Es una de las canciones más bellas en la historia del cine: la compuso hace 58 años un artista legendario y conmovió a millones de espectadores

Sin más, es una de las piezas musicales más legendarias  jamás hechas

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

1888 publicaciones de Ismael Garcia Delgado

En medio del Viejo Oeste estadounidense la arena y el polvo se eleva ante la llegada de un tren. Entre el cúmulo de pasajeros que descienden se encuentra Claudia Cardinale. En el corazón de un pequeño pueblo en construcción, camina sobre el andén con maleta en mano, mira el reloj de la estación: nadie vino a buscarla.

Entre planos generales, la cámara de Sergio Leone sigue a Cardinale hasta elevarse en el horizonte. En ese mismo instante, comienza a sonar una de las canciones más bellas en la historia del cine. Una pieza musical que ha conmovido a millones de espectadores y fue compuesta hace 58 años por un legendario artista: Ennio Morricone.

Estrenada en 1968, Érase una vez en el Oeste se ha convertido en una de las películas imprescindibles de la industria cinematográfica y uno de los mejores clásicos del western. En ella, Leone nos regala increíbles e hipnóticas secuencias, pero llevadas a otro nivel gracias a la mítica música del maestro.

Esta composición, conocida como el Tema de Jill, no solo es uno de los grandes fuertes de la película, sino también uno de sus mayores atractivos. Sin más, este majestuoso himno es tan extenso y rico que es capaz de cautivar a nuevas audiencias y consagrarse entre las bandas sonoras más bellas jamás hechas.

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Si lo desmenuzamos, la relevancia de esta composición se da gracias al contexto de la misma escena. La llegada de Jill al pueblo representa algo diferente al resto de personajes: no es un pistolero ni un forajido, sino la figura que encarna la llegada de la civilización y el futuro del Oeste. 

Por esta razón, la música resulta mucho más lírica que los temas asociados a instrumentos como la harmónica. Uno de los rasgos más distintivos del tema es la voz de Edda Dell'Orso. Aquí, Morricone utilizó una soprano sin letra para transmitir emociones puras.

Y aunque hay quienes la consideran una melodía romántica, muchos críticos la interpretan como el tema de la transformación histórica del Oeste. Mientras los personajes masculinos representan un mundo violento que comienza a desaparecer, Jill simboliza el futuro: el ferrocarril, los asentamientos y la vida civilizada.

Por si fuera poco, el mismo Leone reconoció la gran virtud que representa la música dentro del cine. En especial la compuesta por su amigo y habitual colaborador, Morricone. Al respecto, como recuperan en AZ Quotes, el cineasta reconoció que, a pesar de ser duro con el compositor, sabía exactamente lo que quería: 

"La música de Morricone es indispensable para mí. Siempre he sentido que la música es más expresiva que el diálogo. Siempre he dicho que mi mejor dialoguista y guionista es Ennio Morricone. Porque, muchas veces, una nota o una orquestación son más importantes que una línea de diálogo".

Si gustas disfrutar de esta emblemática película y su respectiva banda sonora igualmente icónica, te recordamos que puedes encontrar Érase una vez en el Oeste -también titulada Hasta que llegó su hora- a través de Netflix

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