy lejos de los presupuestos que suelen acompañar a los grandes proyectos de barcos eléctricos o solares. Aquí no hubo una embarcación experimental de millones de dólares. Hubo un diseño propio, una construcción sencilla y una apuesta por reducir el consumo de energía desde la base. El objetivo era demostrar qué puede hacer la tecnología cuando el barco necesita muy poca electricidad para avanzar.

Yate Finlandia Electrico Quería comprobar cuánto podía avanzar una embarcación si el Sol era la principal fuente de energía.

El yate fue concebido alrededor de una idea que también aparece en los autos eléctricos. La eficiencia importa tanto como la cantidad de energía disponible. Los paneles solares producen electricidad durante el día y parte de esa energía pasa a las baterías. Cuando hace falta propulsión, el sistema eléctrico toma energía de las baterías para mover la embarcación. La misma reserva también debe cubrir las necesidades de navegación y otros equipos a bordo. No existe un tanque que se pueda llenar en pocos minutos. La energía disponible depende del Sol y de una administración muy cuidadosa.

Ahí aparece una de las claves del proyecto. Un motor convencional puede consumir una gran cantidad de combustible durante periodos cortos y obtener energía de una fuente con alta densidad energética. Los paneles solares no tienen esa capacidad. Por eso, un barco solar necesita otra estrategia. El casco debe ser ligero, la resistencia al avance debe mantenerse baja y el motor eléctrico debe aprovechar cada unidad de energía. Es parecido a intentar cruzar una ciudad con un auto que tiene una batería pequeña. La velocidad y el peso dejan de ser detalles para convertirse en factores decisivos.

El viaje de más de 3,000 millas náuticas puso esa idea frente a una prueba mucho más exigente que cualquier recorrido corto. La embarcación necesitó cubrir largas distancias con la energía disponible en las baterías y con la electricidad que los paneles podían aportar durante el día. La navegación también exige energía para sistemas que no tienen relación directa con el motor. Cada decisión sobre el consumo cuenta cuando no existe una gasolinera al siguiente kilómetro. El trayecto mostró que una embarcación pequeña puede recorrer distancias considerables si mantiene bajo el gasto energético.

El proyecto también permite entender por qué la energía solar tiene una oportunidad más clara en barcos pequeños que en embarcaciones de gran tamaño. Un crucero, un carguero o un ferry necesita cantidades enormes de energía y no dispone de una superficie solar suficiente para cubrir toda esa demanda. En un yate ligero, la relación cambia. Hay menos peso, menor consumo y una superficie que puede recibir paneles solares. Eso no convierte a la energía solar en una solución universal, pero sí demuestra que existen casos donde puede tener sentido reducir de forma drástica la dependencia de combustibles fósiles.

Electrico Yate Finlandia Yate eléctrico de Lukas Sjöman.

El resultado no pretende competir con un barco convencional en velocidad o capacidad

El costo de unos 20,000 dólares añade otra dimensión al experimento. Sjöman no sólo quiso probar una forma distinta de propulsión. También mostró que la exploración de la navegación eléctrica no necesariamente requiere presupuestos inalcanzables para una persona común con conocimientos de construcción naval. La fabricación desde cero permitió adaptar el diseño al objetivo energético y evitar parte de los costos asociados con embarcaciones comerciales especializadas. El resultado no pretende competir con un barco convencional en velocidad o capacidad. La apuesta está en demostrar cuánto puede lograrse cuando la eficiencia se convierte en la prioridad.

El yate de Lukas Sjöman tampoco demuestra que los paneles solares estén listos para sustituir al diésel en todos los barcos. El clima puede limitar la generación eléctrica. Las baterías agregan peso y tienen una capacidad determinada. Un viaje con poca luz solar plantea retos que una embarcación con combustible puede resolver con una simple recarga. Pero después de casi 5,000 kilómetros, queda una idea difícil de ignorar. Para ciertos barcos pequeños, la pregunta ya no es si el Sol puede moverlos, sino cuánto puede reducirse el consumo cuando todo el diseño se construye alrededor de la eficiencia. Y esa puede ser una lección mucho más valiosa que el propio viaje.

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